12 feb 2026

Henri Duparc

Henri Duparc (21 de enero de 1848, París, Francia - 12 de febrero de 1933, Mont-de-Marsan, Francia), fue un compositor francés cuya obra, aunque sorprendentemente breve, lo consolidó como uno de los grandes maestros de la mélodie francesa. Su vida artística estuvo marcada por una profunda sensibilidad musical y, también, por un silencio creativo prematuro que contribuyó a forjar la leyenda que lo rodea.
Nacido en París, Duparc estudió con César Franck, de quien heredó el gusto por la profundidad expresiva y la arquitectura musical cuidada. Aunque compuso piezas para piano y orquesta, es recordado casi exclusivamente por sus 17 mélodies, canciones para voz y piano que destacan por su refinamiento armónico, su intensidad emocional y el tratamiento casi sinfónico del acompañamiento. Obras como L’invitation au voyage, Phidylé o Extase se han convertido en pilares del repertorio vocal francés.

"Melodías"
Gérard Souzay, barítono.
Dalton Baldwin, piano.

A los 37 años, en el apogeo de su madurez artística, Duparc comenzó a sufrir una enfermedad neurológica —probablemente neurastenia o un trastorno obsesivo-compulsivo— que lo llevó a destruir gran parte de su música y a retirarse progresivamente de la composición. Este retiro forzado convirtió su pequeño catálogo en un tesoro aún más singular dentro de la historia musical.
El resto de su vida transcurrió en un silencio casi monacal, dedicado a la pintura, la lectura y la vida espiritual. Falleció en 1933 en Mont-de-Marsan, dejando tras de sí la paradoja de un compositor cuya fama se sostiene con apenas un puñado de obras, pero cuya influencia y belleza musical permanecen intactas.
Hoy, Duparc es celebrado como un creador que transformó la canción francesa en un vehículo de hondura artística, lirismo exquisito y emoción contenida. Su legado, aunque breve, es de los que perduran.

11 feb 2026

Vicente Martín y Soler

En la Valencia luminosa del siglo XVIII, un 2 de mayo de 1754 nació Vicente Martín y Soler, destinado a brillar en los teatros de Europa con un arte hecho de gracia melódica y temple escénico. Desde niño, en el coro de la catedral valenciana, afianzó un oído fino y una naturalidad para la palabra cantada que más tarde perfeccionaría en Bolonia con el erudito Padre Martini, absorbiendo la esencia del canto italiano —líneas limpias, respiración teatral y claridad expresiva— que marcaría su identidad como compositor.
Sus primeros triunfos italianos lo condujeron a Viena, la capital musical del continente, donde encontró al libretista Lorenzo Da Ponte y con él una alianza artística que definiría la década de 1780. En 1786 estrenó Una cosa rara, una comedia llena de luz que deslumbró al público por su vivacidad rítmica, el encanto de sus melodías y la transparencia con que entrelazaba las voces en dúos y conjuntos. El eco de su éxito fue tal que Mozart citó un tema de la obra en el banquete de Don Giovanni, testimonio de su omnipresencia en la Viena de entonces.

"Una cosa rara"
Le Concert des Nations. La Capella Reial de Catalunya.
Jordi Savall, director.

Al año siguiente, 1787, presentó L’arbore di Diana, donde mostró otra cara de su estilo: la invención de un mundo mitológico y juguetón, trabajado con colores orquestales más sutiles y líneas vocales de refinada ligereza. Sin perder el pulso cómico, la partitura respira una atmósfera de encanto elegante, casi mágico, que confirmaba su versatilidad para pasar de lo cotidiano a lo alegórico con una naturalidad inusual.

"L'arbore di Diana"

Su reputación traspasó Austria y lo llevó a San Petersburgo, al servicio de Catalina la Grande, donde compuso óperas y ballets para una escena en plena transformación, y más tarde a Londres, donde continuó escribiendo para el King’s Theatre. En cada parada, su sello fue el mismo: melodías espontáneas, teatralidad sin estridencias y una escritura vocal que parecía hecha a la medida del habla.
De regreso en San Petersburgo, la ciudad que lo había acogido con honores, su vida se apagó el 11 de febrero de 1806 (calendario gregoriano) —fecha equivalente al 30 de enero de 1806 en el calendario juliano vigente entonces en Rusia—, cerrando un periplo europeo tan brillante como intenso.
Con Una cosa rara y L’arbore di Diana, Martín y Soler dejó constancia de un arte difícil: ser ligero sin ser frívolo, virtuoso sin ostentación y teatral con absoluta claridad. Durante tiempo su nombre quedó semivelado por la gloria póstuma de Mozart, pero hoy vuelve a ocupar su sitio natural en el mapa de la ópera dieciochesca: el de un valenciano que conquistó Europa con la elegancia y la dulzura de su música.

6 feb 2026

Dos Cantatas en la vida de Bach

Johann Sebastian Bach vivía rodeado de partituras, obligaciones y una fe que marcaba el compás de sus días. Entre 1723 y 1727, en los años de su mayor dedicación al ciclo de cantatas para la ciudad, Bach compuso dos obras muy distintas entre sí, las cantatas BWV 144 y BWV 157.
La primera de ellas nació temprano en su etapa en Leipzig. Bach había llegado a la ciudad en mayo de 1723 para asumir el exigente puesto de Thomaskantor, responsable de la música de las iglesias principales. Su tarea era monumental: preparar música nueva casi cada semana. El invierno de su primer año fue, sin embargo, fértil y ordenado. En medio de este ritmo, Bach compuso la cantata BWV 144, probablemente en los últimos días de enero de 1724.
Se estrenó el 6 de febrero de 1724, en el servicio correspondiente al tercer domingo después de Epifanía, seguramente en la Nikolaikirche o la Thomaskirche. Bach tenía entonces 38 años y trabajaba con un empeño casi artesanal: cada cantata era una pieza más de un vasto tapiz espiritual que planeaba completar a lo largo del año litúrgico.
La BWV 144 es una obra breve, concentrada, que parece hablar de la serenidad en medio del deber diario. Su mensaje —“Toma lo que es tuyo y vete”— no suena en su música como una orden brusca, sino como una invitación tranquila a aceptar el propio destino. Es una cantata de invierno: sobria, clara y sin adornos superfluos, casi como si Bach hubiera querido reflejar en sonidos la pureza fría del aire de febrero.

"Cantata BWV 144_Nimm, was dein ist, und gehe hin"
Collegium Vocale Gent - Philippe Herreweghe.
Leonhardt-Consort - Gustav Leonhardt.

Tres inviernos más tarde, la ocasión fue distinta y el tono, inevitablemente, también. En aquellos años, Bach atravesaba un período de madurez creativa: sus obras se volvían más introspectivas, más personales. La BWV 157 no estaba destinada a un domingo ordinario, sino a un rito de despedida; y eso se escucha desde el primer compás.La primera interpretación conocida de esta cantata tuvo lugar el 6 de febrero de 1727, en el oficio memorial por Johann Christoph von Ponickau, celebrado en la iglesia de Pomßen, a unos kilómetros de Leipzig.
Aquí la música no busca empujar el tiempo hacia adelante, sino ofrecer consuelo. El lema bíblico —“No te dejaré hasta que me bendigas”— no suena a desafío, sino a abrazo: voces graves que hablan con calma, un oboe d’amore que pone un color cálido a la luz de invierno, y una esperanza que se sostiene sin gritar. (La asignación posterior de esta obra a la festividad de la Purificación también se menciona en las fuentes, pero su primer destino fue ese servicio fúnebre por von Ponickau).
 Su título —“No te dejaré hasta que me bendigas”— procede del episodio bíblico en el que Jacob lucha con el ángel, y en la música aparece como una súplica serena, nunca desesperada.
Los solos de oboe d’amore y las líneas del bajo parecen dialogar con la muerte sin miedo, como quien conversa con un visitante inevitable pero no enemigo. Es una cantata que no quiere oscurecer, sino consolar. La luz que desprende es más suave que la de la BWV 144, pero más cálida, como una vela encendida en una habitación donde se despide a alguien querido.

"Cantata BWV 157_Ich lasse dich nicht, du segnest mich den"
Tölzer Knabenchor - Gerhard Schmidt-Gaden.
Collegium Vocale Gent - Philippe Herreweghe.
Leonhardt-Consort - Gustav Leonhardt.

Ambas cantatas, tan distintas en propósito, forman parte del mismo viaje vital: el de un músico que vivía entre su oficio diario y los grandes acontecimientos de la ciudad; entre la nieve de febrero y la calidez de un duelo; entre la obligación y la emoción.