12 mar 2026

Ernest Chausson

Ernest Chausson nació en París el 20 de enero de 1855, en el seno de una familia acomodada que le permitió dedicarse a lo que realmente amaba: la música. Aunque al principio, siguiendo los deseos de su familia, estudió Derecho, su sensibilidad artística lo llevaba una y otra vez a los salones parisinos donde la música, la pintura y la literatura se mezclaban en efervescencia creativa.
A los 24 años decidió dar el salto definitivo y se inscribió en el Conservatorio de París, donde fue alumno de dos figuras fundamentales: Jules Massenet, quien alentó su lirismo elegante, y César Franck, que marcaría su vida musical con una profunda influencia espiritual, armónica y estructural.
Chausson nunca fue un compositor prolífico; prefería pulir cada obra con una dedicación extrema, casi perfeccionista. Su carácter era sensible, introspectivo, y eso se siente en su música: densa, emotiva, de una melancolía nítida pero sin excesos.
A pesar de ser relativamente tímido, se relacionó con algunos de los grandes nombres de su época: Debussy, de quien fue amigo y mecenas ocasional; Fauré, Duparc, e incluso escritores como Mallarmé. Su casa en la Rue de Courcelles se convirtió en un punto de reunión de intelectuales y artistas.
Sin embargo, la vida de Chausson estuvo marcada por una especie de fatalismo interior que él mismo dejaba entrever en sus diarios. Esa sensación se volvió profética cuando, en 1899, a los 44 años, murió de forma accidental al caer de su bicicleta contra un muro en su propiedad de Limay. Su temprana muerte dejó al mundo con apenas unas cuarenta obras terminadas, pero de una calidad excepcional.
A pesar de su brevedad, la producción de Chausson dejó huellas profundas en la música francesa. Aquí tienes algunas de sus obras más representativas:
🎻 Poème, Op. 25 (1896)
Su obra más conocida. Un poema sinfónico para violín y orquesta que combina lirismo, oscuridad y una tensión emocional que se despliega con elegancia. Fue escrito para el violinista Eugène Ysaÿe, quien lo convirtió en un clásico del repertorio.

"Poème, Op. 25"
Christian Ferras, violín.
Orquesta Nacional de Bélgica.
G. Sebastian, director.

🎼 Sinfonía en Si bemol mayor, Op. 20 (1890)
Profundamente influida por la escuela de César Franck, está estructurada de forma cíclica y posee una fuerza dramática y espiritual poco común en la música francesa de la época.

"Sinfonía en Si bemol mayor, Op. 20"
Boston Symphony Orchestra.
Charles Munch, director.

🎤 Poème de l’amour et de la mer, Op. 19 (1882–1892)
Una cantata para voz y orquesta donde Chausson muestra su habilidad para unir poesía y música en un tejido expresivo delicado y arrebatador. La melancolía amorosa impregna toda la obra.

"Poème de l’amour et de la mer, Op. 19"
Victoria de los Angeles, soprano.
Orchestre de l"Association des Concerts Lamoureux.
Jean-Pierre Jacquillat, director.

🎹 Páginas para piano y música de cámara
Aunque menos conocidas, algunas joyas como las Piezas para piano Op. 2 o el Trío en Sol menor Op. 3 muestran un lenguaje melódico ya muy personal en su juventud.

"Trío para piano y cuerdas, Op. 3"
The Arden Trío:
Thomas Schmidt, piano. Suzanne Ornstein, violín.
Clay Ruede, violonchelo.

La música de Chausson quedó eclipsada durante algunos años tras su muerte, pero el siglo XX la recuperó gracias a intérpretes dedicados y a un creciente interés por la música francesa de fin de siglo. Hoy se lo reconoce como un puente esencial entre el romanticismo tardío y el impresionismo.
Su obra no es extensa, pero sí excepcional: cada pieza parece cargada de vida interior, como si en ella hubiese volcado sus dudas, sus nostalgias y sus intensos anhelos de belleza.

"Cuarteto para Piano en La mayor, Op 30_Très calme"
Richards Piano Quartet.

12 feb 2026

Henri Duparc

Henri Duparc (21 de enero de 1848, París, Francia - 12 de febrero de 1933, Mont-de-Marsan, Francia), fue un compositor francés cuya obra, aunque sorprendentemente breve, lo consolidó como uno de los grandes maestros de la mélodie francesa. Su vida artística estuvo marcada por una profunda sensibilidad musical y, también, por un silencio creativo prematuro que contribuyó a forjar la leyenda que lo rodea.
Nacido en París, Duparc estudió con César Franck, de quien heredó el gusto por la profundidad expresiva y la arquitectura musical cuidada. Aunque compuso piezas para piano y orquesta, es recordado casi exclusivamente por sus 17 mélodies, canciones para voz y piano que destacan por su refinamiento armónico, su intensidad emocional y el tratamiento casi sinfónico del acompañamiento. Obras como L’invitation au voyage, Phidylé o Extase se han convertido en pilares del repertorio vocal francés.

"Melodías"
Gérard Souzay, barítono.
Dalton Baldwin, piano.

A los 37 años, en el apogeo de su madurez artística, Duparc comenzó a sufrir una enfermedad neurológica —probablemente neurastenia o un trastorno obsesivo-compulsivo— que lo llevó a destruir gran parte de su música y a retirarse progresivamente de la composición. Este retiro forzado convirtió su pequeño catálogo en un tesoro aún más singular dentro de la historia musical.
El resto de su vida transcurrió en un silencio casi monacal, dedicado a la pintura, la lectura y la vida espiritual. Falleció en 1933 en Mont-de-Marsan, dejando tras de sí la paradoja de un compositor cuya fama se sostiene con apenas un puñado de obras, pero cuya influencia y belleza musical permanecen intactas.
Hoy, Duparc es celebrado como un creador que transformó la canción francesa en un vehículo de hondura artística, lirismo exquisito y emoción contenida. Su legado, aunque breve, es de los que perduran.

11 feb 2026

Vicente Martín y Soler

En la Valencia luminosa del siglo XVIII, un 2 de mayo de 1754 nació Vicente Martín y Soler, destinado a brillar en los teatros de Europa con un arte hecho de gracia melódica y temple escénico. Desde niño, en el coro de la catedral valenciana, afianzó un oído fino y una naturalidad para la palabra cantada que más tarde perfeccionaría en Bolonia con el erudito Padre Martini, absorbiendo la esencia del canto italiano —líneas limpias, respiración teatral y claridad expresiva— que marcaría su identidad como compositor.
Sus primeros triunfos italianos lo condujeron a Viena, la capital musical del continente, donde encontró al libretista Lorenzo Da Ponte y con él una alianza artística que definiría la década de 1780. En 1786 estrenó Una cosa rara, una comedia llena de luz que deslumbró al público por su vivacidad rítmica, el encanto de sus melodías y la transparencia con que entrelazaba las voces en dúos y conjuntos. El eco de su éxito fue tal que Mozart citó un tema de la obra en el banquete de Don Giovanni, testimonio de su omnipresencia en la Viena de entonces.

"Una cosa rara"
Le Concert des Nations. La Capella Reial de Catalunya.
Jordi Savall, director.

Al año siguiente, 1787, presentó L’arbore di Diana, donde mostró otra cara de su estilo: la invención de un mundo mitológico y juguetón, trabajado con colores orquestales más sutiles y líneas vocales de refinada ligereza. Sin perder el pulso cómico, la partitura respira una atmósfera de encanto elegante, casi mágico, que confirmaba su versatilidad para pasar de lo cotidiano a lo alegórico con una naturalidad inusual.

"L'arbore di Diana"

Su reputación traspasó Austria y lo llevó a San Petersburgo, al servicio de Catalina la Grande, donde compuso óperas y ballets para una escena en plena transformación, y más tarde a Londres, donde continuó escribiendo para el King’s Theatre. En cada parada, su sello fue el mismo: melodías espontáneas, teatralidad sin estridencias y una escritura vocal que parecía hecha a la medida del habla.
De regreso en San Petersburgo, la ciudad que lo había acogido con honores, su vida se apagó el 11 de febrero de 1806 (calendario gregoriano) —fecha equivalente al 30 de enero de 1806 en el calendario juliano vigente entonces en Rusia—, cerrando un periplo europeo tan brillante como intenso.
Con Una cosa rara y L’arbore di Diana, Martín y Soler dejó constancia de un arte difícil: ser ligero sin ser frívolo, virtuoso sin ostentación y teatral con absoluta claridad. Durante tiempo su nombre quedó semivelado por la gloria póstuma de Mozart, pero hoy vuelve a ocupar su sitio natural en el mapa de la ópera dieciochesca: el de un valenciano que conquistó Europa con la elegancia y la dulzura de su música.