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8 ene 2017

El Réquiem de Jean Guilles

Jean Guilles
El Réquiem o “Misa de difuntos” del francés Jean Guilles, presenta algunas dudas sobre su fecha de composición y objeto. Parece ser que fue encargada al compositor por el Capitolio de la ciudad de Tolouse, ciudad en cuya catedral de St. Etienne ocupaba Jean Guilles, sucediendo a André Campra, el puesto de maestro de música.
Nacido en Tarascón el 08 de enero de 1668, Jean Guilles sucedió a Guillaume Poitevin, su instructor, como maestro de música en Aix-en Provance. Su música está inspirada, como la mayoría de los músicos de su época, en la de André Campra (1660-1744). Según cuenta en sus cartas, acerca de los hombres famosos del reinado de Louis XIV Louis-Pierre Aquino, probablemente Jean Guilles hubiera sido el sustituto de Michel-Richard Delalande (1657-1726) como director de la orquesta de la corte, si hubiera vivido más tiempo, ya que fallecería el 05 de febrero de 1705, con tan sólo 37 años de edad.

"Réquiem"
Agnes Mellon, soprano. Howard Crook, tenor.
Herve Lamy, tenor. Peter Kooy, bajo.
Coro y Orquesta de La Chapelle Royale.
Philippe Herreweghe, director.

Continuando con “nuestro” Réquiem, su historia adquiere tintes un poco macabros, como por otra parte corresponde a este tipo de género. Resulta que, ya terminada la obra, se negaron a pagarle el dinero estipulado y Jean Guilles retiró la obra, sentenciando que sólo sería escuchada en su propio funeral. El cruel destino quiso que este hecho ocurriera poco después, ya que el compositor murió casi inmediatamente después de estos hechos.
Antes de tan trágico evento, los nietos de Luis XIV, los duques de Borgoña y de Berry, visitaron Toulouse; para esta ocasión fue ejecutada música de Gilles, con el consecuente beneficio para el prestigio del compositor. Tal vez por eso, el Réquiem o Messe des morts, llegó a ser una de las músicas más famosas en la Francia de su tiempo y resultó, de ejecución casi obligada, en las ceremonias fúnebres importantes. Tanto es así que fue ejecutada en los funerales de Rameau y del mismísimo Luis XV.
Al igual que en sus últimas obras la escritura coral de la Misa presenta un curioso equilibrio entre la polifonía y de la declamación homofónica. Sus bien construidos y expresivos coros fugados contribuyen sustancialmente a sostener la estructura de la obra. Así por ejemplo, en esta Misa con texturas de danza, el fugado Réquiem eternam corona un desarrollo polifónico que ha ido trabajando gradualmente a lo largo de toda la composición.

15 mar 2016

Un Réquiem Revolucionario

Luigi Cherubini
París, 21 de enero de 1817. En la basílica de Saint Denis va a tener lugar el estreno de una obra, que va a suponer un hito en el devenir de ese género dentro del periodo romántico. Se trata del Réquiem en Do menor de Luigi Cherubini. Su estructura y estilo, van a marcar la pauta para dos generaciones de compositores y va a anticipar las obras que, dentro del mismo estilo, acabarían componiendo Berlioz, Brahms y el propio Verdi.
Para conocer el origen de esta composición, hemos de trasladarnos a 1789. En ese año, que marcaría el comienzo de la Revolución Francesa, Cherubini fue nombrado director de una nueva compañía de ópera promovida por el entonces conde de Provenza, hermano del malogrado Luis XVI y que, con el devenir del tiempo, llegaría a convertirse en rey de Francia bajo el nombre de Luis XVIII. El movimiento revolucionario, que terminaría teniendo a la cabeza a un emperador, Napoleón I, se extendió hasta 1814, dos años después Luis XVIII instauraría la nueva monarquía, esta vez constitucional. Sería este monarca el que consideraría justo hacer un homenaje al único rey que fue decapitado en la revolución, siendo así que encargó a Luigi Cherubini para que compusiera, en honor y recuerdo de su hermano, el decapitado Luis XVI, una misa de difuntos.

Réquiem en Do menor
Orchestra Giovanile “Luigi Cherubini”
Riccardo Muti, director.

Escrito pues, y estrenado en memoria de Luis XVI, el primero de los dos Réquiem que compuso el músico italiano, consta de siete movimientos a los que el propio Cherubini le añadiría, cuatro años más tarde, una marcha fúnebre y un motete, que no suelen interpretarse.
El siglo XIX asistió, con este Réquiem, a la transformación de este género, que, tratándose eminentemente de una pieza de culto, pasó a convertirse en una de concierto; permitiendo así, que elementos musicales profanos se introdujeran en la composición de este tipo de obras. 
Escuchemos con veneración este Réquiem al que Beethoven profesaba tal admiración, que llegó a declarar que si alguna vez componía una obra similar, tomaría, sin duda, el de Cherubini como modelo.

Riccardo Muti
Riccardo Muti (Nápoles, 28 de julio de 1941 - )

5 dic 2015

La Luz sin Fin

Wolfgan Amadeus Mozart
Octubre de 1791, Constanze lleva unas semanas bastante preocupada. Su esposo no se encuentra bien; con la tez demudada, una blanca palidez se dibuja en su rostro, preso de una acusada debilidad y con una delgadez cada vez más acentuada, su aspecto no le presagia nada bueno. Además, en una de sus conversaciones, le ha asegurado que la música que está escribiendo va a ser para su propio funeral, ya que, le ha llegado a confesar, está convencido de que le están envenenando...
La obra que obsesiona de tal manera a Wolfgan Amadeus Mozart, es una Misa de Réquiem que le ha encargado un personaje misteriosamente vestido de negro y cubierto con una máscara para que no se le reconozca... 
Constanze, viendo que su marido se encuentra en una postración cada vez mayor, decide y consigue alejarlo de la composición del Réquiem y, durante algún tiempo, la salud de Mozart parece mejorar. Compone, mientras tanto, una cantata para los masones, la Kleine Freimaurer-Kantate, que él mismo dirige en su estreno. Pero la idea del Réquiem no se le va de la cabeza. Obsesionado como está con la muerte, sobre todo a partir del fallecimiento de su padre, retoma finalmente su composición...


Requiem en Re menor, K. 626
Teresa Stich-Randall, soprano. Ira Malaniuk, contralto.
Waldemar Kmentt, tenor. Kurt Böhme, bajo.
Wiener Staatsopernchor. Wiener Symphoniker.
Karl Böhm, director.

A finales de 1791, Mozart, se ve obligado a guardar cama. Tiene las manos y los pies muy inflamados, impidiéndole cualquier tipo de movilidad. La situación, ya de por sí alarmante, empeora con un ataque de vómitos, fiebre y diarrea. Tal es su incapacidad, que hay que ayudarle cada vez que quiere sentarse. Está tan tumefacto, que su cuñada Sophie Haibel le ha hecho un camisón para dormir que puede ponerse por delante, para ahorrarle así sufrimientos a la hora de moverse. Cari Thomas Mozart, el hijo mayor que tenía por aquel entonces siete años, nos deja un relato estremecedor: "pocos días antes de que mi padre muriese, todo su cuerpo se hinchó tanto que era incapaz de hacer el más pequeño movimiento; además, había un hedor propio de descomposición interna que después del fallecimiento fue tal, que hizo imposible la autopsia". 
A pesar de su manifiesta debilidad, el día de su muerte, aún le quedan fuerzas para cantar la parte de contralto en un ensayo de las secciones finalizadas del Réquiem, para luego dar instrucciones a su alumno Süssmayr sobre cómo debía terminar la obra.
Mozart, estuvo consciente hasta dos horas antes de morir. Por la noche le subió la fiebre y el doctor Ciosset le practicó una sangría, pidiéndole a Sophie Haibel que le aplicara una toalla fría en su frente. Eso le provocó un ligero temblor. Mozart perdió el conocimiento y murió dos horas después, a las 00:55 horas del 05 de diciembre de 1791.
Más tarde se sabría que el encargo del Réquiem, fue hecho por Franz Anton Leitgeb, secretario del conde Franz von Walsegg zu Stuppach, cuya esposa había muerto el 14 de Enero de 1791 y que, en su pretensión de hacerse pasar por compositor, copiaba las partituras de famosos músicos de su propio puño y letra para entregarlas después a la orquesta de su castillo y ser interpretadas. El Réquiem, serviría para rendir homenaje a su joven esposa fallecida.


Karl Böhm
Karl Böhm (Graz, 28 de agosto de 1894 - Salzburgo, 14 de agosto de 1981)

4 nov 2014

Dos amigos y un Réquiem.

Gabriel Fauré
"Se ha dicho que mi Réquiem no expresa el miedo a la muerte, y ha habido quien lo ha llamado "un arrullo de la muerte". Pues bien, es que así es como yo veo la muerte, como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia. La música de Gounod ha sido criticada por su sobre inclinación hacia la ternura humana, pero su naturaleza le predispone a sentirlo de esa manera. La emoción religiosa toma esta forma dentro de sí. ¿No es necesario aceptar la naturaleza del artista? En cuanto a mi Réquiem, quizás también he querido yo escapar del pensamiento más habitual, ¡después de tantos años acompañando al órgano servicios fúnebres! Lo sé todo gracias al corazón. Yo quise escribir algo diferente."
Así se expresaba Gabriel Fauré, refiriéndose a la obra que nos ocupa, el Réquiem en Re menor. 

Réquiem en Re menor, Op. 48.
1.- Introit et Kyrie 2.- Offertoire 3.- Sanctus 4.- Pie Jesu 
5.- Agnus Dei et Lux Aeterna 6.- Libera Me 7.- In Paradisum
The Cambridge Singers. Members of the City of London Sinfonía. 
John Rutter, director.

En un viaje a Londres realizado en 1898 con el fin de dirigir el estreno de su "Pelléas et Mélisande", Fauré, conoció a Edward Elgar, primer compositor británico moderno cuyas obras corales y orquestales adquirieron fama internacional. Inmediatamente se creó entre ellos una corriente de simpatía, siendo el mismísimo Elgar, católico practicante, quién animara a Fauré a orquestar el Réquiem para su estreno en Londres. La primera versión, escrita en 1887 para soprano, barítono, coro y órgano, fue interpretada en la Madelaine en 1888. Posteriormente, en 1890, Fauré revisó la obra y, ante la imposibilidad de hacerla interpretar, la archivó en un cajón. La orquestación fue terminada en 1900 y, al poco tiempo, fue publicada su partitura por Hamelle. Lamentablemente para Gabriel Fauré y pese a los esfuerzos realizados por su amigo Elgar, el Réquiem orquestado no se pudo estrenar.
Sería en 1924, como consecuencia de la muerte de Fauré, cuando se interpretó la obra utilizando la versión original de 1890, para voces y órgano.
Doce años después, en 1936, y a dos años de la muerte de Elgar, tuvo lugar el estreno del Réquiem en su versión orquestal. Se llevó a cabo en Londres, bajo la batuta de Nadia Boulanger, quien también dirigiría el estreno parisino semanas después. La compositora, pianista, organista, directora de orquesta, intelectual y profesora que formó y enseñó a muchos de los grandes compositores del siglo XX, la gran Nadia, dijo al respecto:
“Nada más puro o lleno de claridad en su definición había sido concebido con anterioridad. Ningún elemento externo altera la sobriedad y expresión de pesar algo severa; nada provoca que su profundo carácter meditativo sea alterado, ninguna duda restringe la gentileza y ternura de esta música.” 
He aquí la grandeza de una obra magna, maravillosa e inmortal, creada por alguien que se declaró siempre como agnóstico. Un no creyente que respetaba las creencias de los demás.

John Rutter
John Rutter (Londres, 24 de septiembre de 1945- ).