4 may 2026

¡Labios ardientes!

En el invierno de 1934, el majestuoso escenario de la Ópera Estatal de Viena se iluminó para el estreno de una obra que marcaría el final de una era: Giuditta, la última creación de Franz Lehár, el maestro de la opereta vienesa. Pero esta vez, Lehár no ofrecía una comedia ligera ni un vals encantador. A sus 64 años, presentó una obra ambiciosa, híbrida entre opereta y ópera, cargada de sensualidad, exotismo y melancolía.
Ambientada entre Sicilia y Libia, durante la ocupación italiana en los años 30, Giuditta narra la historia de una mujer atrapada en un matrimonio sin amor, que decide seguir a un joven oficial, Octavio, hacia el norte de África. Allí viven un romance apasionado, pero efímero. La guerra, el deber y el desencanto los separan. La obra, influenciada por películas como Morocco y El ángel azul, con Marlene Dietrich, se aleja del tono festivo de las operetas anteriores de Lehár y se adentra en un terreno más dramático y cinematográfico.
La protagonista, Giuditta, es una figura fascinante: bailarina, amante, musa. En el cuarto cuadro, en el cabaret “Alcazar”, canta una de las arias más célebres del repertorio lírico del siglo XX: “Meine Lippen, sie küssen so heiß” (“Mis labios besan tan ardientemente”).
La aria es un monólogo sensual y nostálgico, donde Giuditta reflexiona sobre el poder de su presencia, su cuerpo y su herencia. No entiende por qué los hombres se enamoran de ella al verla, pero cuando canta bajo la luz roja del cabaret, comprende que su arte y su sangre la hacen irresistible.
La letra evoca imágenes de fuego, estrellas, danza y deseo. Giuditta se describe como una reina del baile, heredera de su madre, una célebre bailarina del “Alcazar dorado”. Sus labios, sus ojos, sus pies, todo en ella parece flotar y seducir. La música de Lehár acompaña con una orquestación rica y envolvente, que mezcla el lirismo operístico con el ritmo del cabaret y ecos orientales.
Tras el estreno de Giuditta, retransmitido por más de 120 emisoras de radio en Europa y América, Lehár no volvió a componer. La obra fue su canto del cisne, una despedida elegante y apasionada. El mundo cambiaba: el cine, el jazz y la guerra desplazaban la opereta. Pero “Meine Lippen, sie küssen so heiß” quedó como testimonio de un arte que sabía conjugar el amor, la música y el misterio.


Giuditta_Meine Lippen die küssen so heiss
Anna Netrebko, soprano.
Orchester der Deutschen Oper Berlin. 
Marco Armiliato, director.


Meine Lippen, sie küssen so heiß
Ich weiß es selber nicht,
Warum man gleich von Liebe spricht,
Wenn man in meiner Nähe ist,
In meine Augen schaut und meine Hände küsst.
Ich weiß es selber nicht,
Warum man von dem Zauber spricht,
Dem keiner widersteht,
Wenn er mich sieht, wenn er an mir vorübergeht.
Doch wenn das rote Licht erglüht
Zur mitternächt'gen Stund,
Und alle lauschen meinem Lied,
Dann wird mir klar der Grund:
Meine Lippen, sie küssen so heiß,
Meine Glieder sind schmiegsam und weiß,
In den Sternen da steht es geschrieben:
Du sollst küssen, du sollst lieben!
Meine Füße, sie schweben dahin,
Meine Augen, sie locken und glüh’n,
Und ich tanz’ wie im Rausch, denn ich weiß:
Meine Lippen, sie küssen so heiß!

Mis labios besan tan ardientemente
Yo misma no lo sé,
Por qué se habla enseguida de amor,
Cuando están cerca de mí,
Me miran a los ojos y besan mis manos.
Yo misma no lo sé,
Por qué se habla de un hechizo,
Al que nadie puede resistirse,
Cuando me ven, cuando pasan junto a mí.
Pero cuando la luz roja brilla
A la hora de la medianoche,
Y todos escuchan mi canción,
Entonces comprendo la razón:
Mis labios besan tan ardientemente,
Mis miembros son flexibles y blancos,
En las estrellas está escrito:
¡Debes besar, debes amar!
Mis pies flotan suavemente,
Mis ojos seducen y brillan,
Y bailo como en un delirio, porque sé:
¡Mis labios besan tan ardientemente!

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