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12 mar 2019

Juventud, Divino Tesoro

Richard Strauss
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! ..., que dijera el poeta Rubén Darío.
El 08 de diciembre de 1885 se estrena el Cuarteto para piano en Do menor Op. 13 de Richard Strauss. Obra de juventud en la que, con 21 años de edad, Strauss explora la gran forma tradicional para así poder dominarla y, posteriormente, aventurarse por otros caminos musicales. 
En 1882, Richard Strauss ingresó en la Universidad de Múnich para cursar estudios de Estética, Filosofía e Historia del Arte. Un año después, sus pasos se encaminan a Berlín, donde un Hans von Bülow fuertemente impresionado por la Serenata para instrumentos de viento compuesta por Strauss a los 16 años, le ofrece un puesto como director asistente. Strauss aprende el arte de la dirección de orquesta observando a su maestro Bülow en los ensayos. 
En este contexto, emprende Strauss la composición de su Cuarteto con piano, posiblemente su obra más ambiciosa y con la que ya va a emprender su despegue profesional.
Cuarteto para Piano en Do menor, Op. 13
Vienna Philharmonia Quintet.

El Cuarteto comienza con un "Allegro" muy elaborado y tempestuoso, logrando alcanzar una temperatura muy elevada... 
Le sigue un "Scherzo" que nos recuerda a la música de Schumann; eso si, con una figura en el piano ya decididamente "straussiana" y compuesto por una estructura clásica y un breve trío. 
En el "Andante" ya podemos apreciar la auténtica originalidad de Strauss; muy lírico, la melodía en este maravilloso movimiento pasa del piano a las cuerdas a la manera de Brahms; siendo el segundo tema, de nuevo, de carácter "scherzante". 
En el "Finale: Vivace", otra vez nos rememora a Schuman en el ritmo y en el juego de las síncopas, poseyendo la pasión y el entusiasmo de quien es ya sabedor de lo que puede atreverse.

24 ago 2017

La Sonata Apasionada

Budapest, 22 de diciembre de 1888. El violinista Jen Hubay y el compositor de la obra que nos ocupa al piano, van a interpretar, por primera vez, la tercera y última de las sonatas para piano y violín de Johannes Brahms. Esbozada en el verano de 1886, su conclusión se demoraría hasta el verano de 1888, durante una nueva estancia vacacional en el lago suizo de Thun. Johannes Brahms tiene 55 años cuando escribe esta auténtica obra maestra, que dedica a su amigo Hans von Bülow, aunque como hemos dicho no sería el violinista que la estrenó. Unos meses después, el 13 de febrero de 1889, Joachim y Brahms dieron a conocer la nueva sonata en Viena. Pero antes, como era su costumbre, el compositor envió el manuscrito a Clara Schumann, pidiéndole su parecer e incluyendo una nota reveladora de su inseguridad. "Si no te gusta cuando la toques no te molestes en hacérsela escuchar a Joachim". La respuesta de la viuda del creador de la Sinfonía Renana no se demoró: "Una vez más me has ofrecido un regalo maravilloso. El tercer movimiento me gusta más que ningún otro". A diferencia de las dos reposadas sonatas precedentes, el carácter apasionado y una vehemente intensidad expresiva presiden esta nueva obra para violín y piano, vertebrada sobre cuatro movimientos.

Sonata para violín y piano nº 3 en Re menor,  Op. 108
1.- Allegro alla breve. 2.- Adagio en Re mayor.
3.- Un poco presto e con sentimento en Fa sostenido menor. 4.- Presto agitato.
Itzhak Perlman, violín.
Daniel Barenboim, piano.

El primer movimiento, un Allegro alla breve en tiempo binario y tonalidad de Re menor, se inicia con una larga frase del violín en la que queda ya claramente definido el carácter inquieto y exaltado de todo el fragmento. El segundo tema, de naturaleza más melódica, es introducido por el piano.
Continúa la obra con un Adagio en Re mayor y compás de 3/8, basado en una expresiva melodía cantada con sencillez por el violín bajo el acompañamiento cómplice del piano. Una efusiva ensoñación, surgida de la pluma y el corazón de Brahms.
Apenas tres minutos para desarrollar el siguiente movimiento, un agitado movimiento, prescrito Un poco presto e con sentimento y cuya incisiva escritura modula a la tonalidad de Fa sostenido menor a través de un sincopado ritmo de ⅜ próximo al scherzo.
El poderoso influjo beethoveniano subyace en la tensión métrica de todo el último movimiento, un tumultuoso Presto agitato en Re menor y compás de 6/8. La forma sonata enmarca las líneas de este imponente final, cuyos arrolladores pentagramas agrupan 337 compases en los que se produce un fascinante dialogo entre ambos instrumentos.
Con esta “Sonata Apasionada”, completamos la trilogía que, comenzando con la “Sonata de la lluvia” y continuando con la “Sonata apacible”, escribiera, para violín y piano, Johannes Brahms.

3 abr 2016

Sinfonía Disfrazada

Johannes Brahms
“Si el espíritu del piano anima las sinfonías de Beethoven, domina enteramente la música orquestal de Schumann y de Brahms”.
Así se expresaba Richard Strauss en un comentario hecho a raíz de su estudio acerca del tratado de instrumentación de Berlioz.
Esta afirmación, choca con la opinión, extendida y comúnmente aceptada, de que sería al contrario, es decir, de que el pianismo de Beethoven y Brahms, es eminentemente sinfónico.
Sea como fuera, lo del carácter pretendidamente sinfónico del piano de Johannes Brahms, viene, con seguridad, de la monumentalidad de sus planteamientos, del considerable rendimiento sonoro que obtiene del instrumento en las obras de gran formato como las Sonatas, de la abundancia de doblamientos y de la amplitud de las disposiciones, que por su densidad hacen pensar en la orquesta, sin que por ello haya de concluirse que ese es su origen.

Sonata para Piano nº 1 en Do mayor, Op.1
Kamerhan Turan, piano.

La Sonata en Do mayor, primera de las tres sonatas que escribiera Brahms y que es la obra que nos ocupa, en realidad fue compuesta después de su segunda sonata para para piano, sin embargo, la segunda fue publicada más tarde ya que Brahms reconoció la calidad superior de la escrita en Do mayor. Dedicada a Joseph Joachim e interpretada por primera vez en un concierto en Hamburgo en 1854, fue interpretada por Hans von Bülow y consta de cuatro movimientos; el primero es un Allegro cuyo primer tema recuerda vivamente, sobre todo por el ritmo, al motivo inicial de la Sonata, Op. 106, de Beethoven. Esta semejanza puede muy bien ser puramente casual, pero igualmente beethoveniano suena el breve desarrollo contrapuntístico sobre este motivo que sirve de transición hacia el segundo tema y que recuerda, irresistiblemente, ciertos pasajes de las últimas sonatas de Beethoven. Por cierto que la relación tonal en que se hallan los temas principales en esta Sonata de Brahms, Do mayor/La menor, es por completo inhabitual en el esquema del allegro de sonata clásico. El segundo movimiento, un breve Andante, está basado en una antigua canción alemana: Verstohlen geht der Mond auf (sigilosamente se eleva la luna), que Brahms creía se trataba de un tema amoroso y que, en realidad, había sido escrita por el dialectólogo germano Anton Wilhelm von Zuccalmaglio; tema al que siguen cuatro variaciones de tipo ornamental concebidas y realizadas con gran sencillez, de acuerdo con el carácter mismo de la melodía. Los dos últimos movimientos son un Scherzo de amplias proporciones y un Final cuya forma es, aproximadamente, la de un Rondó. Hay que subrayar el hecho de que el primer tema de este movimiento está directa y clarisísimamente emparentado con el del Allegro inicial.
Robert Schumann, que fue el que acuñó el término de sinfonías disfrazadas para referirse a las sonatas para piano de Brahms, al escuchar el primer movimiento de ésta, interrumpiendo al joven Johannes, gritó: "Clara, tiene que escuchar esto! y llamando gozosamente a su esposa, exclamó, preso de gran excitación: "Vas a escuchar una música que nunca has oído antes".


Kamerhan Turan
Kamerhan Turan (Ankara, Turquía 1965 - )

21 jun 2015

La España de Charanga y Pandereta

Moritz Moszkowski
En nuestra vieja Europa, el tema de España ha estado, desde antiguo, de moda. Bien queriendo reflejar nuestra música popular y nuestra literatura o bien reflejando el conocido tópico de la “españolada” pura y dura.
Nuestro país suponía una especie de trivialidad fascinante, enigmática; llena de gitanos, toreros, castañuelas y con una gran capacidad de sugestión que invitaba a venir a visitarnos. 
En el Siglo XIX, y ya centrados en las obras que nos ocupan, éramos para los europeos un país romántico en nuestra forma de vivir y una nación inspiradora de lo que José Luís López Aranguren llamaba “el romanticismo vivido”.
Como ejemplo musical de lo relatado, os traigo dos composiciones.
La primera de ellas, pertenece a un pianista de origen germano-polaco de nombre Moritz Moszkowski, una persona culta y exquisita muy estimada y respetada por sus contemporáneos más variopintos, como Liszt, su protegido Paderewski, su alumno de orquestación, y buen amigo,Thomas Beecham y von Büllow, entre otros. Sus dos series de “Danzas españolas”, escritas originalmente como piezas para cuatro manos, conocieron una enorme popularidad. Escuchemos la primera, en versión orquestada, con su encantadora superficialidad. Se cierra con un bolero que ejerce el papel tradicional del minuetto antes del finale rápido.

Danza Española, Op. 12 nº 2
London Symphony Orchestra
Ataulfo Argenta, director



Rimsky Kórsakov
El Capricho español, segunda de nuestras obras, fue escrito por Nikolái Rimsky-Kórsakov veintidos años después del viaje que, en su condición de guardiamarina, emprendería entre el 2 de noviembre de 1862 y mayo de 1865; y que entre otros destinos lo llevó a recalar en tierras españolas, concretamente en el puerto de Cádiz.
Consta de cinco movimientos:
1.- Alborada: Baile festivo de origen gallego que expresa el optimismo de la salida del sol tras la noche de bodas.
2.- Variazioni (Variaciones): Comienza con una melodía de las trompas y posteriormente desarrolla diversas variaciones sobre el tema, con diferentes instrumentos y secciones de la orquesta asumiendo el protagonismo. Alrededor de la hoguera de San Juan se canta en Asturias la Danza Prima, perfectamente reconocible en el segundo movimiento.
3.- Alborada: Mismo tema del primer movimiento de manera casi idéntica, con algún cambio en la instrumentación y en la tonalidad.
4.- Scena e canto gitano (Escena y canto gitano): Basado en un canto gitano recogido por Inzenga en la sección relativa a Andalucía de Cantos y bailes populares de España, de 1878, suena inequívocamente español, debido a sus cadencias y escalas andaluzas..
5.- Fandango asturiano: Es un baile vivo de Asturias. La pieza finaliza con una reaparición, más enérgica que nunca, del tema de la Alborada.

Capricho Español, Op. 34
London Symphony Orchestra.
Ataulfo Argenta, director.

13 feb 2015

La Melodía Infinita

Richard Wagner
Munich, 10 de junio de 1865. En el Nationaltheater (Teatro Nacional), bajo la batuta de Hans von Bülow y tras interminables ensayos, por fin va a tener lugar el estreno de la Ópera que va a cambiarlo todo en la Historia de la Música: Tristán e Isolda. Su autor, Richard Wagner, que tenía su "Eine Handlung" (drama musical) terminado desde principios de año, está inquieto. La obra, que se iba a estrenar el 15 de mayo, tuvo que suspenderse ya que Malwina Schnorr, la soprano elegida para interpretar el papel de Isolda, se quedó afónica ese mismo día. Además, el ambiente que le rodea se encuentra enrarecido. Se le vigila con lupa. Los ministros y la familia del rey Luis II de Baviera, están en contra de él y de sus amigos en cohorte que, dicen, viven de manera privilegiada a costa de la protección real; y hasta el mismo pueblo, junto con la prensa, claman contra la que consideran una “invasión de oportunistas”. En la cabeza de nuestro compositor, aún resuenan las palabras que le escribiera a Listz, años atrás: «Puesto que nunca en mi vida he gozado de la verdadera dicha del amor, quiero construir un monumento a ese sueño, el más bello de todos, un monumento donde el amor se sacie desde el comienzo hasta el final: tengo en la cabeza un Tristán e Isolda en proyecto...» Eso fue a mediados de diciembre de 1854. Tres años después, él, que había interrumpido la gigantesca tetralogía de los Nibelungos para comenzar a ocuparse de Tristán, en esos momentos, su afirmación de que «nunca había gozado de la verdadera dicha del amor» ya no era cierta; había entrado en su vida Mathilde Wesendonck, la verdadera motivadora de su drama musical, su musa. Ahora, ha llegado el momento de dar a conocer su obra y para este día histórico, además de contar con la participación de la ya recuperada soprano Malwina Schnorr, para el papel de Tristán, ha escogido al gran tenor Ludwig Schnorr von Carolsfeld, que viene de cantar un inolvidable Tannhäuser en dos representaciones dadas en febrero de ese mismo año. 
Comienza a llenarse el Nationaltheater. Llegan personalidades venidas de todas partes. Los Wesendonk, no están presentes entre el público; Matilde, no ha querido verse “dibujada” como Isolda sobre el escenario. Luis II asiste a la representación desde su palco real. La expectación es enorme. 
Da comienzo el drama. Después del magnífico Preludio, se levanta el telón. A bordo de un barco que viaja desde Irlanda a Cornwall, una voz de marinero resuena desde las jarcias… 

Tristan e Isolda

Casi cuatro horas después, ha finalizado la función. Wagner, con lágrimas en los ojos, felicita a todos y cada uno de los participantes en la misma. Mención especial merecen los Schnorr que han estado brillantes, bajo la batuta de un von Bülow muy expresivo y convincente. Los saludos se hacen interminables. El público, abandona el teatro muy conmovido. La crítica, está desconcertada y carente de elementos para juzgar una música tan distinta a todo lo escuchado hasta el momento. La polémica, como siempre que se trata de Wagner, se desata con virulencia. Tres semanas después del estreno, fallecería Ludwig Schnorr y los adversarios de Wagner, aprovecharían esta circunstancia para atribuir la muerte del gran tenor al tremendo esfuerzo realizado en el estreno de Tristán. Pero eso es otra historia...
Ahora, nos toca disfrutar de esta leyenda atemporal, empaparnos con esta melodía infinita y admirar una de las creaciones más sublimes del espíritu humano. No tratéis de entenderla con el pensamiento, porque esta experiencia vital, no brotó de la cabeza de su autor, surgió directamente del corazón y del sentimiento más puro que pueda existir, del Amor.