3 jun 2026

Entre el fuego de Carmen y las sombras del destino

La vida de Georges Bizet es una de las más fascinantes y, a la vez, trágicas de la historia de la música. Fue un genio que rozó la gloria con las manos, pero que murió justo antes de saber que había cambiado la ópera para siempre. Nació en París el 25 de octubre de 1838, bautizado originalmente como Alexandre César Léopold Bizet, aunque su familia siempre prefirió llamarlo Georges, el nombre que pasaría a la posteridad. Desde la cuna respiró música; su padre era profesor de canto y su madre una talentosa pianista que le enseñó las primeras notas. El pequeño Georges resultó ser un niño prodigio tan evidente que el prestigioso Conservatorio de París hizo la vista gorda con sus normas y lo admitió a los nueve años, saltándose el límite de edad exigido. Allí demostró una habilidad al piano descomunal; de hecho, el mismísimo Franz Liszt, tras ver al joven Bizet leer a primera vista y de manera impecable una partitura complejísima del propio maestro húngaro, declaró asombrado que Bizet era uno de los tres mejores pianistas de Europa. A los diecisiete años, en una muestra de madurez pasmosa, compuso su Sinfonía en do mayor, una obra desbordante de frescura que, curiosamente, permaneció olvidada en los archivos del Conservatorio y no se estrenó hasta la década de 1930. 

"Sinfonía en Do mayor"
Royal Concertgebouw Orchestra.
Bernard Haitink, director.

Poco después, en 1857, se alzó con el ansiado Premio de Roma, el galardón más alto para un joven compositor francés, lo que le permitió pasar tres años idílicos en Italia inspirándose y puliendo su estilo. A su regreso a París, sin embargo, la realidad fue mucho más dura. El público parisino de la época era sumamente conservador y refractario a las novedades. Para ganarse el sustento, Bizet tuvo que pasar años realizando extenuantes trabajos secundarios, como arreglos comerciales de música ajena y transcripciones para piano que consumían su tiempo y su salud. Aun así, su genialidad seguía brotando. En 1863 estrenó Los pescadores de perlas (Les pêcheurs de perles), ambientada en el exótico Ceilán. Aunque la crítica inicial fue tibia, la obra nos legó uno de los dúos más bellos e interpretados de toda la historia de la lírica: Au fond du temple saint. 

"Los Pescadores de Perlas_Au fond du temple saint"
Jussi Björling y Robert Merrill.

Más tarde, en 1872, compuso la música incidental para la obra teatral La arlesiana (L'Arlésienne) de Alphonse Daudet, cuyas suites orquestales capturan de manera magistral la luz y el folklore de la Provenza francesa. 

"La Arlesiana"
Orquesta de Cleveland.
Lorin Maazel, director.

El destino de Bizet quedaría sellado con su obra cumbre: Carmen. Basada en la novela de Prosper Mérimée, la ópera rompía con todos los moldes establecidos al llevar al escenario a personajes de las clases populares —cigarreras, contrabandistas y toreros— guiados por pasiones descarnadas, celos y una libertad individual innegociable. Lo curioso es que, para componer una de las músicas con mayor sabor español de todos los tiempos, Bizet jamás pisó España; le bastó con investigar en la biblioteca del Conservatorio de París. De hecho, la famosa Habanera (L'amour est un oiseau rebelle) esconde una anécdota singular: Bizet adaptó una melodía creyendo que era una canción folclórica anónima, pero cuando le advirtieron que en realidad pertenecía al compositor español Sebastián Iradier (El arreglito), tuvo que añadir una nota de agradecimiento en la partitura oficial. El estreno de Carmen el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique fue un absoluto desastre. El público y la crítica se escandalizaron ante la crudeza de la trama y la moral de la protagonista. Se llegó a calificar la música de "extraña" y el ambiente de "pestilente". 

"Carmen"
L’orchestre et les choeurs de l’Opéra National de Paris.
Direction musicale: Frédéric Chaslin.

Bizet, que ya sufría de una salud frágil agravada por anginas crónicas y una profunda depresión por el rechazo a su obra, abandonó el teatro destrozado, vagando por las calles de París durante la noche. Tres meses después del estreno, el 3 de junio de 1875, Georges Bizet fallecía en Bougival a causa de un ataque cardíaco, con tan solo 36 años. Existe una dramática coincidencia que los amantes de lo esotérico suelen recordar: la noche de su muerte, justo en el momento en que el compositor expiraba, la soprano que interpretaba a Carmen en París se sintió indispuesta en el escenario al cantar la escena de las cartas, aquella donde el personaje lee su propio destino trágico y fatal. Bizet murió convencido de haber fracasado por completo. No llegó a ver cómo, apenas unos meses más tarde, compositores de la talla de Chaikovski, Brahms y Wagner declaraban a Carmen una obra maestra absoluta, iniciando así su camino para convertirse en la ópera más famosa, representada y querida de todos los tiempos.

2 jun 2026

El músico del Imperio

Nacido en el pequeño pueblo de Broadheath, cerca de Worcester, Edward Elgar (2 de junio de 1857 – 23 de febrero de 1934) creció rodeado de partituras e instrumentos gracias a la tienda de música de su padre. Aunque mostró un talento innato desde niño, su origen humilde y su fe católica en la Inglaterra victoriana anglicana le impidieron acceder a una formación académica formal. De manera autodidacta, Elgar aprendió a tocar el violín, el órgano y a devorar manuales de composición mientras tocaba en agrupaciones locales y trabajaba como profesor de música para ganarse la vida.
Durante años, el reconocimiento le fue esquivo y su confianza flaqueaba, pero todo cambió al cumplir los treinta años cuando conoció a Caroline Alice Roberts, una de sus alumnas. A pesar de la oposición de la adinerada familia de ella, se casaron en 1889. Alice se convirtió en su mayor apoyo, su mánager y la fe que a él le faltaba.
El verdadero despegue llegó en 1899, a sus 42 años, con el estreno de las Variaciones Enigma. Esta ingeniosa obra orquestal consta de un tema principal que esconde un "enigma" melódico nunca resuelto, seguido de catorce variaciones, cada una dedicada a retratar de forma afectuosa y precisa a un amigo cercano o a su propia esposa. La novena variación, Nimrod, se convirtió en una de las piezas más conmovedoras del repertorio musical, utilizada hoy en día en todo el mundo para actos de conmemoración y duelo.

"Variaciones Enigma, Op. 36"
St Petersburg Philharmonic Orchestra.
Yuri Temirkanov, director.

Consagrado ya como el gran compositor que el país llevaba siglos esperando, Elgar compuso en 1900 El sueño de Geronte, un profundo y místico oratorio basado en un poema del cardenal Newman que narra el viaje del alma de un hombre moribundo hacia Dios. 

"El sueño de Geronte, Op. 38"
Peter Pears. Yvonne Minton. John Shirley-Quirk.
London Symphony Chorus. The Choir of King's College, Cambridge.
London Symphony Orchestra. 
Benjamin Britten, director.

Poco después, entre 1901 y 1930, dio forma a las marchas de Pompa y Circunstancia. La primera de ellas contenía una melodía tan arrebatadora que, al añadirle texto, se transformó en Land of Hope and Glory (Tierra de esperanza y gloria), un himno oficioso para el Reino Unido que consolidó su estatus como el músico del Imperio.

Pompa y circunstancia, Op. 39_Marcha n.º 1
BBC Symphony Orchestra.
Leonard Bernstein, director.

Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial resquebrajó su mundo. El dolor del conflicto lo llevó a componer en 1919 su última gran obra maestra: el Concierto para violonchelo. Lejos del optimismo de sus marchas imperiales, este concierto es una pieza desgarradora, otoñal y de un lirismo melancólico que parecía despedir no solo a una Europa en ruinas, sino también a su propia época.

"Concierto para Violonchelo en mi menor, Op. 85"
Jacqueline du Pré, violonchelo.
London Symphony Orchestra.
Sir John Barbirolli, director.

La muerte de su querida Alice en 1920 apagó casi por completo su inspiración. Elgar pasó sus últimos años retirado en el campo, disfrutando de sus perros, las carreras de caballos y la química, una de sus grandes aficiones. Falleció en 1934, dejando tras de sí la banda sonora imperecedera de una era que se desvanecía.

29 may 2026

El niño prodigio que puso música a Hollywood

La vida de Erich Wolfgang Korngold parece el guion de una de las grandes películas a las que puso música: un viaje fascinante desde el reconocimiento como el mayor niño prodigio del siglo XX hasta convertirse en el padre del sonido dorado de Hollywood. Nacido el 29 de mayo de 1897 en Brno (en la actual República Checa), Korngold creció en Viena respirando música. Su talento era tan asombroso que, con solo nueve años, el mismísimo Gustav Mahler lo declaró un genio y recomendó que estudiara con Alexander von Zemlinsky. A los trece, sus obras ya se interpretaban en la Ópera de la Corte de Viena, y Richard Strauss se maravillaba de la madurez de sus composiciones, admitiendo que le producía cierto "temor" ver tanta genialidad en alguien tan joven. De hecho, su nombre de pila, Wolfgang, invitaba inevitablemente a compararlo con Mozart. Su consagración absoluta en los escenarios operísticos llegó en 1920, con apenas 23 años, al estrenar simultáneamente en Hamburgo y Colonia su gran obra maestra, Die tote Stadt (La ciudad muerta), una ópera que cautivó a Europa con su atmósfera melancólica y su desbordante lirismo.

"La Ciudad Muerta_La canción de Marietta"
Elisabeth Schwarzkopf, soprano.
 
Korngold no tenía intención de abandonar Europa definitivamente, pero en 1934 el director Max Reinhardt lo invitó a Hollywood para adaptar la música de Sueño de una noche de verano. Estuvo yendo y viniendo entre Austria y Estados Unidos hasta que, a principios de 1938, el estudio Warner Bros le insistió para que regresara a California a musicar The Adventures of Robin Hood (Robin Hood de los bosques). Korngold rechazó la oferta inicialmente porque le parecía una película de demasiada acción. Sin embargo, ante la insistencia del estudio, aceptó y viajó a Estados Unidos. Justo una semana después de su llegada, la Alemania nazi se anexionó Austria. Sus bienes fueron confiscados y sus obras prohibidas por su origen judío. Aquella banda sonora que casi rechaza fue el billete de salvación para él y su familia. En Hollywood, Korngold no solo sobrevivió, sino que revolucionó el cine. Trató las películas como si fueran "óperas sin canto", componiendo temas largos, complejos y asignando motivos musicales a los personajes (leitmotivs). Su partitura para The Adventures of Robin Hood le valió el Óscar a la Mejor Banda Sonora en 1938 —el primero concedido directamente al compositor y no al jefe del departamento musical del estudio—, un hito que se sumó al éxito previo de Anthony Adverse (El caballero Adverse) en 1936. 

The Adventures of Robin Hood
John Wilson Orchestra.

Otras obras maestras de esta etapa dorada fueron The Sea Hawk (El halcón del mar) y Kings Row (De amor también se muere), cuyo tema principal inspiraría décadas más tarde a John Williams para crear la marcha de Star Wars. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Korngold decidió retirarse del cine para volver a su gran amor: la música de concierto y la ópera. Intentó reconquistar los teatros europeos con obras bellísimas como su Concierto para violín en re mayor, Op. 35 (que reutilizaba melódicamente algunos de sus mejores temas cinematográficos). 

"Concierto para Violín y Orquesta en Re mayor, Op. 35"
Gil Shaham, violín.
London Symphony Orchestra.
Andre Previn, director.

Sin embargo, se topó con una Europa cambiada, donde los críticos consideraban que su estilo romántico y melódico estaba anticuado frente a las nuevas vanguardias abstractas. Con el corazón dividido entre dos mundos que no terminaron de entender su versatilidad, Korngold regresó a Los Ángeles, donde falleció el 29 de noviembre de 1957. Hoy en día, despojado de los prejuicios de su época, se le reconoce por fin como lo que siempre fue: un eslabón insustituible del postromanticismo y el arquitecto del sonido sinfónico que definió la magia del cine.