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5 abr 2019

Los Espejos de Ravel

Maurice Ravel
Esta obra desconcertó a cuantos estaban acostumbrados a mi anterior manera de componer.
Es la confesión de Maurice Ravel, referida a sus “Miroirs” (Espejos) (1904-1905). 
Estrenada por Ricardo Viñes en la Sala Erard de París el 6 de junio de 1908, esta suite de cinco piezas para piano abre una nueva etapa en la música de Ravel, rompiendo de plano con las anteriores ataduras académicas. Una bocanada de aire puro, lejos ya del formulismo escolástico y que va a resumir todos sus precedentes ensayos armónicos, sembrando un fecundo campo musical que va a florecer en los tres años posteriores, dentro de su producción. 
En Miroirs, Ravel sigue dentro de la línea virtuosística y de la técnica de Jeux d'eau. Cada una de los movimientos está dedicado a uno de sus amigos, cinco miembros del grupo artístico vanguardista "Les Apaches", grupo de jóvenes artistas con los que Ravel tuvo contacto en el año 1900.

"Miroirs"
Walter Wilhelm Gieseking, piano.

El primer número, Noctuelles ("Polillas"), está dedicado a Léon-Paul Fargue. Comienza con una serie cromática, que evoca el vuelo de estos animales nocturnos. La sección central es más calmada con melodías ricas y acordes. 
Oiseaux tristes ("Pájaros tristes"), dedicada a Ricardo Viñes, es la pieza más corta de la serie, donde se evoca a un pájaro solitario silbando una triste melodía, al que se le unen después otros pájaros, participando de una verdadera polifonía. "Los pájaros perdidos en un oscuro bosque durante las horas más calurosas del verano", en palabras del propio Ravel.

"Une barque sur l'océan"
Montreal Symphony Orchestra.
Charles Dutoit, director.

En el tercer número, Une barque sur l'océan ("Una barca en el océano"), escuchamos a un barco que navega sobre las olas del océano. Las secciones arpegiadas y las melodías imitan el fluido de las corrientes oceánicas. Está dedicada a Paul Sordes.

"Alborada del gracioso"
London Symphony Orchestra.
Claudio Abbado, director.

Es el turno de “Alborada del gracioso”. Danzas populares españolas en complejas melodías, con sugerencias de sones de guitarras, está dedicada a Michel-Dimitri Calvocoressi. 
La vallée des cloches ("El valle de las campanas"), es el último número de esta Suite. Dedicada a Maurice Delage, alumno que fuera de Ravel, el sonido de las campanas de una iglesia, nos transporta a un clima de ensueño a la vez místico y voluptuoso, mediante un sutil uso de armonías sonoras.
Dos de las piezas de la Suite, en concreto Une barque sur l'océan y la Alborada del gracioso serán orquestadas por el propio Ravel en 1906 y 1918 respectivamente.

19 may 2017

Espíritu Zíngaro

Johannes Brahms
"Las he concebido para cuatro manos; si las hubiera pensado para orquesta serían diferentes"
Así se expresaba Johannes Brahms en una carta dirigida a su editor Simrock, refiriéndose a sus Danzas Húngaras.
Sería en abril de 1853 cuando Johannes Brahms, con 20 años de edad, inicia una gira de conciertos acompañado por su amigo el violinista húngaro Reményi por toda Alemania..
Este sería el origen de la colección de 21 danzas que, posteriormente, escribiera Brahms entre los años comprendidos entre 1858 y 1869. Durante esta gira, también conocería al gran virtuoso del violín Joseph Joachim que, además de ser el destinatario de su primer concierto para violín y el primero en grabar en 1903 la primera de las Danzas Húngaras sobre el llamado Cilindro de Edison, fue quien le presentaría, en su día, a Robert Schumann.

Danzas Hungaras_Versión piano a cuatro manos
Katia y Marielle Labeque, piano.

Las Danzas Húngaras, en la versión inicial para piano a cuatro manos, obtuvieron un éxito inmediato y fueron publicadas en dos cuadernos las 10 primeras, mientras que las restantes 11 figuraron en otros dos cuadernos, de seis y cinco danzas respectivamente. Sería en 1874 cuando Brahms haría la transcripción para orquesta de las danzas 1, 3 y 10.
Las versiones sinfónicas, debidas a distintos arreglistas, son muy variadas. Joachim transcribió también algunas para violín con permiso de Brahms, quien siempre prefirió sobre todo la original, como se desprende de la carta anteriormente citada.

Danzas Hungaras_Versión Orquestal
Wiener Philharmoniker.
Claudio Abbado, director.

Encontramos en estas danzas, sin ningún atisbo de vulgaridad, todo el espíritu zíngaro, antes que propiamente húngaro. Pese al permanente metro de 2/4 no se advierte monotonía gracias a la habilidad del músico para captar los elementos danzables verbunkos, en particular los conectados con las csardas. Hay alternancia de tempi, bruscos cambios, aceleraciones progresivas, dislocamientos rítmicos, síncopas y, como señala Ménétrier, "apoyaturas y todos los ornamentos vocales esparcidos con profusión".

3 feb 2016

Sinfonía entre Ruinas

Felix Mendelssohn
“Todo aquí parece tan duro y vigoroso, envuelto a medias en neblina o humo o bruma. Además, hubo una competición de gaitas. Muchos montañeses llegaron de la iglesia vestidos con sus trajes típicos, llevaban victoriosamente a sus enamoradas con sus trajes domingueros y miraban magníficos y con aire de importancia al mundo, desde arriba. Con largas barbas rojas, mantos de tartán, gorras y plumas, las rodillas desnudas y sus gaitas en la mano, pasaron tranquilamente de largo por el castillo en ruinas que se halla en la pradera, donde María Estuardo vivió con esplendor y vio el asesinato de Rizzio. Siento como si el tiempo corriera muy velozmente cuando tengo ante mí tanto de lo que fue y tanto de lo que es... Hoy, a la hora del crepúsculo, fuimos al palacio donde vivió y amó la reina María. La capilla junto a él actualmente ha perdido su techo, está cubierta de césped y de hiedra y, en el altar roto, María fue coronada reina de Escocia. Todo está en ruinas, deteriorado y abierto al cielo. Creo que he encontrado aquí hoy el comienzo de mi Sinfonía Escocesa”.
Esta carta, escrita desde Edinburgo el 30 de julio de 1829 por Felix Mendelssohn a su familia, refleja la honda impresión que le causó el viaje que, en ese mismo año, hizo a Escocia. Todas esas sensaciones quedaron reflejadas en dos de sus obras: La Obertura “las Hébridas”, también conocida como “La Gruta de Fingal” y la obra que hoy nos ocupa, la Sinfonía Escocesa.
Comenzada en 1830, fue concluida en 1842 y estrenada en la Gewandhaus de Leipzig, dirigida por el propio Mendelssohn, el 03 de marzo de ese mismo año.


Sinfonía n.º 3 en La menor, Op. 56_Sinfonía Escocesa
1.- Andante con moto-Allegro un poco agitato.
2.- Vivace non troppo. 3.- Adagio.
4.- Allegro vivacissimo-Allegro maestoso assai.
London Symphony Orchestra.
Claudio Abbado, director.

El primer movimiento, "Andante con moto – Allegro un poco agitato", comienza con un pasaje lento que, conducido por las violas y el oboe, define un clima sombrío, oscuro y brumoso. En su sección rápida, irá aclarándose, por medio de la cuerda que entra en pianissimo, dando paso a un segundo tema de carácter cantabile, cálido y lírico.
El segundo movimiento, "Vivace non troppo", recuerda el carácter del folclore escocés y las sonoridades del pibroch, una especie de gaita escocesa que ejecuta el clarinete acompañado por la cuerda en staccato. Una mezcla de color que cambia, de manera vertiginosa a través de una virtuosística escritura para la madera y las cuerdas.
El "Adagio" que continua, es hermosísimo. Los violines, exponen y desarrollan una larga melodía, bajo un fondo marcado por el pizzicato de las cuerdas graves y las llamadas lejanas de las trompas. Según Mendelssohn, la inspiración le vino dada al contemplar las ruinas de Holyrood, la que fuera desdichada residencia de la reina María Estuardo.
Finaliza la obra con un "Allegro vivacísimo – Allegro maestoso assai", de marcado acento guerrero y heroico. Un recuerdo al comienzo del primer movimiento y un coral a cargo de la trompa con la que, añadiéndose el resto de la orquesta, en un efecto creciente, culmina triunfal y grandiosamente la obra.
Dejémonos envolver por la especial melancolía que sintió Mendelssohn al visitar las ruinas de la capilla de Holyrood. Escuchemos esta perfecta acuarela musical, dibujada, de manera exquisita y luminosa, por este genio de la belleza.


Claudio Abbado
Claudio Abbado (Milán, 26 de junio de 1933 - Bolonia, 20 de enero de 2014)