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18 nov 2019

Las desventuras del joven Brahms

Año de 1855. Tengo 22 años. Actualmente vivo en Düsseldorf, en casa de los Schumann; mi admirado Robert se encuentra recluido...; y yo, estoy comenzando a escribir un Cuarteto. Es todo tan doloroso… Son tantos los episodios que me inquietan y que quiero volcar en esta pieza que creo que no voy a atreverme a publicarla. Estoy intentado expresar en ella confidencias tan íntimas y personales que prefiero que esta obra no vea la luz; quizá más adelante… 
Esta recreación que me he permitido la licencia de plasmar en estas notas escritas, quizá fuese el pensamiento real de Johannes Brahms cuando se enfrentó al que va a convertirse en su Cuarteto nº 3, Op. 60. Tendrían que pasar seis años más para que volviera nuevamente a su composición; en ese momento, estaba preparando los otros dos cuartetos con piano que fueron terminados en la ciudad de Hamm; tampoco llegó a concluir este cuarteto; quizá no quería empañar su feliz estancia en casa de la señora Rósing.
En 1868, durante su apacible otoño en Oldenburg, junto a Clara Schumann y su hija María, vuelve a retocar el cuarteto. Nuevamente retomado en 1873, año en el que asiste junto a Clara Schumann al festival homenaje que la ciudad de Bonn rinde a Robert Schumann, aún tendrían que pasar dos años más, en concreto durante el verano que pasara en Ziegelhausen junto a Heidelberg en 1875, para que, por fin, el Cuarteto quedara listo para su edición, que fue llevada a cabo por Simrock en noviembre de aquel año. 
Concebido el cuarteto, en un primer momento, en la tonalidad de Do sostenido menor y transformado definitivamente en Do menor, en una carta dirigida en 1875 a su editor Fritz Simrock, Brahms le escribe: "Puede usted poner en la portada un cuadro que represente una cabeza y una pistola delante de ella. Así podrá tener una idea de lo que significa la música". Y en otra carta anterior, dirigida esta vez a su amigo el Kapellmeister de Oldenburg, Hermann Dietrich, a propósito de este cuarteto, escribe: "Imagina a un hombre que va a saltarse la tapa de los sesos porque para él es la única solución". Por eso el Cuarteto en Do menor ha sido llamado "Werther Quartett", en referencia a la célebre novela “Die Leiden des jungen Werther” (1774) (Las desventuras del joven Werther) de un Goethe tan inmerso en la corriente pre-romántica del "Sturm und Drang" como el Johannes Brahms del llamado "período Düsseldorf" (1853-1856).

Cuarteto para piano y cuerdas nº 3 en do menor, Op. 60
Derek Han, piano. Isabelle Faust, violín.
Bruno Giuranna, viola.
Alain Meunier, violonchelo.

El "Allegro non troppo" del primer movimiento se inicia con un bellísimo tema en forma de sonata. Sumamente melancólico, de él emana la dulce paz que a Brahms le proporcionaba la naturaleza. 
El "Scherzo" siguiente es un movimiento lleno de resonancias del Brahms juvenil que asombró a Schumann, donde un segundo tema contrasta con la vehemencia del primero por su clima oscuro y brumoso. 
El "Andante", a modo de lied, con un primer tema melódico y un segundo sincopado que destaca por su ritmo. ¿Ese canto del violonchelo, es quizá una declaración de amor a Clara, su amor imposible? 
El Finale, consta de tres temas. La pasión contenida sigue en pie, pero surgen, junto a expresiones atormentadas, atisbos de conformidad ante el sufrimiento en el serio tercer tema, como un coral, y en la coda que para algunos comentaristas libera a Brahms de la tormentosa pasión que suscitó esta obra sincera, honda y autobiográfica. 
El Cuarteto Op. 60 se interpretó por primera vez en la casa del Dr. Billroth, gran amigo de Brahms y célebre cirujano, que llegó a dirigir el departamento de esa especialidad en la Universidad de Viena. Fue en Ziegelhausen el 17 de julio de 1875. Clara Chumann estuvo presente y, sin duda alguna, quedaría igual de conmovida que quedamos nosotros después de escuchar esta música desgarradora.

12 mar 2019

Juventud, Divino Tesoro

Richard Strauss
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! ..., que dijera el poeta Rubén Darío.
El 08 de diciembre de 1885 se estrena el Cuarteto para piano en Do menor Op. 13 de Richard Strauss. Obra de juventud en la que, con 21 años de edad, Strauss explora la gran forma tradicional para así poder dominarla y, posteriormente, aventurarse por otros caminos musicales. 
En 1882, Richard Strauss ingresó en la Universidad de Múnich para cursar estudios de Estética, Filosofía e Historia del Arte. Un año después, sus pasos se encaminan a Berlín, donde un Hans von Bülow fuertemente impresionado por la Serenata para instrumentos de viento compuesta por Strauss a los 16 años, le ofrece un puesto como director asistente. Strauss aprende el arte de la dirección de orquesta observando a su maestro Bülow en los ensayos. 
En este contexto, emprende Strauss la composición de su Cuarteto con piano, posiblemente su obra más ambiciosa y con la que ya va a emprender su despegue profesional.
Cuarteto para Piano en Do menor, Op. 13
Vienna Philharmonia Quintet.

El Cuarteto comienza con un "Allegro" muy elaborado y tempestuoso, logrando alcanzar una temperatura muy elevada... 
Le sigue un "Scherzo" que nos recuerda a la música de Schumann; eso si, con una figura en el piano ya decididamente "straussiana" y compuesto por una estructura clásica y un breve trío. 
En el "Andante" ya podemos apreciar la auténtica originalidad de Strauss; muy lírico, la melodía en este maravilloso movimiento pasa del piano a las cuerdas a la manera de Brahms; siendo el segundo tema, de nuevo, de carácter "scherzante". 
En el "Finale: Vivace", otra vez nos rememora a Schuman en el ritmo y en el juego de las síncopas, poseyendo la pasión y el entusiasmo de quien es ya sabedor de lo que puede atreverse.

24 ago 2017

La Sonata Apasionada

Budapest, 22 de diciembre de 1888. El violinista Jen Hubay y el compositor de la obra que nos ocupa al piano, van a interpretar, por primera vez, la tercera y última de las sonatas para piano y violín de Johannes Brahms. Esbozada en el verano de 1886, su conclusión se demoraría hasta el verano de 1888, durante una nueva estancia vacacional en el lago suizo de Thun. Johannes Brahms tiene 55 años cuando escribe esta auténtica obra maestra, que dedica a su amigo Hans von Bülow, aunque como hemos dicho no sería el violinista que la estrenó. Unos meses después, el 13 de febrero de 1889, Joachim y Brahms dieron a conocer la nueva sonata en Viena. Pero antes, como era su costumbre, el compositor envió el manuscrito a Clara Schumann, pidiéndole su parecer e incluyendo una nota reveladora de su inseguridad. "Si no te gusta cuando la toques no te molestes en hacérsela escuchar a Joachim". La respuesta de la viuda del creador de la Sinfonía Renana no se demoró: "Una vez más me has ofrecido un regalo maravilloso. El tercer movimiento me gusta más que ningún otro". A diferencia de las dos reposadas sonatas precedentes, el carácter apasionado y una vehemente intensidad expresiva presiden esta nueva obra para violín y piano, vertebrada sobre cuatro movimientos.

Sonata para violín y piano nº 3 en Re menor,  Op. 108
1.- Allegro alla breve. 2.- Adagio en Re mayor.
3.- Un poco presto e con sentimento en Fa sostenido menor. 4.- Presto agitato.
Itzhak Perlman, violín.
Daniel Barenboim, piano.

El primer movimiento, un Allegro alla breve en tiempo binario y tonalidad de Re menor, se inicia con una larga frase del violín en la que queda ya claramente definido el carácter inquieto y exaltado de todo el fragmento. El segundo tema, de naturaleza más melódica, es introducido por el piano.
Continúa la obra con un Adagio en Re mayor y compás de 3/8, basado en una expresiva melodía cantada con sencillez por el violín bajo el acompañamiento cómplice del piano. Una efusiva ensoñación, surgida de la pluma y el corazón de Brahms.
Apenas tres minutos para desarrollar el siguiente movimiento, un agitado movimiento, prescrito Un poco presto e con sentimento y cuya incisiva escritura modula a la tonalidad de Fa sostenido menor a través de un sincopado ritmo de ⅜ próximo al scherzo.
El poderoso influjo beethoveniano subyace en la tensión métrica de todo el último movimiento, un tumultuoso Presto agitato en Re menor y compás de 6/8. La forma sonata enmarca las líneas de este imponente final, cuyos arrolladores pentagramas agrupan 337 compases en los que se produce un fascinante dialogo entre ambos instrumentos.
Con esta “Sonata Apasionada”, completamos la trilogía que, comenzando con la “Sonata de la lluvia” y continuando con la “Sonata apacible”, escribiera, para violín y piano, Johannes Brahms.

4 ago 2017

La Sonata Apacible

Lago suizo de Thun
"Ninguna obra de Johannes me ha fascinado tan profundamente como esta sonata. Hacía mucho tiempo que no sentía semejante felicidad". Quien así se expresa es Clara Shumann al referirse a la que se trata de la más breve de las tres sonatas para violín de Johannes Brahms.
Creada en el verano de 1886, en la localidad de Hofstetten, durante unas vacaciones en esta plácida localidad ubicada a orillas del lago suizo de Thun, lo que dio pie a que fuera denominada en ocasiones como "Thuner-Sonate", la Sonata n.º 2 en La mayor, Op. 100 de Brahms fue estrenada el 2 de diciembre de 1886, en Viena, interpretada al violín por Joseph Hellmesberger y acompañado al piano por el propio compositor. La publicación tendría lugar un año más tarde, editada por Simrock.

Sonata para violín y piano nº 2 en La mayor, Op. 100
1.- Allegro amabile. 2.- Andante tranquillo en Fa mayor. Vivace en Re menor.
3.-Allegretto grazioso (quasi Andante).
Itzhak Perlman, violín.
Daniel Barenboim, piano.

El primer movimiento -Allegro amabile; 3/4- transcurre en la luminosa tonalidad de La mayor y sus tres pilares temáticos aparecen organizados de acuerdo a la tradicional forma sonata. 
El carácter ingrávido del Andante tranquillo (Fa mayor; 2/4) que abre el movimiento central establece una atmósfera de reposo y contemplación. El violín canta con dulzura una suave melodía que luego recoge el teclado. El idílico ambiente, de resonancias pastorales, es interrumpido por la aparición de la contrastada segunda sección del movimiento, un Vivace (Re menor; ¾) que esconde en sus pentagramas un caprichoso scherzo. El "sueño del poeta" retorna con la reexposición del Andante inicial, ahora en Re mayor. 
El Allegretto grazioso (quasi Andante) con el que concluye la sonata consta de tres secciones, para las que Brahms vuelve a recurrir, como en el primer movimiento, a la rica fuente temática de sus propios lieder. El ambiente sosegado y plácido se impone definitivamente a lo largo de una suerte de moderado rondó en 2/2 que se expande sobre la tonalidad de La mayor. Un final feliz, coronado por una escueta coda de 13 compases que se deleita en el apacible sentimiento que rezuma toda la obra.
Si a la primera de las sonatas la llamamos "La Sonata de la lluvia", esta, bien podríamos bautizarla como "La Sonata apacible".

19 may 2017

Espíritu Zíngaro

Johannes Brahms
"Las he concebido para cuatro manos; si las hubiera pensado para orquesta serían diferentes"
Así se expresaba Johannes Brahms en una carta dirigida a su editor Simrock, refiriéndose a sus Danzas Húngaras.
Sería en abril de 1853 cuando Johannes Brahms, con 20 años de edad, inicia una gira de conciertos acompañado por su amigo el violinista húngaro Reményi por toda Alemania..
Este sería el origen de la colección de 21 danzas que, posteriormente, escribiera Brahms entre los años comprendidos entre 1858 y 1869. Durante esta gira, también conocería al gran virtuoso del violín Joseph Joachim que, además de ser el destinatario de su primer concierto para violín y el primero en grabar en 1903 la primera de las Danzas Húngaras sobre el llamado Cilindro de Edison, fue quien le presentaría, en su día, a Robert Schumann.

Danzas Hungaras_Versión piano a cuatro manos
Katia y Marielle Labeque, piano.

Las Danzas Húngaras, en la versión inicial para piano a cuatro manos, obtuvieron un éxito inmediato y fueron publicadas en dos cuadernos las 10 primeras, mientras que las restantes 11 figuraron en otros dos cuadernos, de seis y cinco danzas respectivamente. Sería en 1874 cuando Brahms haría la transcripción para orquesta de las danzas 1, 3 y 10.
Las versiones sinfónicas, debidas a distintos arreglistas, son muy variadas. Joachim transcribió también algunas para violín con permiso de Brahms, quien siempre prefirió sobre todo la original, como se desprende de la carta anteriormente citada.

Danzas Hungaras_Versión Orquestal
Wiener Philharmoniker.
Claudio Abbado, director.

Encontramos en estas danzas, sin ningún atisbo de vulgaridad, todo el espíritu zíngaro, antes que propiamente húngaro. Pese al permanente metro de 2/4 no se advierte monotonía gracias a la habilidad del músico para captar los elementos danzables verbunkos, en particular los conectados con las csardas. Hay alternancia de tempi, bruscos cambios, aceleraciones progresivas, dislocamientos rítmicos, síncopas y, como señala Ménétrier, "apoyaturas y todos los ornamentos vocales esparcidos con profusión".

3 abr 2016

Sinfonía Disfrazada

Johannes Brahms
“Si el espíritu del piano anima las sinfonías de Beethoven, domina enteramente la música orquestal de Schumann y de Brahms”.
Así se expresaba Richard Strauss en un comentario hecho a raíz de su estudio acerca del tratado de instrumentación de Berlioz.
Esta afirmación, choca con la opinión, extendida y comúnmente aceptada, de que sería al contrario, es decir, de que el pianismo de Beethoven y Brahms, es eminentemente sinfónico.
Sea como fuera, lo del carácter pretendidamente sinfónico del piano de Johannes Brahms, viene, con seguridad, de la monumentalidad de sus planteamientos, del considerable rendimiento sonoro que obtiene del instrumento en las obras de gran formato como las Sonatas, de la abundancia de doblamientos y de la amplitud de las disposiciones, que por su densidad hacen pensar en la orquesta, sin que por ello haya de concluirse que ese es su origen.

Sonata para Piano nº 1 en Do mayor, Op.1
Kamerhan Turan, piano.

La Sonata en Do mayor, primera de las tres sonatas que escribiera Brahms y que es la obra que nos ocupa, en realidad fue compuesta después de su segunda sonata para para piano, sin embargo, la segunda fue publicada más tarde ya que Brahms reconoció la calidad superior de la escrita en Do mayor. Dedicada a Joseph Joachim e interpretada por primera vez en un concierto en Hamburgo en 1854, fue interpretada por Hans von Bülow y consta de cuatro movimientos; el primero es un Allegro cuyo primer tema recuerda vivamente, sobre todo por el ritmo, al motivo inicial de la Sonata, Op. 106, de Beethoven. Esta semejanza puede muy bien ser puramente casual, pero igualmente beethoveniano suena el breve desarrollo contrapuntístico sobre este motivo que sirve de transición hacia el segundo tema y que recuerda, irresistiblemente, ciertos pasajes de las últimas sonatas de Beethoven. Por cierto que la relación tonal en que se hallan los temas principales en esta Sonata de Brahms, Do mayor/La menor, es por completo inhabitual en el esquema del allegro de sonata clásico. El segundo movimiento, un breve Andante, está basado en una antigua canción alemana: Verstohlen geht der Mond auf (sigilosamente se eleva la luna), que Brahms creía se trataba de un tema amoroso y que, en realidad, había sido escrita por el dialectólogo germano Anton Wilhelm von Zuccalmaglio; tema al que siguen cuatro variaciones de tipo ornamental concebidas y realizadas con gran sencillez, de acuerdo con el carácter mismo de la melodía. Los dos últimos movimientos son un Scherzo de amplias proporciones y un Final cuya forma es, aproximadamente, la de un Rondó. Hay que subrayar el hecho de que el primer tema de este movimiento está directa y clarisísimamente emparentado con el del Allegro inicial.
Robert Schumann, que fue el que acuñó el término de sinfonías disfrazadas para referirse a las sonatas para piano de Brahms, al escuchar el primer movimiento de ésta, interrumpiendo al joven Johannes, gritó: "Clara, tiene que escuchar esto! y llamando gozosamente a su esposa, exclamó, preso de gran excitación: "Vas a escuchar una música que nunca has oído antes".


Kamerhan Turan
Kamerhan Turan (Ankara, Turquía 1965 - )

15 mar 2016

Un Réquiem Revolucionario

Luigi Cherubini
París, 21 de enero de 1817. En la basílica de Saint Denis va a tener lugar el estreno de una obra, que va a suponer un hito en el devenir de ese género dentro del periodo romántico. Se trata del Réquiem en Do menor de Luigi Cherubini. Su estructura y estilo, van a marcar la pauta para dos generaciones de compositores y va a anticipar las obras que, dentro del mismo estilo, acabarían componiendo Berlioz, Brahms y el propio Verdi.
Para conocer el origen de esta composición, hemos de trasladarnos a 1789. En ese año, que marcaría el comienzo de la Revolución Francesa, Cherubini fue nombrado director de una nueva compañía de ópera promovida por el entonces conde de Provenza, hermano del malogrado Luis XVI y que, con el devenir del tiempo, llegaría a convertirse en rey de Francia bajo el nombre de Luis XVIII. El movimiento revolucionario, que terminaría teniendo a la cabeza a un emperador, Napoleón I, se extendió hasta 1814, dos años después Luis XVIII instauraría la nueva monarquía, esta vez constitucional. Sería este monarca el que consideraría justo hacer un homenaje al único rey que fue decapitado en la revolución, siendo así que encargó a Luigi Cherubini para que compusiera, en honor y recuerdo de su hermano, el decapitado Luis XVI, una misa de difuntos.

Réquiem en Do menor
Orchestra Giovanile “Luigi Cherubini”
Riccardo Muti, director.

Escrito pues, y estrenado en memoria de Luis XVI, el primero de los dos Réquiem que compuso el músico italiano, consta de siete movimientos a los que el propio Cherubini le añadiría, cuatro años más tarde, una marcha fúnebre y un motete, que no suelen interpretarse.
El siglo XIX asistió, con este Réquiem, a la transformación de este género, que, tratándose eminentemente de una pieza de culto, pasó a convertirse en una de concierto; permitiendo así, que elementos musicales profanos se introdujeran en la composición de este tipo de obras. 
Escuchemos con veneración este Réquiem al que Beethoven profesaba tal admiración, que llegó a declarar que si alguna vez componía una obra similar, tomaría, sin duda, el de Cherubini como modelo.

Riccardo Muti
Riccardo Muti (Nápoles, 28 de julio de 1941 - )

16 oct 2015

La Sonata Libre

Antonín Dvorák
Primeras semanas del mes de marzo de 1880. Antonín Dvořák, se ha tomado un respiro en la composición de su Concierto para violín en la menor. Necesita aclarar sus ideas y buscar un desahogo creativo. Para ello, nada mejor que seguir componiendo, esta vez, una pieza de recogimiento y de austera emoción. Así nace su Sonata para violín y piano en fa mayor.
Dvořák disfrutó, con esta obra, de mayor libertad que en la de su referido concierto y se nota en la escritura encantadora de esta sonata. Para ambos empeños contó el compositor bohemio con el asesoramiento de Joseph Joachim, el gran virtuoso con el que había entablado relación a través de Brahms, amigo común de ambos. Joachim revisó ambas partituras, pero así como se ensañó al pedir modificaciones para el Concierto, tuvo, al parecer, poca intervención en la Sonata, que según cuenta el propio Dvořák, le gustó mucho. 
La obra sonó por primera vez en Berlín, en casa de Joachim y fue interpretada por el huésped y por el autor. Tras este primer estreno privado, su estreno  público, se le atribuye a Ferdinand Lachner, también con Dvořák sentado al piano. La partitura fue publicada en Berlín en el mismo año de 1880 por la firma Schlesinger.

Sonata para Violín y Piano en Fa mayor, Op 57
Josef Suk, violín.
Jan Panenka, piano.

En el momento de componer esta sonata, Dvořák tenía aún muy presentes las texturas, los ritmos cruzados y el tratamiento de los dos instrumentos de su admiradísimo amigo Brahms. Pero ya se puede percibir la emergente voz propia del compositor bohemio. El primer movimiento se inicia con el tema principal, con el piano respondiendo al violín en la segunda frase. El piano introduce el decidido segundo tema, material para el correspondiente desarrollo y posterior recapitulación. Es en el segundo movimiento, "Poco sostenuto", donde Dvořák exhibe su dominio del lirismo cantable. Dvořák mantiene la tensión musical con maestría en largas notas y en melodías elementales. La sonata acaba con un animado rondó, dotado de un enérgico tema de danza que encuadra episodios en tonalidades y caracteres contrastantes; pero estas danzas no desmienten el tono recogido que domina la obra, porque son danzas que invitan a mover más el espíritu que el propio cuerpo.

7 may 2015

La Sinfonía Disfrazada

Johannes Brahms
Düsseldorf, 1853. Johannes Brahms, con apenas 20 años de edad, está a punto de cerrar el ciclo de sonatas que en número de tres ha compuesto entre los años de 1852 y 1853. Las tres sonatas y en especial la que vamos a escuchar, la número tres, son obras monumentales en las que planea, sobre todo en esta última, la sombra de Ludwig van Beethoven. Curiosamente, el maestro hamburgués, no volvería a escribir ninguna otra sonata para piano en el resto de su vida.
La Sonata número tres, con número 5 de Opus y tonalidad en Fa menor, está dedicada a la condesa Ida von Hohenthal como agradecimiento por conseguir el puesto de profesor de música de los hijos de esta para el hermano de Johannes, Fritz Brahms y es la más extensa de las tres, ya que dispone de un tiempo más, cinco en total. Perfectamente simétrica, al estar relacionados los dos tiempos lentos por el material temático, podríamos decir que estamos ante la más brahmsiana de sus sonatas para piano, donde la voz personal del compositor, se manifiesta por primera vez con más soltura.
El Allegro maestoso inicial comienza enérgico, admirablemente construido y desarrollado, da una gran sensación de unidad, de intensa concentración. Sólo en sus obras de madurez volveremos a encontrar algo parecido.
El primer tiempo lento, un Andante, está encabezado con unos versos del poeta Sternau: La tarde declina, brilla el claro de luna, hay allí dos corazones unidos por el amor que se enlazan bienaventurados: se trata de un conmovedor nocturno que impresionó, entre otros, a Richard Wagner.


Sonata para piano en Fa menor, Op. 5, nº 3.
Wihelm Kempff, piano.

Le sigue un Scherzo de clara inspiración schumaniana, con un trío en lentos y anhelantes acordes.
El cuarto movimiento, lento de nuevo, titulado Intermezzo y subtitulado Rückblick, esto es, mirada hacia atrás, una especie de espectral marcha fúnebre por el amor perdido.
El Finale, con su tema principal tan ligado al del Scherzo, contiene en su tema secundario, como ha señalado con agudeza Constantín Floros, uno de esos guiños culturales que pasan absolutamente desapercibidos al no iniciado. Sus tres notas iniciales (Fa-La-Mi) se corresponden en la notación alfabética (F-A-E) con la divisa que Joseph Joachim, el gran violinista amigo de Brahms, hacía campear en sus cartas: Frei, abei íinsam, es decir, libre, pero solo. Escrito a la manera de un Rondó, el dramatismo de toda la Sonata en Fa menor es conducido beethovenianamente a un final victorioso, naturalmente en modo mayor.
Hasta aquí la última obra que Brahms presentaría a Robert Schumann para su comentario y de la que éste llegó a decir que se trataba, igual que las otras dos, de una "Sinfonía disfrazada".


Wilhelm Kempff
Wilhelm Kempff (Jüterbog, Alemania, 25 de noviembre de 1895 - Positano, Italia, 23 de mayo de 1991)







1 may 2015

El Cuarteto del Reencuentro

Antonín Dvořák
26 de marzo de 1895, Antonín Dvořák se encuentra en Estados Unidos, pero su corazón palpita con fuerza cuando piensa en el pronto regreso a su tierra natal checa. Tanto es así, que comienza los esbozos del que será su evocador Cuarteto número 14 en La bemol mayor. Obra que dejará, en esos momentos de lado y que concluirá posteriormente en Praga, entre noviembre y diciembre del mismo año y después de haber compuesto, entre tanto, su Cuarteto en Sol Mayor Op. 106.
El cuarteto en La bemol mayor, que lleva su número de opus 105, revela su entusiasmo por el reencuentro con su tierra natal, después del que fue su segundo viaje americano. Estrenado en Viena, el 10 de noviembre de 1896 por el conocido Cuarteto Rosé, en él, Dvořák nos ofrece una síntesis completa de su arte camerístico, de su cuidadoso oficio y maestría, manteniendo una asombrosa facilidad melódica en la que siempre basa la comunicación de su mensaje, con temas sencillos y de una arrolladora eficacia.

Cuarteto nº 14 en La bemol mayor, Op. 105.
1.- Adagio, ma non troppo - Allegro appassionato. 08:13
2.- Molto vivace. 06:19
3.- Lento e molto cantabile. 07:29
4.- Allegro, non tanto. 10:00
Smetana Quartet.

Precedido de una breve introducción, Adagio ma non troppo, el Allegro appassionato se basa en una idea de gran elegancia y fuerza lírica a la que se opone una segunda que se expone con insistencia. Flota en el aire el motivo inicial del famoso Octeto Op. 20 de Mendelssohn y el desarrollo ofrece imaginativas y felices evoluciones. 
El Molto vivace es uno de los mejores movimientos que escribió Dvorák del género scherzo. Se trata de un furiant pero de una sutileza rítmica inmaculada, con un trío en el que Dvorák se autocita, no literalmente, por medio de la canción de cuna de Julie del tercer acto de El jacobino, pasaje cuyas voces en canon, dice Sourek con lírica exaltación “hacen casi escuchar un coral de alondras sobre las praderas del sur de Bohemia, inundadas de sol”. 
El Lento e molto cantabile enuncia un tema plañidero con silencios expresivos; sigue otra melodía, del mismo talante pero dotada de mayor intensidad, donde se suceden mutaciones del material en las que hay evocaciones de las típicas transiciones de Brahms. Retorna la primera sección con un discurso evasivo que se disuelve en un amplio episodio de poética andadura. 
El último movimiento, Allegro non tanto, es un número extenso con una primera idea de aroma popular que se repite obstinadamente hasta que, después de un puente rítmico, aparece una segunda, asimismo provista de gran dinamismo y elasticidad; en lo que podría considerarse un desarrollo, se producen sustanciales cambios del material. La coda, exultante y controlada a la vez, pone una nota final de jovialidad.
He aquí el primer compositor checo que, inspirándose en el material folclórico de su tierra, tanto de carácter urbano como campesino, alcanzó el reconocimiento internacional. Amó intensamente a su patria e intentó expresar, con su música, sus aspiraciones, sus desilusiones históricas, sus mitos y sus leyendas.


Smetana Quartet
Smetana Quartet (1945 - 1989)

1 mar 2015

Los Preludios Monacales

Frédéric Chopin
Quince de diciembre de 1838. A la Real Cartuja de Valldemossa, bello monasterio ubicado en la isla de Mallorca que los monjes cartujanos han abandonado, muy a su pesar, hace tres años, llegan, huyendo del clima adverso de la capital parisina, Frédéric Chopin, George Sand y los hijos de esta, Maurice y Solange. Alquilan varias dependencias del monasterio, acomodándose en la celda número cuatro. A pesar de buscar con este traslado y contando con la suavidad del clima, una mejoría del reuma que aqueja a Maurice y tratar de aliviar la maltrecha salud de Chopin, sin embargo, este invierno está siendo especialmente de una gran crudeza en toda la isla. Chopin que se encuentra muy frágil y cada vez más enfermo, hace poco que se le ha diagnosticado la tuberculosis, prácticamente no sale de los muros cartujanos. Trabaja en unas lamentables condiciones y, sin embargo, este se convertirá en uno de los períodos más fecundos de su carrera como compositor. Aquí será donde termine los Preludios Op. 28 y culminará, también, los Nocturnos Op. 37, la Balada nº 2 Op. 38, el Scherzo nº 3 Op. 39 y las dos Polonesas Op. 40.
Los Preludios op. 28, que fueron publicados en 1839, son una de las colecciones más singulares de Chopin, siendo en ellos fácil de apreciar una clara alusión a los preludios del Clave bien temperado de Bach, obra que conocía nuestro músico polaco muy bien. Pero, al mismo tiempo, también puede vislumbrarse en ellos, una propuesta radicalmente nueva, en la que el preludio pierde su asociación con cualquier género, como la fuga, para adquirir una independencia como breve pieza, con su propia sustancia y significado. El planteamiento tonal de la colección chopiniana es diferente del de su predecesor alemán. Bach, ordena sus preludios y fugas por orden cromático ascendente desde Do hasta Si, alternando además cada tónica en modo mayor y menor. Chopin sigue el círculo de quintas desde Do mayor, pasando después a su relativo La menor; a continuación añade un sostenido y se sitúa en Sol mayor y en su relativo Mi menor, y así sucesivamente hasta recorrer el círculo completo en el sentido de las agujas del reloj, estando por tanto los dos últimos preludios en Fa mayor y Re menor. Se trata de la primera colección de preludios que se presenta como un ciclo de piezas con contenido autónomo, donde cada una de ellas puede subsistir aislada, contribuyendo, junto con Schumann, Mendelssohn, Liszt o Brahms, a la consolidación de un género fundamental en los siglos XIX y XX, el de la pieza corta. 

Preludios Op. 28
Vladimir Ashkenazy, piano

En la isla de Mallorca, nacieron preludios como el nº 2 y el nº 4 por los autógrafos datados allí, además de otros como el nº 10 y el nº 21. El planteamiento tonal y afectivo de los preludios produce fuertes contrastes entre los preludios impares y los pares a lo largo de todo el ciclo, y es difícil encontrar una “pareja” de preludios en mayor y menor en el que esto no sea evidente.
Cientos de miles de personas peregrinan cada año a las celdas de la cartuja donde Georg Sand y Chopin vivieron su particular historia de amor durante cincuenta y seis días. Ahora, nosotros, dejándonos llevar por la imaginación, trasladémonos a esa celda número cuatro. Cerremos los ojos y escuchemos el goteo incesante de la lluvia en sus tejados. ¿No lo oís?, Chopin está tocando su Preludio número 15 en Re bemol mayor...

Vladímir Áshkenazi
Vladímir Áshkenazi (Gorki, 06 de julio de 1937).