18 mar 2026

¡Velad!

Leipzig, 25 de noviembre de 1731. El 27º domingo después de la Trinidad era una rareza en el calendario litúrgico, y Bach lo sabía. La iglesia de Santo Tomás se llenaba de fieles mientras el frío otoñal anunciaba el Adviento. Las lecturas del día marcaban el tono. La Epístola: 1 Tesalonicenses 5:1-11 — “Velad y sed sobrios.” y el Evangelio: Mateo 25:1-13 — la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias.
El mensaje era claro: vigilancia y esperanza. Bach lo tradujo en sonido con la cantata BWV 140 – Wachet auf, ruft uns die Stimme, basada en el himno de Philipp Nicolai.
El coro inicial se abre con una estructura coral en forma de ritornello, donde las cuerdas y el continuo establecen un tejido rítmico constante, casi como un reloj espiritual que marca la urgencia del texto. El tema coral aparece en la soprano, sostenido en valores largos, mientras las voces inferiores y la orquesta desarrollan contrapuntos imitativos que generan tensión y movimiento.
En el cuarto movimiento, Zion hört die Wächter singen, Bach despliega una melodía coral en el tenor, acompañada por un obbligato de violín que serpentea con gracia, creando un diálogo entre la voz humana y la línea instrumental. Aquí se percibe la técnica del cantus firmus, donde el coral se mantiene estable mientras la textura circundante fluye con libertad.
Los duetos (movimientos 3 y 6) son joyas de escritura concertante: soprano y bajo entrelazan líneas melódicas en imitación invertida, sobre un bajo continuo que sostiene la armonía. La tonalidad se mueve con suavidad entre modulaciones diatónicas, reforzando la sensación de intimidad y unión mística.
Cada movimiento traduce el texto en afectos:
Coro inicial: urgencia y expectación, con ritmos punteados y armonías brillantes.
Duetos: intimidad, con líneas melódicas que evocan el diálogo entre el alma y Cristo.
Coral final: cierre majestuoso, con armonía plena y resonancia casi arquitectónica.

"Cantata de Bach BWV 140_Wachet auf, ruft uns die Stimme"
The Amsterdam Baroque Orchestra
Hannover Knabenchor
Ton Koopman, director.

12 mar 2026

Ernest Chausson

Ernest Chausson nació en París el 20 de enero de 1855, en el seno de una familia acomodada que le permitió dedicarse a lo que realmente amaba: la música. Aunque al principio, siguiendo los deseos de su familia, estudió Derecho, su sensibilidad artística lo llevaba una y otra vez a los salones parisinos donde la música, la pintura y la literatura se mezclaban en efervescencia creativa.
A los 24 años decidió dar el salto definitivo y se inscribió en el Conservatorio de París, donde fue alumno de dos figuras fundamentales: Jules Massenet, quien alentó su lirismo elegante, y César Franck, que marcaría su vida musical con una profunda influencia espiritual, armónica y estructural.
Chausson nunca fue un compositor prolífico; prefería pulir cada obra con una dedicación extrema, casi perfeccionista. Su carácter era sensible, introspectivo, y eso se siente en su música: densa, emotiva, de una melancolía nítida pero sin excesos.
A pesar de ser relativamente tímido, se relacionó con algunos de los grandes nombres de su época: Debussy, de quien fue amigo y mecenas ocasional; Fauré, Duparc, e incluso escritores como Mallarmé. Su casa en la Rue de Courcelles se convirtió en un punto de reunión de intelectuales y artistas.
Sin embargo, la vida de Chausson estuvo marcada por una especie de fatalismo interior que él mismo dejaba entrever en sus diarios. Esa sensación se volvió profética cuando, en 1899, a los 44 años, murió de forma accidental al caer de su bicicleta contra un muro en su propiedad de Limay. Su temprana muerte dejó al mundo con apenas unas cuarenta obras terminadas, pero de una calidad excepcional.
A pesar de su brevedad, la producción de Chausson dejó huellas profundas en la música francesa. Aquí tienes algunas de sus obras más representativas:
🎻 Poème, Op. 25 (1896)
Su obra más conocida. Un poema sinfónico para violín y orquesta que combina lirismo, oscuridad y una tensión emocional que se despliega con elegancia. Fue escrito para el violinista Eugène Ysaÿe, quien lo convirtió en un clásico del repertorio.

"Poème, Op. 25"
Christian Ferras, violín.
Orquesta Nacional de Bélgica.
G. Sebastian, director.

🎼 Sinfonía en Si bemol mayor, Op. 20 (1890)
Profundamente influida por la escuela de César Franck, está estructurada de forma cíclica y posee una fuerza dramática y espiritual poco común en la música francesa de la época.

"Sinfonía en Si bemol mayor, Op. 20"
Boston Symphony Orchestra.
Charles Munch, director.

🎤 Poème de l’amour et de la mer, Op. 19 (1882–1892)
Una cantata para voz y orquesta donde Chausson muestra su habilidad para unir poesía y música en un tejido expresivo delicado y arrebatador. La melancolía amorosa impregna toda la obra.

"Poème de l’amour et de la mer, Op. 19"
Victoria de los Angeles, soprano.
Orchestre de l"Association des Concerts Lamoureux.
Jean-Pierre Jacquillat, director.

🎹 Páginas para piano y música de cámara
Aunque menos conocidas, algunas joyas como las Piezas para piano Op. 2 o el Trío en Sol menor Op. 3 muestran un lenguaje melódico ya muy personal en su juventud.

"Trío para piano y cuerdas, Op. 3"
The Arden Trío:
Thomas Schmidt, piano. Suzanne Ornstein, violín.
Clay Ruede, violonchelo.

La música de Chausson quedó eclipsada durante algunos años tras su muerte, pero el siglo XX la recuperó gracias a intérpretes dedicados y a un creciente interés por la música francesa de fin de siglo. Hoy se lo reconoce como un puente esencial entre el romanticismo tardío y el impresionismo.
Su obra no es extensa, pero sí excepcional: cada pieza parece cargada de vida interior, como si en ella hubiese volcado sus dudas, sus nostalgias y sus intensos anhelos de belleza.

"Cuarteto para Piano en La mayor, Op 30_Très calme"
Richards Piano Quartet.

12 feb 2026

Henri Duparc

Henri Duparc (21 de enero de 1848, París, Francia - 12 de febrero de 1933, Mont-de-Marsan, Francia), fue un compositor francés cuya obra, aunque sorprendentemente breve, lo consolidó como uno de los grandes maestros de la mélodie francesa. Su vida artística estuvo marcada por una profunda sensibilidad musical y, también, por un silencio creativo prematuro que contribuyó a forjar la leyenda que lo rodea.
Nacido en París, Duparc estudió con César Franck, de quien heredó el gusto por la profundidad expresiva y la arquitectura musical cuidada. Aunque compuso piezas para piano y orquesta, es recordado casi exclusivamente por sus 17 mélodies, canciones para voz y piano que destacan por su refinamiento armónico, su intensidad emocional y el tratamiento casi sinfónico del acompañamiento. Obras como L’invitation au voyage, Phidylé o Extase se han convertido en pilares del repertorio vocal francés.

"Melodías"
Gérard Souzay, barítono.
Dalton Baldwin, piano.

A los 37 años, en el apogeo de su madurez artística, Duparc comenzó a sufrir una enfermedad neurológica —probablemente neurastenia o un trastorno obsesivo-compulsivo— que lo llevó a destruir gran parte de su música y a retirarse progresivamente de la composición. Este retiro forzado convirtió su pequeño catálogo en un tesoro aún más singular dentro de la historia musical.
El resto de su vida transcurrió en un silencio casi monacal, dedicado a la pintura, la lectura y la vida espiritual. Falleció en 1933 en Mont-de-Marsan, dejando tras de sí la paradoja de un compositor cuya fama se sostiene con apenas un puñado de obras, pero cuya influencia y belleza musical permanecen intactas.
Hoy, Duparc es celebrado como un creador que transformó la canción francesa en un vehículo de hondura artística, lirismo exquisito y emoción contenida. Su legado, aunque breve, es de los que perduran.