Johann Sebastian Bach vivía rodeado de partituras, obligaciones y una fe que marcaba el compás de sus días. Entre 1723 y 1727, en los años de su mayor dedicación al ciclo de cantatas para la ciudad, Bach compuso dos obras muy distintas entre sí, las cantatas BWV 144 y BWV 157.
La primera de ellas nació temprano en su etapa en Leipzig. Bach había llegado a la ciudad en mayo de 1723 para asumir el exigente puesto de Thomaskantor, responsable de la música de las iglesias principales. Su tarea era monumental: preparar música nueva casi cada semana. El invierno de su primer año fue, sin embargo, fértil y ordenado. En medio de este ritmo, Bach compuso la cantata BWV 144, probablemente en los últimos días de enero de 1724.
Se estrenó el 6 de febrero de 1724, en el servicio correspondiente al tercer domingo después de Epifanía, seguramente en la Nikolaikirche o la Thomaskirche. Bach tenía entonces 38 años y trabajaba con un empeño casi artesanal: cada cantata era una pieza más de un vasto tapiz espiritual que planeaba completar a lo largo del año litúrgico.
La BWV 144 es una obra breve, concentrada, que parece hablar de la serenidad en medio del deber diario. Su mensaje —“Toma lo que es tuyo y vete”— no suena en su música como una orden brusca, sino como una invitación tranquila a aceptar el propio destino. Es una cantata de invierno: sobria, clara y sin adornos superfluos, casi como si Bach hubiera querido reflejar en sonidos la pureza fría del aire de febrero.
"Cantata BWV 144_Nimm, was dein ist, und gehe hin"
Collegium Vocale Gent - Philippe Herreweghe.
Leonhardt-Consort - Gustav Leonhardt.
Tres inviernos más tarde, la ocasión fue distinta y el tono, inevitablemente, también. En aquellos años, Bach atravesaba un período de madurez creativa: sus obras se volvían más introspectivas, más personales. La BWV 157 no estaba destinada a un domingo ordinario, sino a un rito de despedida; y eso se escucha desde el primer compás.La primera interpretación conocida de esta cantata tuvo lugar el 6 de febrero de 1727, en el oficio memorial por Johann Christoph von Ponickau, celebrado en la iglesia de Pomßen, a unos kilómetros de Leipzig.
Aquí la música no busca empujar el tiempo hacia adelante, sino ofrecer consuelo. El lema bíblico —“No te dejaré hasta que me bendigas”— no suena a desafío, sino a abrazo: voces graves que hablan con calma, un oboe d’amore que pone un color cálido a la luz de invierno, y una esperanza que se sostiene sin gritar. (La asignación posterior de esta obra a la festividad de la Purificación también se menciona en las fuentes, pero su primer destino fue ese servicio fúnebre por von Ponickau).
Su título —“No te dejaré hasta que me bendigas”— procede del episodio bíblico en el que Jacob lucha con el ángel, y en la música aparece como una súplica serena, nunca desesperada.
Los solos de oboe d’amore y las líneas del bajo parecen dialogar con la muerte sin miedo, como quien conversa con un visitante inevitable pero no enemigo. Es una cantata que no quiere oscurecer, sino consolar. La luz que desprende es más suave que la de la BWV 144, pero más cálida, como una vela encendida en una habitación donde se despide a alguien querido.
"Cantata BWV 157_Ich lasse dich nicht, du segnest mich den"
Tölzer Knabenchor - Gerhard Schmidt-Gaden.
Collegium Vocale Gent - Philippe Herreweghe.
Leonhardt-Consort - Gustav Leonhardt.
Ambas cantatas, tan distintas en propósito, forman parte del mismo viaje vital: el de un músico que vivía entre su oficio diario y los grandes acontecimientos de la ciudad; entre la nieve de febrero y la calidez de un duelo; entre la obligación y la emoción.