La vida de Erich Wolfgang Korngold parece el guion de una de las grandes películas a las que puso música: un viaje fascinante desde el reconocimiento como el mayor niño prodigio del siglo XX hasta convertirse en el padre del sonido dorado de Hollywood. Nacido el 29 de mayo de 1897 en Brno (en la actual República Checa), Korngold creció en Viena respirando música. Su talento era tan asombroso que, con solo nueve años, el mismísimo Gustav Mahler lo declaró un genio y recomendó que estudiara con Alexander von Zemlinsky. A los trece, sus obras ya se interpretaban en la Ópera de la Corte de Viena, y Richard Strauss se maravillaba de la madurez de sus composiciones, admitiendo que le producía cierto "temor" ver tanta genialidad en alguien tan joven. De hecho, su nombre de pila, Wolfgang, invitaba inevitablemente a compararlo con Mozart. Su consagración absoluta en los escenarios operísticos llegó en 1920, con apenas 23 años, al estrenar simultáneamente en Hamburgo y Colonia su gran obra maestra, Die tote Stadt (La ciudad muerta), una ópera que cautivó a Europa con su atmósfera melancólica y su desbordante lirismo.
"La Ciudad Muerta_La canción de Marietta"
Elisabeth Schwarzkopf, soprano.
Korngold no tenía intención de abandonar Europa definitivamente, pero en 1934 el director Max Reinhardt lo invitó a Hollywood para adaptar la música de Sueño de una noche de verano. Estuvo yendo y viniendo entre Austria y Estados Unidos hasta que, a principios de 1938, el estudio Warner Bros le insistió para que regresara a California a musicar The Adventures of Robin Hood (Robin Hood de los bosques). Korngold rechazó la oferta inicialmente porque le parecía una película de demasiada acción. Sin embargo, ante la insistencia del estudio, aceptó y viajó a Estados Unidos. Justo una semana después de su llegada, la Alemania nazi se anexionó Austria. Sus bienes fueron confiscados y sus obras prohibidas por su origen judío. Aquella banda sonora que casi rechaza fue el billete de salvación para él y su familia. En Hollywood, Korngold no solo sobrevivió, sino que revolucionó el cine. Trató las películas como si fueran "óperas sin canto", componiendo temas largos, complejos y asignando motivos musicales a los personajes (leitmotivs). Su partitura para The Adventures of Robin Hood le valió el Óscar a la Mejor Banda Sonora en 1938 —el primero concedido directamente al compositor y no al jefe del departamento musical del estudio—, un hito que se sumó al éxito previo de Anthony Adverse (El caballero Adverse) en 1936.
The Adventures of Robin Hood
John Wilson Orchestra.
Otras obras maestras de esta etapa dorada fueron The Sea Hawk (El halcón del mar) y Kings Row (De amor también se muere), cuyo tema principal inspiraría décadas más tarde a John Williams para crear la marcha de Star Wars. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Korngold decidió retirarse del cine para volver a su gran amor: la música de concierto y la ópera. Intentó reconquistar los teatros europeos con obras bellísimas como su Concierto para violín en re mayor, Op. 35 (que reutilizaba melódicamente algunos de sus mejores temas cinematográficos).
"Concierto para Violín y Orquesta en Re mayor, Op. 35"
Gil Shaham, violín.
London Symphony Orchestra.
Andre Previn, director.
Sin embargo, se topó con una Europa cambiada, donde los críticos consideraban que su estilo romántico y melódico estaba anticuado frente a las nuevas vanguardias abstractas. Con el corazón dividido entre dos mundos que no terminaron de entender su versatilidad, Korngold regresó a Los Ángeles, donde falleció el 29 de noviembre de 1957. Hoy en día, despojado de los prejuicios de su época, se le reconoce por fin como lo que siempre fue: un eslabón insustituible del postromanticismo y el arquitecto del sonido sinfónico que definió la magia del cine.
