15 ene. 2015

¡Un Feliz Encuentro!

Christoph Willibald Gluck
“Don Juan es el primer ballet de este género, un regreso a la pantomima de los antiguos. Es la representación danzada de un drama, así como la ópera es la representación cantada”. 
Así se expresaba Christoph Willibald Gluck en el prefacio que acompañó a la partitura de este maravilloso ballet.
Después de viajar por París y Londres, Gluck, finalmente se establece en Viena, ocupando el puesto de maestro de capilla. Durante el año de 1761, tiene lugar el feliz encuentro entre nuestro compositor y Ranieri de Calzabigi, poeta y libretista italiano, aventurero y literato que, nutrido de la cultura clásica, escribiría el libreto de la primera gran ópera del compositor: “Orfeo y Euridice”, obra basada en el famoso mito de la antigüedad a través de episodios de la “Metamorfosis” de Ovidio y las “Geórgicas” de Virgilio. Pues bien, el germen del nuevo estilo llevado a esta ópera por Gluck  y que fue presentada en 1762, ya se halla en la música que fue escrita por el propio compositor un año antes para el ballet Don Juan. Hay muy poco en Orfeo que no esté implícito y aun explícito en este ballet que ya contiene, por ejemplo, la frase al unísono que habría de convertirse en el “Coro de las Furias” del Orfeo. Por tanto, sin lugar a dudas, podemos considerar Don Juan como la primera de las obras maestras de Gluck.


Ballet "Don Juan"
The English Baroque Soloists.
John Eliot Gardiner, director.

Si el Orfeo causó una revolución en el campo de la ópera, la música de Gluck, para el Don Juan, operó un fenómeno similar en el reino del ballet que durante el siglo dieciocho había degenerado en un arte casi simplemente acrobático. Con la reforma de Gluck, el ballet se convirtió en una pantomima cuyo propósito era el de expresar la tragedia y la pasión.