Con un destino desconocido, pero sin duda escrito para el uso fúnebre al igual que el BWV 228, el Motete BWV “Komm, Jesu, Komm” (Ven, Jesús, ven) de Johann Sebastian Bach, del que se desconoce su fecha de creación aunque se cree que fue escrito entre 1723 y 1734, posee un sentido antiguo y tradicional. Concebido para dos coros, nos encontramos ante un motete en la más antigua acepción del término, modelándose cada segmento musical sobre una frase y articulándose entre ellas las diferentes partes, creando un todo unitario.
Estilos homofónicos redondos, imitaciones a modo de pregunta-respuesta, repartidos en ambos coros para terminar todos juntos al unísono, buscando el equilibrio siempre magistral de nuestro dios Bach; partes fugadas “… der saure Weg”, en un contrapunto a ocho voces o los cambios de estilo propiciados por la estética diferente de cada uno de los coros no exentos de una extrema dificultad. Un epílogo intitulado “aria” termina el motete. En realidad se trata de un coral a cuatro partes con los dos coros fundiéndose en uno solo y cuya melodía no se corresponde con ningún coral del repertorio de la Iglesia Luterana sino que procede del mismo Bach.
Komm, Jesu, Komm BWV 229
Collegium Vocale Gent.
Philippe Herreweghe, director.
1. Coro I – II (P. Thymich, 1697): Komm, Jesu, komm, mein Leib ist müde, die Kraft verschwindt je mehr und mehr, ich sehne mich nach deinem Frieden; der saure Weg wird mir zu schwer. Komm, komm, ich will mich dir ergeben, du bist der recht Weg, die Wahrheit und das Leben.
Ven, Jesús, ven, mi cuerpo está cansado, mis fuerzas flaquean más y más, siento anhelo de tu paz; el amargo curso de la vida se me hace demasiado duro. Ven, ven, quiero abandonarme a ti, tú eres el camino recto, la verdad y la vida.
2. Coral (P. Thymich, 1697): Drum schliess ich mich in deine Hände und sage, Welt zu gutter Nacht! Eilt gleich mein Lebenslauf zu Ende, ist doch der Geist wohl angebracht, er soll bei seinem Schöpfer schweben, weil Jesus ist und bleibt der wahre Weg zum Leben.
Por ello me entrego a tus manos y digo al mundo: ¡buenas noches! Cuando el curso de mi vida llegue a su fin, mi alma se hallará dispuesta y se elevará hacia su Creador, pues Jesús es y seguirá siendo el verdadero camino hacia la vida.
18 de julio de 1723. Nuevamente, como pasara con el Motete BWV 226, éste que nos ocupa se canta en un funeral. En este caso la finada es Johanna-Maria Rappold, muerta el 29 de junio, hija del rector de San Nicolás y viuda del consejero municipal y alto cargo en la administración de Correos Johann Jakob Kees.
Estamos ante uno de los primeros compromisos de Bach al aceptar sus responsabilidades en Leipzig. Seguramente, su empeño por causar buena impresión le llevó a la elaboración de este extenso motete, el más largo de los compuestos por Bach, lo forman once movimientos y utiliza la melodía del tan conocido coral “Jesu, meine Freude”.
El Motete BWV 227 “Jesu, meine Freude”, de elaborada estructura simétrica a cinco voces, está compuesto por dos ciclos; el primero de ellos, una compilación de textos de un coral de Johann Franck, que ocupan los números impares y dónde se nos habla del adiós del cuerpo a la vida terrena; el segundo, una selección de distintos versículos de una epístola de San Pablo a los romanos, que se imbrican entre aquellos y que exhorta al alma a vivir según el Espíritu de Dios.
“Jesu, meine Freude”, se estructura de la siguiente manera:
Primera sección: primera estrofa del coral de Franck que Johann Crüger musicara en 1653 y que Bach armoniza sencillamente a cuatro voces.
Segunda sección: destaca la triple repetición de la palabra "nichts"(nada), procedimiento barroco frecuentemente utilizado para resaltar una palabra, aquí reforzada por silencios dramáticos y una declamación silábica.
Tercera sección: la segunda estrofa del coral presenta también la melodía de Crüger, armonizada ahora a cinco voces.
Cuarta sección: la utilización de las tres voces superiores, es interpretada por algunos autores como un modo de representar levedad, ligereza, falta de ataduras, liberación de todo lo que empuja y arrastra hacia abajo, hacia la ley del pecado.
Quinta sección: versión muy elaborada de la música del coral donde la melodía de Crüger sobrevive en esta tercera estrofa del texto de Franck, a pesar de las interrupciones de las fuerzas del mal de las que habla el texto.
Sexta sección: el Espíritu vence a la carne en una fuga a cinco voces, en la tonalidad de sol mayor. Marca el punto central de toda la obra.
Séptima sección: bajo el cantus firmus entonado por la soprano, las otras voces comentan que “el sufrimiento, la miseria, el oprobio” no conseguirán apartar al alma fiel de Jesús.
Octava sección: verso de San Pablo en el que se nos habla de que “el Espíritu es Vida”.
Novena sección: quinta estrofa del coral de Franck, enfatizando sobre la idea del adiós al mundo, al pecado y a todo lo que aleje del Espíritu fiel de Jesús.
Décima sección: parodia de la segunda, confiere aún mayor solidez a la simetría de la estructura general de la obra.
Undécima sección: la última estrofa del coral nos devuelve a la simpleza armónica del comienzo, pues escuchamos ahora la misma melodía del coral con exactamente la misma armonización, cerrándose de este modo una perfecta simetría.