2 jun 2026

El músico del Imperio

Nacido en el pequeño pueblo de Broadheath, cerca de Worcester, Edward Elgar (2 de junio de 1857 – 23 de febrero de 1934) creció rodeado de partituras e instrumentos gracias a la tienda de música de su padre. Aunque mostró un talento innato desde niño, su origen humilde y su fe católica en la Inglaterra victoriana anglicana le impidieron acceder a una formación académica formal. De manera autodidacta, Elgar aprendió a tocar el violín, el órgano y a devorar manuales de composición mientras tocaba en agrupaciones locales y trabajaba como profesor de música para ganarse la vida.
Durante años, el reconocimiento le fue esquivo y su confianza flaqueaba, pero todo cambió al cumplir los treinta años cuando conoció a Caroline Alice Roberts, una de sus alumnas. A pesar de la oposición de la adinerada familia de ella, se casaron en 1889. Alice se convirtió en su mayor apoyo, su mánager y la fe que a él le faltaba.
El verdadero despegue llegó en 1899, a sus 42 años, con el estreno de las Variaciones Enigma. Esta ingeniosa obra orquestal consta de un tema principal que esconde un "enigma" melódico nunca resuelto, seguido de catorce variaciones, cada una dedicada a retratar de forma afectuosa y precisa a un amigo cercano o a su propia esposa. La novena variación, Nimrod, se convirtió en una de las piezas más conmovedoras del repertorio musical, utilizada hoy en día en todo el mundo para actos de conmemoración y duelo.

"Variaciones Enigma, Op. 36"
St Petersburg Philharmonic Orchestra.
Yuri Temirkanov, director.

Consagrado ya como el gran compositor que el país llevaba siglos esperando, Elgar compuso en 1900 El sueño de Geronte, un profundo y místico oratorio basado en un poema del cardenal Newman que narra el viaje del alma de un hombre moribundo hacia Dios. 

"El sueño de Geronte, Op. 38"
Peter Pears. Yvonne Minton. John Shirley-Quirk.
London Symphony Chorus. The Choir of King's College, Cambridge.
London Symphony Orchestra. 
Benjamin Britten, director.

Poco después, entre 1901 y 1930, dio forma a las marchas de Pompa y Circunstancia. La primera de ellas contenía una melodía tan arrebatadora que, al añadirle texto, se transformó en Land of Hope and Glory (Tierra de esperanza y gloria), un himno oficioso para el Reino Unido que consolidó su estatus como el músico del Imperio.

Pompa y circunstancia, Op. 39_Marcha n.º 1
BBC Symphony Orchestra.
Leonard Bernstein, director.

Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial resquebrajó su mundo. El dolor del conflicto lo llevó a componer en 1919 su última gran obra maestra: el Concierto para violonchelo. Lejos del optimismo de sus marchas imperiales, este concierto es una pieza desgarradora, otoñal y de un lirismo melancólico que parecía despedir no solo a una Europa en ruinas, sino también a su propia época.

"Concierto para Violonchelo en mi menor, Op. 85"
Jacqueline du Pré, violonchelo.
London Symphony Orchestra.
Sir John Barbirolli, director.

La muerte de su querida Alice en 1920 apagó casi por completo su inspiración. Elgar pasó sus últimos años retirado en el campo, disfrutando de sus perros, las carreras de caballos y la química, una de sus grandes aficiones. Falleció en 1934, dejando tras de sí la banda sonora imperecedera de una era que se desvanecía.

29 may 2026

El niño prodigio que puso música a Hollywood

La vida de Erich Wolfgang Korngold parece el guion de una de las grandes películas a las que puso música: un viaje fascinante desde el reconocimiento como el mayor niño prodigio del siglo XX hasta convertirse en el padre del sonido dorado de Hollywood. Nacido el 29 de mayo de 1897 en Brno (en la actual República Checa), Korngold creció en Viena respirando música. Su talento era tan asombroso que, con solo nueve años, el mismísimo Gustav Mahler lo declaró un genio y recomendó que estudiara con Alexander von Zemlinsky. A los trece, sus obras ya se interpretaban en la Ópera de la Corte de Viena, y Richard Strauss se maravillaba de la madurez de sus composiciones, admitiendo que le producía cierto "temor" ver tanta genialidad en alguien tan joven. De hecho, su nombre de pila, Wolfgang, invitaba inevitablemente a compararlo con Mozart. Su consagración absoluta en los escenarios operísticos llegó en 1920, con apenas 23 años, al estrenar simultáneamente en Hamburgo y Colonia su gran obra maestra, Die tote Stadt (La ciudad muerta), una ópera que cautivó a Europa con su atmósfera melancólica y su desbordante lirismo.

"La Ciudad Muerta_La canción de Marietta"
Elisabeth Schwarzkopf, soprano.
 
Korngold no tenía intención de abandonar Europa definitivamente, pero en 1934 el director Max Reinhardt lo invitó a Hollywood para adaptar la música de Sueño de una noche de verano. Estuvo yendo y viniendo entre Austria y Estados Unidos hasta que, a principios de 1938, el estudio Warner Bros le insistió para que regresara a California a musicar The Adventures of Robin Hood (Robin Hood de los bosques). Korngold rechazó la oferta inicialmente porque le parecía una película de demasiada acción. Sin embargo, ante la insistencia del estudio, aceptó y viajó a Estados Unidos. Justo una semana después de su llegada, la Alemania nazi se anexionó Austria. Sus bienes fueron confiscados y sus obras prohibidas por su origen judío. Aquella banda sonora que casi rechaza fue el billete de salvación para él y su familia. En Hollywood, Korngold no solo sobrevivió, sino que revolucionó el cine. Trató las películas como si fueran "óperas sin canto", componiendo temas largos, complejos y asignando motivos musicales a los personajes (leitmotivs). Su partitura para The Adventures of Robin Hood le valió el Óscar a la Mejor Banda Sonora en 1938 —el primero concedido directamente al compositor y no al jefe del departamento musical del estudio—, un hito que se sumó al éxito previo de Anthony Adverse (El caballero Adverse) en 1936. 

The Adventures of Robin Hood
John Wilson Orchestra.

Otras obras maestras de esta etapa dorada fueron The Sea Hawk (El halcón del mar) y Kings Row (De amor también se muere), cuyo tema principal inspiraría décadas más tarde a John Williams para crear la marcha de Star Wars. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Korngold decidió retirarse del cine para volver a su gran amor: la música de concierto y la ópera. Intentó reconquistar los teatros europeos con obras bellísimas como su Concierto para violín en re mayor, Op. 35 (que reutilizaba melódicamente algunos de sus mejores temas cinematográficos). 

"Concierto para Violín y Orquesta en Re mayor, Op. 35"
Gil Shaham, violín.
London Symphony Orchestra.
Andre Previn, director.

Sin embargo, se topó con una Europa cambiada, donde los críticos consideraban que su estilo romántico y melódico estaba anticuado frente a las nuevas vanguardias abstractas. Con el corazón dividido entre dos mundos que no terminaron de entender su versatilidad, Korngold regresó a Los Ángeles, donde falleció el 29 de noviembre de 1957. Hoy en día, despojado de los prejuicios de su época, se le reconoce por fin como lo que siempre fue: un eslabón insustituible del postromanticismo y el arquitecto del sonido sinfónico que definió la magia del cine.

27 may 2026

Chaikovski bajo presión: La Cantata "Moscú"

A principios de 1883, Chaikovski buscaba desesperadamente paz en París. Huía del gélido invierno ruso y de las constantes presiones sociales que tanto agotaban su frágil salud mental. Su mente  y su energía estaban completamente volcadas en un proyecto que consideraba su próxima gran obra maestra: la ópera Mazeppa. Cada compás de esa partitura le costaba sangre, y el aislamiento de París era su único refugio.Sin embargo, el destino y la burocracia imperial tenían otros planes.A mediados de marzo, llegó a su mesa una carta con el sello del Comité de Coronación de Moscú. Las noticias no eran buenas. El zar Alejandro III iba a ser coronado en mayo, y el comité había encargado inicialmente una cantata conmemorativa al célebre pianista y compositor Anton Rubinstein. Pero Rubinstein, al ver los plazos ridículamente cortos, se había asustado y rechazó el encargo, sugiriendo con total ligereza el nombre de Chaikovski. El comité le exigía a Piotr una cantata monumental para solistas, coro y orquesta, basada en un poema patriótico de Apollon Maykov que narraba la historia y el surgimiento de Moscú. ¿El plazo de entrega? Menos de tres semanas. Por si fuera poco, la municipalidad de Moscú también le exigía una Marcha de la Coronación independiente. Chaikovski entró en pánico. En sus cartas a su protectora y mecenas, Nadezhda von Meck, se quejó amargamente de aquellas "dos tareas inesperadas y sumamente gravosas impuestas a la fuerza". Su primer impulso fue negarse en redondo; odiaba componer por encargo político y detestaba que le interrumpieran su trabajo en Mazeppa. Desesperado, llegó a escribir a su editor, Jurgenson, preguntándole si podía plagiar su propia música del pasado y reciclar una vieja cantata de 1872 para salir del paso. Pero el orgullo y el respeto al texto de Maykov —que admitió que era bellísimo y muy poético— pudieron más.

"Cantata Moscú"
Perm Opera & Ballet Theatre's Orchestra & Choir.
Natalia Buklaga, Alexander Pogudin.
Valeriy Platonov, director.

El 17 de marzo se sentó al piano.Lo que siguió fue un torbellino de actividad febril. Trabajando día y noche en su habitación de París, con los nervios a flor de piel y el miedo constante a no llegar a tiempo, el milagro se obró. En apenas dos semanas, Chaikovski no solo esbozó la música, sino que completó la compleja orquestación de los seis movimientos de la cantata y terminó la marcha. El 5 de abril, exhausto pero aliviado, ponía el punto final a la partitura. El 27 de mayo de 1883, el fastuoso Palacio de las Facetas del Kremlin resplandecía bajo la luz de miles de velas y el brillo de las joyas de la aristocracia rusa. Mientras los invitados de la alta nobleza asistían al banquete de coronación de Alejandro III, los primeros acordes del Andante religioso de la Cantata "Moscú" comenzaron a resonar. La obra resultó ser una genialidad. Lejos de ser un himno político plano y aburrido, Chaikovski inyectó en ella una frescura, una sinceridad lírica y una grandiosidad melódica que cautivaron a los presentes. El arioso para mezzosoprano se convirtió en una de las piezas más emotivas de la velada. El compositor, que tanto había temido el encargo, demostró que incluso bajo la máxima presión y con el corazón en otra parte, su genio era incapaz de escribir algo que no fuera profundamente conmovedor.