27 may 2026

Chaikovski bajo presión: La Cantata "Moscú"

A principios de 1883, Chaikovski buscaba desesperadamente paz en París. Huía del gélido invierno ruso y de las constantes presiones sociales que tanto agotaban su frágil salud mental. Su mente  y su energía estaban completamente volcadas en un proyecto que consideraba su próxima gran obra maestra: la ópera Mazeppa. Cada compás de esa partitura le costaba sangre, y el aislamiento de París era su único refugio.Sin embargo, el destino y la burocracia imperial tenían otros planes.A mediados de marzo, llegó a su mesa una carta con el sello del Comité de Coronación de Moscú. Las noticias no eran buenas. El zar Alejandro III iba a ser coronado en mayo, y el comité había encargado inicialmente una cantata conmemorativa al célebre pianista y compositor Anton Rubinstein. Pero Rubinstein, al ver los plazos ridículamente cortos, se había asustado y rechazó el encargo, sugiriendo con total ligereza el nombre de Chaikovski. El comité le exigía a Piotr una cantata monumental para solistas, coro y orquesta, basada en un poema patriótico de Apollon Maykov que narraba la historia y el surgimiento de Moscú. ¿El plazo de entrega? Menos de tres semanas. Por si fuera poco, la municipalidad de Moscú también le exigía una Marcha de la Coronación independiente. Chaikovski entró en pánico. En sus cartas a su protectora y mecenas, Nadezhda von Meck, se quejó amargamente de aquellas "dos tareas inesperadas y sumamente gravosas impuestas a la fuerza". Su primer impulso fue negarse en redondo; odiaba componer por encargo político y detestaba que le interrumpieran su trabajo en Mazeppa. Desesperado, llegó a escribir a su editor, Jurgenson, preguntándole si podía plagiar su propia música del pasado y reciclar una vieja cantata de 1872 para salir del paso. Pero el orgullo y el respeto al texto de Maykov —que admitió que era bellísimo y muy poético— pudieron más.

"Cantata Moscú"
Perm Opera & Ballet Theatre's Orchestra & Choir.
Natalia Buklaga, Alexander Pogudin.
Valeriy Platonov, director.

El 17 de marzo se sentó al piano.Lo que siguió fue un torbellino de actividad febril. Trabajando día y noche en su habitación de París, con los nervios a flor de piel y el miedo constante a no llegar a tiempo, el milagro se obró. En apenas dos semanas, Chaikovski no solo esbozó la música, sino que completó la compleja orquestación de los seis movimientos de la cantata y terminó la marcha. El 5 de abril, exhausto pero aliviado, ponía el punto final a la partitura. El 27 de mayo de 1883, el fastuoso Palacio de las Facetas del Kremlin resplandecía bajo la luz de miles de velas y el brillo de las joyas de la aristocracia rusa. Mientras los invitados de la alta nobleza asistían al banquete de coronación de Alejandro III, los primeros acordes del Andante religioso de la Cantata "Moscú" comenzaron a resonar. La obra resultó ser una genialidad. Lejos de ser un himno político plano y aburrido, Chaikovski inyectó en ella una frescura, una sinceridad lírica y una grandiosidad melódica que cautivaron a los presentes. El arioso para mezzosoprano se convirtió en una de las piezas más emotivas de la velada. El compositor, que tanto había temido el encargo, demostró que incluso bajo la máxima presión y con el corazón en otra parte, su genio era incapaz de escribir algo que no fuera profundamente conmovedor.

26 may 2026

El Guardián de la Tradición Francesa

Nacido en Kovno (actual Kaunas, Lituania) el 26 de mayo de 1904 y fallecido en París el 4 de septiembre de 2002, Vlado Perlemuter fue uno de los pianistas más longevos, respetados y refinados del siglo XX. De origen judío-polaco, su familia se trasladó a Francia cuando él era un niño, país donde desarrolló toda su identidad musical y artística, convirtiéndose en el máximo exponente de la escuela de piano francesa.
Alumno del mítico Alfred Cortot en el Conservatorio de París, Perlemuter destacó por un estilo que rehuía el virtuosismo vacío. Su juego se caracterizaba por la claridad tonal, una sutil paleta de colores, la sobriedad y una profunda fidelidad a la partitura. Además de su carrera como solista, dejó un legado inmenso como pedagogo en el Conservatorio de París entre 1951 y 1977.

Maurice Ravel "Minueto para el nombre de Haydn"

La reputación de Perlemuter se cimenta en un grupo selecto de compositores, con los que mantuvo un vínculo casi sagrado:
Maurice Ravel (El vínculo directo): Perlemuter es mundialmente famoso por haber estudiado la obra completa para piano de Ravel directamente con el propio compositor entre 1925 y 1927. Ravel, conocido por su nivel de exigencia, supervisó cada matiz. Sus interpretaciones de Gaspard de la nuit, Le Tombeau de Couperin o Miroirs se consideran lecciones magistrales de autenticidad. Su libro Ravel d'après Ravel (coescrito con Hélène Jourdan-Morhange) sigue siendo una biblia para los pianistas.

Maurice Ravel "Le Tombeau de Couperin"

Frédéric Chopin: Fue otra de sus grandes pasiones. Alejado del sentimentalismo exagerado, Perlemuter aportaba a Chopin una elegancia aristocrática y una estructura clásica. Sus grabaciones de los Estudios (Op. 10 y Op. 25), los Preludios, las Baladas y las Sonatas son absolutos referentes de equilibrio y poesía.
Gabriel Fauré: Heredero directo de la tradición francesa, su lectura de los Nocturnos y Barcarolas de Fauré destaca por una melancolía noble y una fluidez técnica impecable.
Wolfgang Amadeus Mozart y Robert Schumann: Aunque se le asocia más con el repertorio franco-polaco, Perlemuter grabó unas deslumbrantes sonatas de Mozart y versiones muy poéticas del Kreisleriana de Schumann, demostrando una versatilidad siempre guiada por el buen gusto.

Chopin - Perlemuter

Vlado Perlemuter no solo tocaba la música de la primera mitad del siglo XX; él era la historia viva de esa música. Escuchar sus grabaciones de Ravel o Chopin es lo más cerca que se puede estar de la intención original de los creadores.

25 may 2026

El Místico de la Orquesta

Gustav Holst (1874–1934) es uno de los compositores más singulares y fascinantes del renacimiento musical británico de principios del siglo XX. Nacido en Cheltenham el 21 de septiembre de 1874 en el seno de una familia de raíces musicales escandinavas y alemanas, su destino parecía ligado al piano, pero una severa neuritis en el brazo derecho truncó su carrera como intérprete. Lejos de rendirse, este obstáculo lo redirigió hacia la composición y el trombón, un instrumento que no solo le permitió ganarse la vida en orquestas de teatro, sino que le otorgó un conocimiento "desde dentro" de las texturas de los metales, una habilidad que más tarde definiría su magistral y revolucionaria técnica de orquestación. A lo largo de su vida, Holst mantuvo una profunda y enriquecedora amistad con Ralph Vaughan Williams. Juntos recorrieron los campos ingleses recopilando canciones folclóricas tradicionales, un esfuerzo por sacudirse el academicismo decimonónico y la omnipresente influencia wagneriana para encontrar una voz genuinamente británica. Sin embargo, la curiosidad de Holst iba mucho más allá de sus fronteras. Fue un espíritu profundamente atraído por el misticismo oriental, llegando a aprender sánscrito de forma autodidacta para traducir él mismo los textos que inspirarían obras como su ópera Sāvitri (1908) o los Himnos del Rig Veda. A pesar de su genialidad, Holst fue un hombre de una modestia conmovedora, que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza, especialmente en el St Paul's Girls' School de Londres, donde compuso joyas directas y refinadas para sus alumnas como la célebre St Paul's Suite (1912), donde fusiona con maestría el folclore inglés con una vitalidad rítmica desbordante.

"St Pauls Suite, Op. 29, nº 2"
City of London Sinfonia.
Richard Hickox, director.

El análisis de su producción musical revela a un creador que combinaba la claridad formal con una audacia armónica adelantada a su tiempo. Su obra cumbre y universal es, sin duda, Los Planetas (Op. 32, 1914–1916), una suite sinfónica en siete movimientos que no se basa en la astronomía, sino en la astrología y el impacto de los astros en la psique humana. En esta partitura, Holst despliega una paleta orquestal inédita. El viaje comienza con "Marte, el portador de la guerra", una pieza terrorífica construida sobre un implacable y asimétrico compás de 5/4; su uso de la politonalidad y los metales rugientes no solo prefiguró el horror de la Primera Guerra Mundial, sino que sentó las bases de la música cinematográfica moderna de acción y ciencia ficción. En contraposición, "Venus, la portadora de la paz" diluye la tensión mediante texturas transparentes de arpas, celesta y maderas, demostrando la increíble sutileza armónica del compositor. El clímax de la suite llega con "Júpiter, el portador de la alegría", una explosión de vitalidad rítmica que alberga en su sección central uno de los himnos más solemnes y conmovedores de la música británica (I Vow to Thee, My Country). La obra se cierra de manera genial y enigmática con "Neptuno, el místico", donde Holst introduce un coro femenino fuera de escena que canta sin texto, desvaneciéndose en un diminuendo eterno que supuso uno de los primeros finales con "fade-out" de la historia de la música, dejando al oyente suspendido en la inmensidad del espacio. 

"Los planetas, Op. 32"
BBC Orchestra.
Adrian Boult, director.

A pesar del éxito abrumador de Los Planetas, que el propio Holst llegó a lamentar porque eclipsaba el resto de su catálogo, su evolución musical posterior se dirigió hacia un ascetismo casi visionario. Muestra de ello es The Hymn of Jesus (Op. 37, 1917), una obra para dos coros y gran orquesta basada en los textos apócrifos gnósticos. Aquí, Holst experimenta con el canto llano, la polifonía de influencia renacentista y efectos corales spoken-word o susurrados, logrando una atmósfera de un misticismo sobrecogedor y esotérico. 

"Himno a Jesús, Op. 37"
London Symphony Chorus.
London Symphony Orchestra.
Richard Hickox, director.

En sus últimos años, su lenguaje se volvió aún más austero, directo y contrapuntístico, como se aprecia en su Egdon Heath (Op. 47, 1927), un poema sinfónico inspirado en los paisajes desolados de las novelas de Thomas Hardy. Esta pieza, que el compositor consideraba su mejor obra, prescinde de cualquier efectismo melódico o grandilocuencia; es una música desnuda, de líneas melancólicas y armonías gélidas que retrata de manera sublime la soledad de la naturaleza humana frente al paisaje inmóvil. 

"Egdon Heath, Op. 47"
London Symphony Orchestra.
Benjamin Britten, director.

Gustav Holst falleció el 25 de mayo de 1934 en Londres debido a complicaciones cardíacas tras una operación biliar. Aunque a menudo se le cataloga de forma simplista como el autor de una sola obra de éxito, el análisis riguroso de su legado revela a un inconformista, un artesano de la orquesta que logró amalgamar el folclore británico, la filosofía oriental y las vanguardias rítmicas del siglo XX en un estilo profundamente personal. Su música, que viaja desde la extroversión cósmica hasta el silencio más íntimo de los páramos ingleses, sigue siendo un testimonio vibrante de un compositor que nunca tuvo miedo de mirar hacia lo desconocido.