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16 abr 2017

¡Al Cielo con Él!

La Ascensión de Giotto
19 de mayo de 1735. Iglesia de Santo Tomás (Thomaskirche) de Leipzig. A la derecha del órgano, en una galería lateral, se encuentran dispuestos los instrumentos de madera, los metales y los timbales; a la izquierda, los instrumentos de cuerda pulsada. Johann Sebastian Bach, frente al coro, de espaldas a la congregación allí reunida, está a punto de dar la orden para que de comienzo la que va a ser su Cantata BWV 11. “Alabad a Dios en su Reino”.
Esta Cantata, junto a otras dos más, tiene la particularidad de que Bach le ha dado el nombre de Oratorio, como así figura en el manuscrito autófrafo: "Oratorium Festo Ascensionis Christi" es el nombre original de esta obra compuesta para cuatro solistas vocales, coro, tres trompetas, timbales, dos flautas, dos oboes, violines y violas al unísono, y continuo. En ella se narra la historia de la Ascensión de Cristo; y Bach, reutiliza música propia que ha sido creada con anterioridad.

Lobet Gott in seinen Reichen, BWV 11
(Himmelfahrtsoratorium
Monteverdi Choir. English Baroque Soloists
John Eliot Gardiner, director.

Como en el Oratorio de Navidad, Bach trata la declamación del Evangelio en estilo "secco", es decir, sin acompañamiento distinto del continuo. Los recitativos no bíblicos (III y VIII) están en accompagnato, con un uso muy ilustrativo de la pareja de flautas traverseras, que por momentos iluminan el texto. La fogosa alegría del coro inicial, "Alabad a Dios en sus reinos", y el tono suplicante de los violines en la primera aria, "Permanece, vida amada", se adaptan admirablemente al nuevo texto. La segunda de las arias, "Jesús, en todo momento veo tu mirada de gracia", al prescindir de los instrumentos del continuo, produce un efecto de liberación de los lazos terrenales. El primer coral (VI) es una sencilla armonización a cuatro voces, siendo el coral conclusivo, por el contrario, un soberbio movimiento concertante para todos los instrumentos, al que se incorpora el coro con la melodía del himno confiada a las sopranos y guardando una estrecha simetría con el principio de la Cantata.

31 mar 2017

El Oratorio de la Santa Cueva

Oratorio de la Santa Cueva
Cádiz, Viernes Santo. En el Oratorio de la Santa Cueva se encuentra todo preparado para que de comienzo la predicación de Las Siete Últimas Palabras que pronunció Cristo en la Cruz. Las paredes del recinto sacro, al igual que las ventanas y las columnas del mismo, se encuentran cubiertas con cortinas negras. Solamente una gran lámpara, suspendida del centro del habitáculo, rompe la buscada oscuridad. Es mediodía. Se cierran las puertas de la Santa Cueva y comienza a sonar la música. Después de un preludio, el Obispo sube al púlpito y recita la primera de las palabras, “Pater dimitte illis, non enim sciunt, quid faciunt” ("Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"). Posteriormente, comienza un sermón reflexionando sobre dicha palabra pronunciada y, al término del mismo, el Obispo se postra ante el altar, reanudándose de nuevo la música… Así, va transcurriendo la celebración hasta que finaliza la predicación de la última de las palabras.

Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz
(versión orquestal)
Le Concert des Nations.
Jordi Savall, director. 

1786 sería probablemente el año en el que Joseph Haydn recibió una carta escrita en latín, procedente de Cádiz y firmada por Francisco de Paula María de Micón, marqués de Méritos, en la que se le solicitaba la composición de una obra musical destinada a una celebración paralitúrgica muy especial: el ejercicio de las Tres Horas. La ceremonia, que tiene antecedentes en la reducciones jesuíticas americanas de mediados del XVII, se celebraba a mediodía del viernes santo y tenía por objeto la meditación sobre las frases que, según la tradición recogida en los evangelios, Cristo pronunció en la cruz. Lo que se quería de Haydn era un solemne oratorio para ese señalado día. La ceremonia dentro de la cual se interpretaría el oratorio venía descrita con todo detalle, y se pedía a Haydn que lo tuviera en cuenta. El encargo estaba descrito con tal minuciosidad que el propio Haydn lo recuerda en el préambulo que antecede a las diversas ediciones y versiones de la obra. Después de una introducción instrumental se pronunciarían siete sermones de unos diez minutos, tras cada uno de los cuales se debía escuchar un adagio o un largo de duración similar, que invitara a la meditación ante la imagen de un crucificado que se levantaba en medio de la iglesia. Palabras y música irían alternando, y se debía acabar con la representación musical del terremoto que siguió a la crucifixión.

Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz
(versión cuarteto de cuerdas)
Tatrai Quartet.

Al año siguiente, en 1787, publicó un arreglo para cuarteto y autorizó también la publicación de una reducción para teclado. La versión de oratorio –sobre textos de Joseph Friebert corregidos por el barón Gottfried van Swieten y el propio Haydn, fue escrita posiblemente en 1795, y estrenada en Viena en 1796. Por su parte, Sigismund Neukomm, alumno de Haydn y uno de los más activos difusores de su obra, publicaría en Viena en 1804, en la imprenta de Tranquillo Mollo, una reducción de esta última versión para voces y teclado (tanto el pianoforte como el cémbalo son nombrados en la partitura), con el texto traducido al italiano.


Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz
(versión piano)
Chiara Bertoglio, piano.

Las siete palabras era una obra especialmente querida por Haydn. En una carta que envía a uno de sus editores ingleses ofreciéndole la versión orquestal y explicándole el trabajo dice: “Cada sonata o movimiento está solamente expresado por medio de una música instrumental de tal tipo que provoca la más profunda emoción del alma, incluso en la persona más sencilla. El trabajo entero dura poco más de una hora, pero ha de haber una pequeña pausa tras cada sonata, de modo que uno pueda reflexionar sobre el texto que sigue”.

Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz
(versión coral)
Sandrine Piau, soprano; Ruth Sandhoff, alto; Robert Getchell, tenor; Harry van der Kamp, bajo
Accentus, choir & Akademie für Alte Musik
Laurence Equilbey, director.