Italia. Finales del siglo XIX. La ópera está dominada por el gigantesco Giuseppe Verdi y, al mismo tiempo, una nueva corriente cruda y pasional llamada verismo (con Puccini, Mascagni y Leoncavallo) empieza a empujar con fuerza. En medio de este choque de trenes musicales se encuentra Alfredo Catalani, un compositor con una sensibilidad única, atrapado entre la tradición de su país y su fascinación por el misticismo alemán de Richard Wagner. Su vida fue breve, intensa y marcada por una melancolía que se trasladó directamente a sus partituras.
"Misa en Mi menor"
Capella Santa Cecilia della Cattedrale di Lucca.
Orchestra lirico sinfonica del Teatro del Giglio di Lucca.
Gianfranco Cosmi, director.
Alfredo Catalani nació el 19 de junio de 1854 en Lucca, una ciudad de la Toscana con una inmensa tradición musical (curiosamente, la misma ciudad natal de Giacomo Puccini). De familia de músicos, Catalani demostró un talento precoz. Tras iniciar sus estudios en su ciudad natal, se mudó a París y luego al Conservatorio de Milán. A diferencia de sus contemporáneos italianos, que buscaban el drama popular y directo en las calles, Catalani se sentía irremediablemente atraído por las leyendas nórdicas, las brumas del río Rin y los mundos fantásticos. Esto se notó enseguida en sus primeras obras importantes, como Elda (1880) y, muy especialmente, Loreley (1890), una ópera envuelta en romanticismo fantástico que narra la historia de la mítica ondina del Rin.
Loreley_Danza Delle Ondine.
London Symphony Orchestra.
Richard Bonynge, director.
El punto culminante de su carrera llegó en 1892 con el estreno de su obra maestra absoluta: La Wally. Ambientada en los Alpes tiroleses, la ópera cuenta la historia de una mujer fuerte e independiente que prefiere enfrentarse a la nieve antes que casarse por obligación. Es en esta obra donde brilla su página más inmortal, el aria "Ebben? Ne andrò lontana" (¿Y bien? Me iré lejos), una pieza de una belleza desgarradora que seguro has escuchado alguna vez (y que el cine popularizó magistralmente en la película de culto Diva de 1981).
"La Wally_¿Y bien?... Me iré lejos"
Maria Callas, soprano.
Philharmonia Orchestra.
Tullio Serafin, director.
Sin embargo, la vida no se lo puso fácil. Catalani y Puccini mantuvieron una rivalidad silenciosa pero tensa. Compartían la misma ciudad natal, el mismo editor (el poderoso Giulio Ricordi) y el mismo mercado. Ricordi, un lince para los negocios, apostó fuertemente por Puccini, dejando a Catalani a menudo en un segundo plano, algo que amargaba al compositor. Catalani llegó a escribir en una carta a un amigo, reflejando su frustración con el enfoque comercial de la época: "Hoy en día, en Italia, si no escribes música con un puñal en la mano o sangre en el escenario, parece que no estás haciendo verdadera ópera. Si Ricordi no le daba todo el apoyo, Catalani encontró a su mayor aliado en el legendario director de orquesta Arturo Toscanini. Toscanini consideraba que Catalani era un genio incomprendido, con una orquestación muy superior a la de muchos de sus rivales. De hecho, la conexión de Toscanini con la música de Catalani era tan profunda y personal que bautizó a su propia hija con el nombre de Wally, en honor a la heroína de la ópera del compositor.
"La Wally_Acto IV Preludio"
NBC Symphony Orchestra.
Arturo Toscanini, director.
Por desgracia, el destino cortó las alas de Catalani cuando estaba en su madurez creativa. Aquejado de tuberculosis desde hacía años, una violenta hemoptisis (sangrado pulmonar) acabó con su vida en Milán el 7 de agosto de 1893, con tan solo 39 años. Murió joven, sin llegar a ver el cambio de siglo, pero dejó un legado de óperas bellas, refinadas y de una atmósfera poética inolvidable que demostraron que en la Italia del siglo XIX también había espacio para el misterio y la ensoñación.
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