Mostrando entradas con la etiqueta Hector Berlioz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hector Berlioz. Mostrar todas las entradas

28 may 2017

El Señor del Viento

Anton Reicha
Nacido en Praga un 26 de febrero de 1770, el compositor que os presento, fue un flautista, compositor y teórico musical checo que, posteriormente, se nacionalizó francés.
Huérfano de padre a temprana edad, fue criado por su tío de nombre Josef en Bonn, donde iniciaría su carrera musical estudiando junto al gran Beethoven y donde se convertiría, primero en flautista y luego en director de orquesta.
Anton Reicha, compositor al que nos referimos, en 1794, se establece en Hamburgo donde trabaja como profesor, llegando a publicar dos óperas que no tuvieron muy buena acogida entre el público y crítica. Allí permanece durante cinco años. En 1799 lo encontramos en París y en 1802 en Viena, donde traba amistad con Beethoven y Haydn, recibiendo clases de éste último. En 1808 vuelve a París donde se convierte en profesor del Conservatorio y donde acaba por adquirir la nacionalidad francesa en 1829.
Tuvo entre sus alumnos a Berlioz, Listz, Adam, Franck, Marmontel, Dancla, Gounod y Massé, entre otros. Fue nombrado caballero de la Legión de Honor. Como compositor, tuvo una gran habilidad para crear melodías, abarcando sus obras todos los géneros, desde la ópera al lied y, pese a su estilo clásico general, logra en sus últimas obras incorporar elementos románticos. Reicha fue un renovador en el arte de la armonía que prestó una especial atención a la fuga y al contrapunto, a pesar de que entonces ya se encontraban en desuso.

Cuarteto Sinfónico, Op. 12
1.- Allegro. 2.- Andante. 3.- Menuet. 4.- Finale.
Maja Ćorić, Martina Faktor, Ivana Dročić, Dunja Stojić.

La aportación de Reicha al quinteto de viento tradicional –flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa– es bien conocida por su maestría en la escritura instrumental. La existencia de este cuarteto para cuatro flautas, obra que os presento, debe considerarse como una incursión algo experimental, en la que por supuesto no cabe encontrar lo que más apreciaban sus contemporáneos, las extraordinarias combinaciones de instrumentos de timbres aparentemente opuestos. Pero que Reicha compusiera una obra de esta naturaleza tampoco es tan raro, pues la flauta era uno de los instrumentos que tocaba, además del violín y el piano. Este Cuarteto en re mayor op. 12 fue escrito en Hamburgo, entre los años de 1796 y 1798, antes de que Reicha pasara a París, y fue publicado en la Magazine de Musique de Brunswick. Muchas de las características del estilo de Reicha están presentes en el Cuarteto, su idioma clásico, la firmeza tonal, todos los movimientos en la tonalidad principal, menos el obligado contraste del tiempo lento en sol, ofreciendo elementos del folclore y un marcado gusto por la melodía.


Cuarteto Sinfónico, Op. 12
1.- Allegro. 2.- Andante. 3.- Menuet. 4.- Finale.
Sir James Galway, Robert Langevin, Denis Bouriakov, Stefán Höskuldsson.

Anton Reicha, falleció el 28 de mayo de 1836 en París, ciudad donde fue muy apreciado como teórico, profesor y compositor. De su abundante catálogo (óperas, sinfonías, conciertos, cantantas...) apenas si se escuchan en la actualidad algunas obras de cámara, especialmente aquellas en las que intervienen instrumentos de viento, cuyo "juego" siempre dominó a la perfección.

3 abr 2016

Sinfonía Disfrazada

Johannes Brahms
“Si el espíritu del piano anima las sinfonías de Beethoven, domina enteramente la música orquestal de Schumann y de Brahms”.
Así se expresaba Richard Strauss en un comentario hecho a raíz de su estudio acerca del tratado de instrumentación de Berlioz.
Esta afirmación, choca con la opinión, extendida y comúnmente aceptada, de que sería al contrario, es decir, de que el pianismo de Beethoven y Brahms, es eminentemente sinfónico.
Sea como fuera, lo del carácter pretendidamente sinfónico del piano de Johannes Brahms, viene, con seguridad, de la monumentalidad de sus planteamientos, del considerable rendimiento sonoro que obtiene del instrumento en las obras de gran formato como las Sonatas, de la abundancia de doblamientos y de la amplitud de las disposiciones, que por su densidad hacen pensar en la orquesta, sin que por ello haya de concluirse que ese es su origen.

Sonata para Piano nº 1 en Do mayor, Op.1
Kamerhan Turan, piano.

La Sonata en Do mayor, primera de las tres sonatas que escribiera Brahms y que es la obra que nos ocupa, en realidad fue compuesta después de su segunda sonata para para piano, sin embargo, la segunda fue publicada más tarde ya que Brahms reconoció la calidad superior de la escrita en Do mayor. Dedicada a Joseph Joachim e interpretada por primera vez en un concierto en Hamburgo en 1854, fue interpretada por Hans von Bülow y consta de cuatro movimientos; el primero es un Allegro cuyo primer tema recuerda vivamente, sobre todo por el ritmo, al motivo inicial de la Sonata, Op. 106, de Beethoven. Esta semejanza puede muy bien ser puramente casual, pero igualmente beethoveniano suena el breve desarrollo contrapuntístico sobre este motivo que sirve de transición hacia el segundo tema y que recuerda, irresistiblemente, ciertos pasajes de las últimas sonatas de Beethoven. Por cierto que la relación tonal en que se hallan los temas principales en esta Sonata de Brahms, Do mayor/La menor, es por completo inhabitual en el esquema del allegro de sonata clásico. El segundo movimiento, un breve Andante, está basado en una antigua canción alemana: Verstohlen geht der Mond auf (sigilosamente se eleva la luna), que Brahms creía se trataba de un tema amoroso y que, en realidad, había sido escrita por el dialectólogo germano Anton Wilhelm von Zuccalmaglio; tema al que siguen cuatro variaciones de tipo ornamental concebidas y realizadas con gran sencillez, de acuerdo con el carácter mismo de la melodía. Los dos últimos movimientos son un Scherzo de amplias proporciones y un Final cuya forma es, aproximadamente, la de un Rondó. Hay que subrayar el hecho de que el primer tema de este movimiento está directa y clarisísimamente emparentado con el del Allegro inicial.
Robert Schumann, que fue el que acuñó el término de sinfonías disfrazadas para referirse a las sonatas para piano de Brahms, al escuchar el primer movimiento de ésta, interrumpiendo al joven Johannes, gritó: "Clara, tiene que escuchar esto! y llamando gozosamente a su esposa, exclamó, preso de gran excitación: "Vas a escuchar una música que nunca has oído antes".


Kamerhan Turan
Kamerhan Turan (Ankara, Turquía 1965 - )

15 mar 2016

Un Réquiem Revolucionario

Luigi Cherubini
París, 21 de enero de 1817. En la basílica de Saint Denis va a tener lugar el estreno de una obra, que va a suponer un hito en el devenir de ese género dentro del periodo romántico. Se trata del Réquiem en Do menor de Luigi Cherubini. Su estructura y estilo, van a marcar la pauta para dos generaciones de compositores y va a anticipar las obras que, dentro del mismo estilo, acabarían componiendo Berlioz, Brahms y el propio Verdi.
Para conocer el origen de esta composición, hemos de trasladarnos a 1789. En ese año, que marcaría el comienzo de la Revolución Francesa, Cherubini fue nombrado director de una nueva compañía de ópera promovida por el entonces conde de Provenza, hermano del malogrado Luis XVI y que, con el devenir del tiempo, llegaría a convertirse en rey de Francia bajo el nombre de Luis XVIII. El movimiento revolucionario, que terminaría teniendo a la cabeza a un emperador, Napoleón I, se extendió hasta 1814, dos años después Luis XVIII instauraría la nueva monarquía, esta vez constitucional. Sería este monarca el que consideraría justo hacer un homenaje al único rey que fue decapitado en la revolución, siendo así que encargó a Luigi Cherubini para que compusiera, en honor y recuerdo de su hermano, el decapitado Luis XVI, una misa de difuntos.

Réquiem en Do menor
Orchestra Giovanile “Luigi Cherubini”
Riccardo Muti, director.

Escrito pues, y estrenado en memoria de Luis XVI, el primero de los dos Réquiem que compuso el músico italiano, consta de siete movimientos a los que el propio Cherubini le añadiría, cuatro años más tarde, una marcha fúnebre y un motete, que no suelen interpretarse.
El siglo XIX asistió, con este Réquiem, a la transformación de este género, que, tratándose eminentemente de una pieza de culto, pasó a convertirse en una de concierto; permitiendo así, que elementos musicales profanos se introdujeran en la composición de este tipo de obras. 
Escuchemos con veneración este Réquiem al que Beethoven profesaba tal admiración, que llegó a declarar que si alguna vez componía una obra similar, tomaría, sin duda, el de Cherubini como modelo.

Riccardo Muti
Riccardo Muti (Nápoles, 28 de julio de 1941 - )

20 ago 2015

Rincones de Vida y Muerte

Hector Berlioz
Théophile Gautier acaba de publicar su poema titulado "La Comedia de la Muerte". Corre el año de 1838 y el deseo del famoso poeta francés es que, alguna vez, pongan música a su obra. De todos los compositores que abordan el texto, Bizet, Duparc y Fauré, será finalmente su amigo Hector Berlioz quien mejor entenderá su significado, la intención buscada con ella y su sonoridad.
Les nuits d'eté, Las noches de estío, título escogido por el propio compositor, además de utilizar algunos fragmentos independientes del poema de Gautier, a su vez, Berlioz elige para su composición, una colección de melodías de Donizetti, Les Nuits d’été à Pausilipe, que había popularizado Liszt al transcribirlas para el piano. El ciclo de estas noches de Berlioz, que fue terminado en 1856, consta de seis canciones, dedicadas cada una de ellas a un determinado registro vocal, con lo que varía su tesitura original al ser interpretadas habitualmente por una cantante femenina, ajustándose a la transposición necesaria.
Villanelle es una canción estrófica basada en el poema de “Villanella ritmique”, donde la melodía aparece y desaparece aparentando su continuidad. El anuncio de la primavera, nos muestra, nada más comenzar el ciclo, la capacidad de Berlioz en el manejo de una simple melodía. Como la cuarta y sexta canción, está escrita para mezzosoprano o tenor.
Le spectre de la rose, el espectro de la rosa, es un “Adagio” evocador. Romeo y Julieta, se aman. La esencia de la rosa es el símbolo del verdadero amor que Berlioz traduce con profunda intensidad, originalmente para voz de contralto.

En Sur les lagunes, en las lagunas, un barquero condenado a navegar por una maldición, viaja a la deriva, a través de aguas pantanosas sin rumbo ni destino. Canta solitario y lleno de angustia. La melodía, subtitulada “Lamento”, fue compuesta cuando el primer matrimonio del autor con Harriet Smithson se aproximaba a su final. Está escrita para mezzo, contralto o barítono indistintamente.

Les nuits d'été, Op.  7
Janet Baker, mezzo soprano. London Philharmonic Orchestra.
Carlo Maria Giulini, director.

Absence, ausencia, se sostiene en tres cuartetas de Gautier, creando una especie de estribillo con la repetición del primer verso. Una tranquila y expresiva línea melódica en “Adagio” evoca el mundo de los muertos desde un ambiente misterioso que prepara la atmósfera del poema siguiente.
Nos adentramos en Au cimetière, en el cementerio, “Sobre las alas de la música”, dice el poema de Gautier; y en esa especie de tiempo suspendido, surge una melodía como una sombra, como el ángel melancólico de la muerte sobre el crepúsculo...
L’île inconnue, la isla desconocida, es una barcarola en aire de “Andantino non troppo”, Berlioz expresa la frustración final de quien busca el amor verdadero y no lo encuentra en este mundo. Como dice el texto, ni en el Pacífico, ni en el Báltico, ni en todos los mares de la tierra hallaremos ese lugar donde el amor sea posible. La melodía, anhelante y segura, busca y pregunta hasta su desvanecimiento...
Las noches de estío, consagrarían a Berlioz como uno de los compositores, en este género, más importante de la historia de la música junto a Wagner, Mahler, Strauss o Schöenberg.

Janet Baker
Janet Baker (Hatfield, South Yorkshire, 21 de agosto de 1933)

11 dic 2014

Un Amor de Fantasía

Hector Berlioz
París, 1827. Un joven muchacho se cuela en el Teatro Odeón. Allí, una compañía irlandesa se dispone a escenificar el “Hamlet” de Shakespeare. Se abre el telón y da comienzo la función. De pronto, en el escenario, aparece Ofelia. El papel lo representa una hermosa actriz de nombre Harriet Smithson. Nuestro joven, aunque apenas puede entender los diálogos en inglés que salen de su boca, los gestos, las maneras y sobre todo la belleza de la muchacha lo encandilan hasta el punto de quedar perdidamente enamorado. Numerosas son las cartas de amor que Hector Berlioz, nombre de nuestro joven enamoradizo, enviaría a la bella actriz sin obtener respuesta alguna.
Berlioz, un estudiante de medicina que abandonó la profesión para dedicarse a la música, no era, en esos momentos, lo que podríamos decir un compositor destacado, de hecho, no había estrenado ninguna obra aún, pero en su locura enamoradiza, ideó un plan para atraer la atención de la bella Harriet. Se dispuso a componer una gran obra para así poder alcanzar la fama suficiente y deslumbrar a la joven artista. Consiguió, de esta manera, estrenar en el Conservatorio de París dos obras. Pero estas composiciones no tuvieron apenas repercusión. Berlioz continuó con su tarea de mandar cartas y más cartas a su amada..., hasta el punto de que Harriet, pidió a su criada que se deshiciera de toda la correspondencia que tuviera como remitente a nuestro querido compositor.
El rechazo de Harriet, provocó en Berlioz cambios repentinos de humor. Se le veía vagabundear y fantasear por las calles de París con la joven amada en sus pensamientos... 
Su última oportunidad de conquista, le llega en un teatro Parisino. Allí actúa Harriet. Antes de que empiece la función, Berlioz consigue que se interprete una obertura suya. La joven, sin embargo, se mantiene totalmente ajena a tal acontecimiento. Más tarde, durante el transcurso de la representación, Berlioz comienza a vociferar y a gritar a la actriz desde la grada. Ella, asustada, pide que alejen a aquel "loco" de su presencia.
Han pasado tres años. Nos encontramos en 1830. Berlioz está decidido a volcar todos sus sentimientos, pasiones y desilusiones vividas en una obra musical. Se tratará de una sinfonía prácticamente autobiográfica. Aunque esa obra se va a gestar con fragmentos de obras anteriores, Berlioz, consigue dotarla de una unidad mediante un programa y una “ideé fixe”, es decir un "leitmotiv" que se va a mantener constante durante todos sus movimientos. Esta idea, reflejará su amor por su querida Harriet (Tema de la Amada). 
Diez días antes del estreno de su "Episodio de la vida de un artista", Berlioz publica en la prensa un folleto explicando una trama asociada a la sinfonía a la que calificó de “Drama Instrumental”: "El programa que sigue debe ser entendido como el texto hablado de una ópera, destinado a introducir ciertas piezas de música, cuyo carácter y expresión originan”. 

Sinfonía Fantástica
1.- Sueños y pasiones. 2.- Un baile. 3.- Escena en el campo. 
4.- Marcha al cadalso. 5.- Sueño de una noche de aquelarre.
Concertgebouw Orchestra. Rafael Kubelik, director.

La Sinfonía Fantástica se estrenó el 5 de Diciembre en el Conservatorio de París. Rápidamente se convirtió en todo un éxito. Entre el público se encontraban presentes personajes ilustres, entre ellos, un joven de 19 años, Franz Liszt, quien trascribió la Sinfonía para el piano. Fue esta transcripción la que le entregó a Robert Schumann para que conociera y criticara la obra de Berlioz, críticas que fueron muy positivas. A partir de entonces, Berlioz comienza a adquirir fama y gana el Premio de Roma que lo lleva a estudiar a esa ciudad. Es en Italia donde revisa la sinfonía y la amplía con un nuevo programa y un monólogo inicial. El conjunto pasa a llamarse entonces "Lélio, o el retorno a la vida". Esta nueva versión se reestrena en París en 1832. 
El día del estreno, entre el público asistente, se encuentra Harriet Smithson. Lélio, el personaje cuyo monólogo sirve de preludio a la nueva versión de la Sinfonía, pronuncia su frase: “…esta Julieta, esta Ofelia, a la que busca siempre mi corazón". Es en ese momento en el que Harriet comprende que el compositor de esta obra es el hombre que, en otro tiempo, le había colmado de cartas de amor y ella, la mujer que le había inspirado y también "torturado" con su indiferencia. Finalizado el concierto, Berlioz y Harriet por fin llegan a conocerse y, para sorpresa de todos, en poco tiempo contraen matrimonio. Un matrimonio que se prolongará hasta 1840 y que estará plagado de penalidades.