16 dic 2025

La Musa y el Poeta

En 1910, Camille Saint-Saëns tenía setenta y cinco años. Era un hombre que había atravesado el siglo XIX con la elegancia de un clásico y la curiosidad de un moderno, testigo de revoluciones estéticas que nunca terminaron de seducirlo. Mientras Europa se agitaba entre el posromanticismo y las vanguardias, él permanecía fiel a la claridad, a la proporción, a esa idea de belleza que no necesita estridencias para imponerse. En ese clima de madurez, compuso La Muse et le Poète, Op. 132, una obra que no es sólo música: es confesión, es diálogo íntimo entre dos fuerzas que lo habían acompañado toda su vida —la inspiración y la reflexión.
La pieza nació como un homenaje. Madame J.-Henry Carruette, mecenas y amiga, había muerto en 1909, y Saint-Saëns quiso rendirle tributo con una obra inicialmente concebida para violín, violonchelo y piano. El título original, Esquisse pour le fameux duo, era casi un guiño privado, pero el editor Durand sugirió un nombre más evocador: La Muse et le Poète. Y así quedó, como si el propio compositor aceptara que aquello no era un simple boceto, sino una conversación universal.
El estreno tuvo lugar en Londres, en junio de 1910, en el Queen’s Hall, con Eugen Ysaÿe al violín, Joseph Hollman al violonchelo y el propio Saint-Saëns al piano. Meses después, el 20 de octubre, la versión orquestal se presentó en París, en el Théâtre Sarah Bernhardt, bajo la dirección de Fernand Le Borne. Era el último Saint-Saëns, el que ya no buscaba deslumbrar con sinfonías monumentales ni con óperas grandiosas, sino con la sutileza de una idea pura.
La obra es un poema sinfónico en un solo movimiento, pero su estructura interna sugiere tres momentos: la contemplación inicial, el diálogo apasionado y la reconciliación final. El violín —la Musa— surge con líneas ascendentes, ligeras, casi etéreas; el violonchelo —el Poeta— responde con frases graves, hondas, cargadas de melancolía. Entre ambos se teje una conversación que no es disputa, sino búsqueda: ¿cómo conciliar la luz de la inspiración con la sombra de la reflexión?
La orquesta no es mero acompañamiento. Es paisaje, atmósfera, respiración. A veces sostiene el diálogo con acordes suaves, otras se agita como si quisiera intervenir en la discusión. Pero nunca roba protagonismo: su papel es el de un mundo que escucha, que acoge la tensión y la calma de los dos solistas.

"La Muse et le poète, Op. 132"
Ulf Hoelscher, violin. Ralph Kirschbaum, violonchelo.
New Philharmonia Orchestra.
Pierre Devraux, director.

En el fondo, La Muse et le Poète es una metáfora del propio Saint-Saëns. A esa edad, cuando tantos compositores se entregaban a la experimentación radical, él eligió la transparencia, la elegancia, la conversación íntima. No hay grandilocuencia, no hay exceso: sólo la música que fluye como un pensamiento sereno, como una confesión tardía. El final, con su tono conciliador, parece decirnos que la inspiración y la reflexión no son enemigas, sino dos voces que, al fin, se reconocen y se abrazan.
Escuchar esta obra es asistir a un diálogo humano, profundo, que trasciende el tiempo. Es oír cómo la Musa susurra y el Poeta responde, y cómo, en ese intercambio, se revela la verdad última del arte: que la belleza no está en la lucha, sino en la armonía.

15 dic 2025

Francisco Tárrega

Francisco de Asís Tárrega y Eixea (Vila-real, 21 de noviembre de 1852 – Barcelona, 15 de diciembre de 1909) es reconocido, con justicia, como uno de los agentes decisivos en la conformación de la guitarra clásica moderna, tanto por su catálogo original como por su labor de transcripción y por la cristalización de una escuela técnica y estética que influyó de modo perdurable en el repertorio y el modo de tocar del instrumento. La infancia de Tárrega estuvo marcada por un accidente ocular que condujo a su padre a favorecer su educación musical, en la que recibirá tempranas lecciones de maestros locales —entre ellos Eugeni Ruiz y Manuel González— y entrará en contacto con el concertista Julián Arcas, quien recomendará su formación en Barcelona. En 1874, con apoyo de un mecenas, ingresa en el Real Conservatorio de Madrid para estudiar composición con Emilio Arrieta, consolidándose entonces su opción por la guitarra frente al piano, en un momento en que el instrumento aún era percibido, en muchos ámbitos, como de menor prestigio. La bibliografía de referencia (Grove Music Online) sitúa su carrera pública a partir de la década de 1880, con giras en España, Francia y el Reino Unido, y con el progresivo establecimiento de una red de protección artística —notoriamente la de Concepción Gómez de Jacoby en Valencia y Barcelona— que le permitió concentrarse en la creación y la docencia. La adquisición y uso de guitarras Antonio de Torres reforzó su concepción sonora y la proyección del instrumento en salas de concierto, aspecto resaltado por la historiografía guitarrística reciente. Hacia 1906 sufre un ictus del que se recupera parcialmente; fallecerá en Barcelona el 15 de diciembre de 1909, dejando un corpus que sus discípulos se encargarán de difundir y codificar. Aunque Tárrega no dejó tratado sistemático de técnica, los testimonios de su círculo (Emilio Pujol, Domingo Prat) y la historiografía posterior coinciden en que su magisterio fijó elementos definitorios de la escuela española finisecular: postura y sujeción del instrumento (uso del apoyapié, apoyo en la pierna izquierda), exploración sistemática del toque apoyado (apoyando) y una búsqueda poética de timbres y cantabilidad que enfatiza la línea melódica y el color. Ahora bien, la literatura especializada también problematiza los orígenes de dichos recursos: hay consenso en que el apoyando ya había sido descrito por Sor y Aguado, y que Tárrega lo institucionalizó y le dio primacía en su escuela; asimismo, la cuestión del uso (o abandono) de las uñas en la mano derecha parece haber variado en su trayectoria vital. En suma, más que un inventor aislado, Tárrega aparece como sintetizador y codificador de prácticas que, articuladas con el nuevo diseño Torres, ampliaron el espectro tímbrico y expresivo de la guitarra romántica. Un emblema técnico y poético de ese ideario es el trémolo guitarrístico, cristalizado en Recuerdos de la Alhambra, obra cuya centralidad en la historia del instrumento ha sido subrayada por estudios musicológicos contemporáneos.

"Francisco Tárrega"

La producción de Tárrega abarca preludios, estudios, mazurcas, vals(es), polkas, pavanas y danzas, junto con fantasías sobre óperas y un vasto corpus de transcripciones (Chopin, Beethoven, Albéniz, entre otros), que sirven tanto a la proyección concertística como a la pedagogía del instrumento.  Entre sus obras más célebres —que hoy constituyen repertorio canónico— destacan: 
Recuerdos de la Alhambra (c. 1899): paradigma del trémolo como técnica de cantabilidad sostenida; el manuscrito y su publicación revelan variantes de titulación y dedicatoria, y la estructura tripartita con coda ha sido analizada por la literatura didáctica y analítica.
Capricho árabe (1892): síntesis de lirismo y virtuosismo, con evocaciones orientalizantes y un diseño formal de contrastes.
Lágrima (Preludio): miniatura de intensa melancolía que ilustra su poética de la línea y del rubato moderado.
Adelita y María/Marieta (mazurcas y gavota): piezas breves que muestran la asimilación de formas de salón a la escritura guitarrística.
Gran vals (1902): su tema fue adoptado por Nokia como tono corporativo, hecho bien documentado en divulgación y prensa reciente, y que ha contribuido a la popularidad extramusical de la obra.
Danza mora, Gran jota, Pavana, Sueño (trémolo), y los Preludios numerosos, que articulan un laboratorio técnico-estético de gran valor pedagógico.
La escuela tarreguiana se irradia a través de intérpretes y pedagogos como Miguel Llobet, Emilio Pujol, Daniel Fortea y Josefina Robledo, quienes fijan repertorio, técnicas y criterios interpretativos en ediciones, conciertos y escritos —de modo señero, el ensayo biográfico de Pujol sobre su maestro.  La extensión internacional de esa tradición encontrará, ya en el siglo XX, un aliado decisivo en Andrés Segovia, cuya proyección mundial consolidará el prestigio de la guitarra en el ámbito académico; varias fuentes de archivo y estudios sobre su entorno documentan la relación entre Segovia y el círculo tarreguiano, así como debates sobre yema vs. uña o sobre la continuidad técnica.

12 dic 2025

Esencia Vasca

Jesús Guridi Bidaola (Vitoria, 25 de septiembre de 1886 – Madrid, 7 de abril de 1961) ocupa un lugar destacado en la historia de la música española del siglo XX. Su obra se inscribe en el nacionalismo musical, corriente que buscó integrar elementos del folclore en la música culta. Guridi, profundamente vinculado a la tradición vasca, desarrolló un lenguaje que combina la riqueza melódica popular con armonías románticas e impresionistas, logrando una síntesis personal y refinada.
Entre sus composiciones más relevantes se encuentran la ópera Amaya, la zarzuela El Caserío, la Sinfonía Pirenaica y la suite orquestal Diez Melodías Vascas. Esta última constituye una de las aportaciones más significativas al repertorio sinfónico español, tanto por su calidad artística como por su valor etnomusicológico.
Diez Melodías Vascas fue compuesta en 1941 y estrenada el 12 de diciembre de ese mismo año en el cine Monumental de Madrid, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Enrique Jordá. La obra surge en un momento en que la música española buscaba reafirmar sus raíces culturales, y Guridi lo hace mediante la reelaboración de melodías populares vascas, transformándolas en un discurso sinfónico pleno de color y expresividad.
La suite no se limita a presentar las melodías originales, sino que las somete a un tratamiento armónico y orquestal que las eleva a un plano artístico superior. Guridi emplea modos característicos del folclore (dórico, mixolidio), armonías románticas y recursos tímbricos que evocan la sonoridad tradicional sin renunciar a la sofisticación sinfónica. La orquestación es rica y variada, con especial protagonismo de cuerdas y maderas, y un uso expresivo de metales y percusión en los movimientos más festivos.

"Diez Melodías vascas"
Orquesta Sinfónica de Euskadi.
Miguel Ángel Gómez Martínez, director.

Diez Melodías Vascas representa una síntesis ejemplar entre tradición y modernidad. Guridi logra preservar la esencia del canto popular vasco, dotándolo de una dimensión sinfónica que lo sitúa en el ámbito de la música culta europea. Esta obra no solo es un testimonio del nacionalismo musical español, sino también una pieza fundamental para comprender la identidad sonora del País Vasco en el siglo XX.

10 dic 2025

Cantata festiva

En el año 1717, Johann Sebastian Bach dejó su puesto en Weimar y aceptó el cargo de Kapellmeister en la corte de Anhalt-Köthen, bajo el mecenazgo del joven Príncipe Leopold. Este período, que se extendió hasta 1723, fue crucial en la vida del compositor: libre de las exigencias litúrgicas que marcarían su etapa en Leipzig, Bach pudo concentrarse en la música instrumental y secular, creando obras como las Suites para violonchelo, los Conciertos de Brandeburgo y numerosas cantatas profanas.
En este contexto surge la Cantata BWV 66a, titulada Der Himmel dacht auf Anhalts Ruhm und Glück (El cielo cuida la fama y la felicidad de Anhalt), compuesta para el cumpleaños del príncipe Leopold, celebrado el 10 de diciembre de 1718. La obra, hoy perdida en su forma original, fue concebida como una cantata festiva, con un texto alegórico que exaltaba la gloria y prosperidad del príncipe. Musicalmente, seguía la estructura típica de las cantatas cortesanas: coro inicial brillante, arias virtuosas, recitativos expresivos y duetos alegóricos, probablemente interpretados por solistas de la corte y acompañados por una orquesta rica en colores, con cuerdas, oboes y continuo.
Este encargo refleja la relación cercana entre Bach y Leopold, un príncipe amante de la música que incluso tocaba la viola da gamba. La corte de Köthen ofrecía a Bach un ambiente propicio para la experimentación y la excelencia instrumental, lo que explica el carácter jubiloso y refinado de BWV 66a.

"Cantata BWV 66a_Der Himmel dacht auf Anhalts Ruhm und Glück"
Mitteldeutsche Hofmusik.
Alexander Grychtolik, director.

Sin embargo, la historia de esta cantata no termina en Köthen. Cuando Bach se trasladó a Leipzig en 1723 para asumir el cargo de Cantor en la Thomasschule, su producción se orientó hacia la música sacra. En este nuevo contexto, Bach aplicó el principio de parodia: reutilizó la música de BWV 66a para crear la Cantata BWV 66 (Erfreut euch, ihr Herzen), estrenada el 10 de abril de 1724, en el lunes de Pascua. El texto cortesano se transformó en una meditación sobre la alegría de la Resurrección, pero la música conservó su carácter festivo, adaptando la métrica y el fraseo para ajustarse al nuevo texto.
Este proceso ilustra la pragmaticidad y maestría de Bach: lejos de considerar la reutilización como una limitación, la convirtió en una oportunidad para dar nueva vida a sus obras, integrándolas en un contexto teológico sin perder su fuerza expresiva. Así, BWV 66a no solo es testimonio del esplendor de Köthen, sino también un puente hacia la monumental producción sacra de Leipzig.

9 dic 2025

Joaquín Turina

Joaquín Turina (Sevilla, 9 de diciembre de 1882 – Madrid, 14 de enero de 1949) fue uno de los grandes arquitectos del nacionalismo musical español del primer tercio del siglo XX: formado primero en Sevilla y Madrid, completó estudios en París (Schola Cantorum) con Vincent d’Indy y Moritz Moszkowski, y allí asimiló el color impresionista de Debussy y Ravel mientras Isaac Albéniz y Manuel de Falla le animaban a abrazar la raíz andaluza que acabaría definiendo su voz propia. En 1914 regresó definitivamente a Madrid y empezó a consolidarse como compositor, docente y crítico, convirtiéndose en figura central de la vida musical española. 
Su primer gran éxito orquestal fue La procesión del Rocío, Op. 9, poema sinfónico compuesto en 1912 y estrenado el 30 de marzo de 1913 en el Teatro Real por Enrique Fernández Arbós: una estampa sonora de la romería trianera donde el júbilo popular y el fervor religioso se funden en una orquestación brillante.

La procesión del Rocío, Op. 9
Orquesta Nacional de España. 
Ataulfo Argenta, director.

De ahí en adelante, Turina depuró un estilo de armonías ricas y ritmos acerados que, sin renunciar al refinamiento francés, palpita con acentos del flamenco y de la canción andaluza. Entre sus obras más famosas figura Danzas fantásticas (1919), ciclo concebido para piano y luego orquestado, donde el lenguaje moderno enmarca el carácter danzable de la tradición española; su recepción temprana lo situó junto a Falla y Albéniz como referente del sinfonismo nacional. 

"Danzas fantásticas, Op. 22"
Alicia de Larrocha, piano.

"Danzas fantásticas, Op. 22_Orquestal"
Bamberg Symphony Orchestra
Antonio de Almeida, director.

La Sinfonía sevillana (1920) prolonga esa mirada pictórica sobre Sevilla en tres movimientos que alternan evocación lírica y vitalidad rítmica; es una de las piedras angulares de su catálogo sinfónico. Con La oración del torero (1925), escrita primero para cuarteto de laúdes y transcrita después para cuarteto y orquesta de cuerdas, Turina destila intimismo y religiosidad en un trazo melódico recogido, como si escucháramos la plegaria antes de la lid.
Otra aportación mayor es Canto a Sevilla, Op. 37, un ciclo para voz y orquesta compuesto en 1925–1927 (y reorquestado en 1934) que traza un itinerario emocional por la ciudad —“Semana Santa”, “Las fuentecitas del Parque”, “La Giralda”, “Ofrenda”— con escritura vocal de gran plasticidad y una paleta orquestal sensual y colorista; su historia textual y versiones están bien documentadas en fuentes manuscritas y ediciones críticas.

"Canto a Sevilla, Op. 37"
María Espada, soprano.
BBC Philharmonic.
Juanjo Mena, director.

Además, dejó un legado fundamental para guitarra clásica, fruto de su relación con Andrés Segovia: Sevillana, Op. 29 (1923), Fandanguillo, Op. 36 (1925), Ráfaga, Op. 53 (1930), la Sonata en re menor, Op. 61 (compuesta en 1930 y estrenada por Segovia en Roma en 1932) y el díptico Homenaje a Tárrega, Op. 69 (1932, “Garrotín” y “Soleares”). En estas piezas incorpora formas y giros flamencos al lenguaje concertante del instrumento con escritura idiomática y carácter virtuosístico.
En paralelo a su catálogo —que abarca ópera, zarzuela, música de cámara y un extenso corpus pianístico—, Turina desempeñó un papel clave como profesor de composición en el Real Conservatorio de Madrid (desde 1930), académico de San Fernando (1935) y primer comisario de la recién creada Comisaría General de la Música (1940), hasta su fallecimiento en 1949.

5 dic 2025

Francesco Geminiani

Francesco Geminiani nació el 5 de diciembre de 1687 en Lucca, Italia, y falleció el 17 de septiembre de 1762 en Dublín, Irlanda. Fue uno de los compositores y violinistas más influyentes del período barroco tardío, reconocido tanto por su virtuosismo como por sus contribuciones a la teoría musical.
Geminiani estudió en Roma con Arcangelo Corelli, de quien heredó la tradición del estilo concertante, y en Nápoles con Alessandro Scarlatti, lo que le permitió integrar la elegancia melódica italiana con una sólida base armónica. En 1714 se trasladó a Londres, donde se estableció como intérprete y pedagogo, convirtiéndose en una figura central en la vida musical británica. Su actividad profesional se desarrolló principalmente en Inglaterra e Irlanda, donde gozó de gran prestigio.

"Concerti Grossi, Op. 2"
Auser Musici.
Carlo Ipata, director.

Entre sus composiciones sobresalen los Concerti Grossi, Op. 2 y Op. 3, que son adaptaciones de las sonatas de Corelli. Los Concerti Grossi, Op. 7, considerados ejemplos paradigmáticos del barroco tardío, las Sonatas para violín y bajo continuo, Op. 1 y Op. 4, las Pièces de clavecin, que son adaptaciones para teclado y La Forêt Enchantée, ballet pastoral que evidencia su interés por la música escénica.

"Concerti Grossi, Op. 3"
Academy of Ancient Music.
Christopher Hogwood, director.

Sus obras se caracterizan por una escritura compleja, rica en ornamentación y con exigencias técnicas que reflejan su dominio del violín.

"Concerti Grossi nº 6 en Re menor_Tema y 23 variaciones"
La Petite Bande.
Sigiswald Kuijken, director.

Geminiani no solo fue compositor e intérprete, sino también un influyente teórico. Sus tratados son fundamentales para comprender la práctica interpretativa del siglo XVIII:
"The Art of Playing on the Violin" (1751), primer manual sistemático sobre técnica violinística, que aborda digitación, arco y ornamentación.
"Rules for Playing in a True Taste" (1748), guía sobre el buen gusto y la ornamentación en la interpretación barroca. 
"A Treatise of Good Taste in the Art of Musick" (1749), reflexiones sobre estética y estilo musical.
Estos escritos consolidaron su reputación como pedagogo y contribuyeron a la transmisión del estilo barroco en Inglaterra.

"Sonata para violín en Do menor_Siciliano"
Arreglo de Adolf Busch, violín.
Rudolf Serkin, piano.

Francesco Geminiani es considerado un puente entre la tradición corelliana y el desarrollo del virtuosismo violinístico del siglo XVIII. Su influencia se extendió tanto en la práctica instrumental como en la teoría musical, dejando un legado que sigue siendo objeto de estudio en la musicología actual.

4 dic 2025

¡Renacer!

Viena, 4 de diciembre de 1881. El invierno se adueña de la ciudad, y la Musikverein se ilumina con lámparas doradas que reflejan el esplendor de la capital imperial. Entre los muros cargados de historia, se respira expectación: esta noche sonará por primera vez el Concierto para violín en Re mayor de Piotr Ilich Chaikovski, una obra que nació lejos de aquí, en las montañas suizas, en un tiempo de tormenta interior.
Tres años antes, en 1878, Chaikovski había huido del caos emocional provocado por su breve y desdichado matrimonio con Antonina Miliukova. En la calma de Clarens, junto al lago Lemán, buscó refugio en la música. Allí, entre paisajes serenos y cielos cambiantes, concibió este concierto: luminoso, apasionado, como un renacer. Lo dedicó al virtuoso Leopold Auer, quien lo rechazó por considerarlo “imposible de tocar”. Ahora, el desafío lo asume Adolf Brodsky, decidido a demostrar que la obra no solo es posible, sino grandiosa.
La sala se llena de murmullos. Hans Richter levanta la batuta, y la orquesta abre con un Allegro moderato que despliega un horizonte sonoro amplio, casi sinfónico. El violín entra con voz clara, cantando un tema que parece brotar de la tierra rusa, pero con la elegancia vienesa que la forma clásica exige. Cada frase es un diálogo entre fuerza y lirismo, entre técnica y emoción.
El segundo movimiento, Canzonetta: Andante, tiñe el aire de melancolía. Es un suspiro íntimo, un recuerdo lejano, quizá el eco de las soledades que acompañaron al compositor en Suiza. Luego, el Finale: Allegro vivacissimo irrumpe como un torbellino: ritmos danzantes, energía desbordante, un fuego que consume la duda y proclama la vida.
Cuando la última nota se extingue, la sala queda suspendida en silencio. Después, estalla el aplauso, aunque no todos están convencidos... 
A pesar de algunas críticas, el tiempo dará su veredicto: esta obra, nacida del dolor y la esperanza, se convertirá en uno de los pilares del repertorio violinístico, símbolo del romanticismo tardío y del alma rusa que Chaikovski supo vestir con luz.

"Concierto para violín en Re Mayor, Op. 35"
David Oistrakh, violín
Orquesta Filarmónica de Moscú.
Gennady Rozhdestvensky, director.

3 dic 2025

La Venida del Redentor

La Cantata BWV 62 "Nun komm, der Heiden Heiland" (Ven ahora, Salvador de los gentiles), fue compuesta por Johann Sebastian Bach en Leipzig en 1724, durante su segundo año como Kantor en la Thomaskirche. Forma parte del ciclo coral, iniciado en junio de ese año, en el que cada cantata se basa en un himno luterano. Esta obra está destinada al Primer Domingo de Adviento, una festividad que marca el inicio del año litúrgico y la preparación para la Navidad.
El estreno tuvo lugar el 3 de diciembre de 1724 en Leipzig. El texto se fundamenta en el himno de Martín Lutero Nun komm, der Heiden Heiland (1524), que a su vez deriva del himno latino Veni redemptor gentium atribuido a San Ambrosio. El Adviento, en la tradición luterana, enfatiza la espera activa y la esperanza en la venida de Cristo. Las lecturas de ese día son, la Epístola a los Romanos 13:11–14, donde se exhorta a la vigilancia espiritual: “Revestíos del Señor Jesucristo.” Y el Evangelio de San Mateo 21:1–9, que narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén: “Hosanna al Hijo de David.” La cantata se articula en dos dimensiones: La Contemplación, Misterio de la encarnación (movimientos 1–3). Y la Acción, Lucha espiritual y victoria de Cristo (movimientos 4–6).
Bach traduce el mensaje bíblico en música mediante contrastes expresivos: solemnidad coral, lirismo meditativo y energía combativa. El uso del coral como marco refuerza la conexión con la tradición luterana.

"Cantata de Bach BWV 62_Nun komm, der Heiden Heiland"
Concentus musicus Wien.
Nikolaus Harnoncourt, director.

Pequeña guía de audición:
Coro inicial: Nun komm, der Heiden Heiland
Forma: Coral motete con tratamiento contrapuntístico.
Tonalidad: Sol mayor.
Textura: Compleja, con imitación entre voces y soporte orquestal (cuerdas y oboes).
Función: Invocación solemne, refleja la expectativa del Adviento.

Aria (Tenor): Bewundert, o Menschen, dies große Geheimnis
Carácter: Contemplativo, subraya el misterio de la encarnación.
Acompañamiento: Cuerdas en movimiento ondulante, creando atmósfera meditativa.

Recitativo (Bajo): So geht aus Gottes Herrlichkeit und Thron
Estilo: Secco, con bajo continuo.
Contenido: Teología de la humillación divina: Cristo desciende del trono.

Aria (Soprano): Streite, siege, starker Held!
Carácter: Enérgico, casi marcial.
Acompañamiento: Oboes y cuerdas, ritmo punteado que evoca lucha espiritual.

Recitativo (Alto): Wir ehren diese Herrlichkeit
Estilo: Breve, tono de adoración.
Función: Transición hacia la conclusión coral.

Coral final: Lob sei Gott, dem Vater, ton
Melodía: Himno luterano tradicional.
Textura: Homofónica, afirmación comunitaria de fe.

2 dic 2025

¡Elevaos gozosos!

El 2 de diciembre de 1731, primer domingo de Adviento, Johann Sebastian Bach presentó públicamente en la Thomaskirche de Leipzig la Cantata BWV 36, "Schwingt freudig euch empor" (“Elevaos gozosos”), se trata de una cantata sagrada en su forma definitiva de ocho movimientos. Aunque reutilizó material de piezas anteriores—como la felicitación estudiantil de 1725 (BWV 36c)—fue ese día cuando el coral de finalización y los himnos del Adviento se integraron plenamente, marcando su tercera temporada de cantatas en Leipzig.
Bach, ya en su cuarto año como Thomaskantor (desde 1723), necesitaba aportar música nueva únicamente en el primer domingo de Adviento, debido a la austeridad del resto de semana (tempus clausum). Las lecturas bíblicas del día para ese domingo, eran la Epístola de San Pablo a los Romanos 13:11–14a (“…ya nuestra salvación está más cerca…”) y el salmo responsorial “Vamos alegres al encuentro del Señor”. El Evangelio es el de San Mateo 21:1–9, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (“Hosanna”), con un fuerte paralelismo con la actitud de júbilo y vigilante espera del Adviento.
Las congregaciones luteranas de Leipzig seguían el Ciclo A, centrado en Mateo, por lo cual esa perícopa evangélica era esclarecedora: advierte no sólo la venida histórica de Cristo, sino también su reaparición gloriosa, recordada mediante imágenes como el día que se asoma, tema central del estreno.

"Cantata BWV 36_Schwingt freudig euch empor"
The Amsterdam Baroque Orchestra y Coro.
Ton Koopman, director.

Pequeña guía de audición:
1. Coro inicial: “Schwingt freudig euch empor”
Forma: Ritornello instrumental con coro intercalado.
Carácter: Alegre y ascendente, simboliza el “elevarse” del alma.
Técnica:
Motivos melódicos ascendentes en las cuerdas y oboes.
Contrapunto imitativo en las voces, reforzando la idea de movimiento hacia lo alto.
Texto: Invitación a elevarse espiritualmente en gozo por la llegada del Señor.
Simbolismo: Cada figura ascendente es una metáfora musical del Adviento.

2. Recitativo (Tenor): “Die Liebe zieht mit sanften Schritten”
Estilo: Recitativo secco, con acompañamiento mínimo.
Función: Transición reflexiva; la voz del tenor actúa como narrador teológico.
Texto: La imagen de la “amorosa llegada” de Cristo, con pasos suaves.
Música:
Acordes sencillos en continuo, que subrayan la intimidad del mensaje.
Cadencias que preparan la siguiente aria.

3. Aria (Tenor): “Die Liebe zieht mit sanften Schritten”
Carácter: Lírica y contemplativa.
Instrumentación: Violín obbligato con líneas ornamentadas.
Técnica:
Figuras melódicas que evocan suavidad y ternura.
Ritmo fluido, casi danzante, que sugiere movimiento delicado.
Simbolismo: El amor divino se acerca con gracia, no con estrépito.

4. Coral: “Nun komm, der Heiden Heiland”
Función: Anclaje litúrgico.
Texto: Himno luterano tradicional, que conecta la obra con la comunidad.
Música:
Armonización sencilla, homofónica.
Contraste con la riqueza contrapuntística anterior: aquí prima la claridad doctrinal.

5. Aria (Soprano): “Auch mit gedämpften, schwachen Stimmen”
Carácter: Íntimo, casi susurrante.
Instrumentación: Oboe d’amore obbligato.
Técnica:
Dinámicas suaves, fraseo delicado.
Uso de suspensiones armónicas para crear sensación de espera.
Texto: Incluso las voces débiles pueden alabar al Señor.
Simbolismo: La humildad como virtud espiritual.

6. Recitativo (Bajo): “Der Himmel steht uns wieder offen”
Estilo: Recitativo accompagnato (más expresivo que el secco).
Texto: Declaración triunfal: el cielo se abre.
Música:
Acompañamiento orquestal que subraya la solemnidad.
Cadencias amplias, que evocan apertura y grandeza.

7. Aria (Alto): “Willkommen, werter Schatz!”
Carácter: Festivo y afectuoso.
Instrumentación: Violín obbligato con figuraciones vivaces.
Técnica:
Ritmo animado, casi de danza.
Ornamentación que sugiere alegría y celebración.
Texto: Bienvenida al “tesoro” (Cristo).
Simbolismo: La unión entre lo humano y lo divino.

8. Coral final: “Lob sei Gott dem Vater”
Función: Conclusión solemne.
Texto: Doxología trinitaria.
Música:
Homofonía clara, para reforzar la comprensión del texto.
Cadencia final que cierra la obra con estabilidad y paz.

1 dic 2025

¡Valses para el Alma!

Entre 1834 y 1838, Frédéric Chopin, ya instalado en París y convertido en uno de los pianistas más admirados de la alta sociedad, compuso los tres valses que conforman el Opus 34. Estas piezas no fueron concebidas para el baile, sino para el salón: música refinada, íntima y cargada de matices psicológicos. Su estreno no fue un evento público masivo, sino que se dio en los círculos aristocráticos y artísticos donde Chopin se movía con naturalidad, interpretados por él mismo en reuniones privadas, probablemente en los salones de la condesa Marie de Castellane o de la Baronne d’Este, a quienes dedicó dos de las obras.
En esos años, Chopin vivía una etapa de contrastes: por un lado, el éxito social en París, rodeado de artistas y nobles; por otro, la fragilidad de su salud y una sensibilidad cada vez más introspectiva. Su relación con George Sand comenzaría poco después (1838), y el viaje a Mallorca estaba en el horizonte. Los valses reflejan esta dualidad: la brillantez exterior y la melancolía interior.
Robert Schumann describió los valses de Chopin como “valses para el alma, más que para el cuerpo”, lo que resalta su naturaleza introspectiva y emocional.

"Valses Op. 34"
Claudio Arrau León, piano.

Pequeña guía de audición:
Vals en La bemol mayor, Op. 34 n.º 1 (“Brillante”)
Forma: Estructura ternaria con secciones contrastantes, adornada con pasajes virtuosísticos y arpegios amplios.
Carácter: Alegre, expansivo, casi teatral. La tonalidad de La bemol mayor, favorita de Chopin, refuerza la sensación de luminosidad.
Conocido por su apertura con fanfarria y una sección central soñadora en Re bemol mayor. Es uno de los valses más largos de Chopin y fue dedicado a la condesa Josefina von Thun-Hohenstein.
Simbolismo: El esplendor social, la elegancia parisina. Es un vals que parece sonreír.

Vals en La menor, Op. 34 n.º 2
Forma: Más libre, con episodios modulantes que crean sensación de improvisación.
Carácter: Nostálgico, íntimo, con acentos que rompen la regularidad del compás ternario.
Aunque fue el primero en ser compuesto de los tres, fue el segundo en ser publicado. El Instituto Fryderyk Chopin cree que esta pieza fue compuesta en 1831.
Simbolismo: La soledad y la reflexión. Aquí el vals deja de ser danza para convertirse en confesión.

Vals en Fa mayor, Op. 34 n.º 3
Forma: Vivo y juguetón, con síncopas y cambios de registro que aportan frescura.
Este valz es alegre y vivaz, y a veces se le apoda el “vals del gato” debido a las notas del pasaje inicial que podrían ilustrar las cabriolas de un gato.
Carácter: Ligero, casi humorístico, pero siempre elegante.
Simbolismo: El juego y la libertad, como una conversación chispeante en un salón iluminado.

28 nov 2025

¡Dificultad extrema!

En 1909, Serguéi Rajmáninov se encontraba en un momento crucial de su carrera. Tras el éxito del Concierto n.º 2 (1901), que lo había rescatado de una profunda depresión creativa, Rajmáninov se había consolidado como uno de los grandes compositores y pianistas de su tiempo. Sin embargo, la vida en Rusia comenzaba a volverse inestable, y las oportunidades en el extranjero eran cada vez más atractivas. Fue entonces cuando aceptó una gira por Estados Unidos, que incluía presentaciones en Nueva York y otras ciudades importantes.
Para esta gira, Rajmáninov decidió componer una obra que mostrara todo su virtuosismo y capacidad expresiva: el Concierto para piano n.º 3 en re menor, Op. 30. Lo escribió en su finca de Ivanovka, en un ambiente tranquilo, pero con la presión de tener que estrenar una obra nueva en un país donde aún no era tan conocido.
El estreno tuvo lugar el 28 de noviembre de 1909 en Nueva York, con Rajmáninov como solista y Walter Damrosch dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Nueva York. La recepción fue buena, aunque no tan entusiasta como la que había tenido el Concierto n.º 2 en Rusia. Sin embargo, pocos días después, Rajmáninov interpretó la obra bajo la batuta de Gustav Mahler, director de la Filarmónica de Nueva York. Este encuentro se convirtió en una anécdota legendaria: Mahler, conocido por su perfeccionismo, dedicó más tiempo a ensayar la orquesta que cualquier otro director, lo que impresionó profundamente a Rajmáninov. Él mismo dijo que nunca había sentido que su música sonara tan bien como en ese concierto con Mahler.
El Concierto n.º 3 es famoso por su dificultad técnica extrema. Rajmáninov, que tenía manos enormes (podía abarcar una duodécima), escribió pasajes con acordes masivos y escalas vertiginosas.
En el primer movimiento, incluyó dos versiones de la cadencia: una original y otra “ossia”, mucho más difícil. Hoy en día, la ossia se ha convertido en un símbolo de virtuosismo.
A pesar de su complejidad, Rajmáninov lo consideraba más “pianístico” que su Concierto n.º 2, porque fluía mejor bajo sus manos.

"Concierto para Piano nº 3 en Re menor, Op. 30"
Earl Wild, piano.
Royal Philharmonic Orchestra.
Jascha Horenstein, director.

1. Primer movimiento – Allegro ma non tanto
Inicio (0:00 – 1:30):
Escucha la introducción del piano solo, una melodía sencilla y casi “cantada”, que Rajmáninov describía como “similar a una canción rusa”. Es un tema que crecerá en intensidad.
Desarrollo (3:00 – 10:00):
El piano y la orquesta dialogan. Observa cómo el tema inicial se transforma en pasajes cada vez más complejos.
Cadencia (≈ 11:00):
Momento clave: el pianista puede elegir la cadencia original (más lírica) o la ossia (virtuosismo extremo). Escucha la tensión y la expansión armónica.
Reexposición y cierre (≈ 15:00 – 18:00):
El tema inicial regresa, pero con mayor fuerza y dramatismo.
2. Segundo movimiento – Intermezzo: Adagio
Inicio (0:00 – 2:00):
La orquesta introduce un ambiente melancólico. El piano entra con delicadeza, casi como improvisando.
Sección central (≈ 3:00 – 7:00):
Escucha los contrastes: momentos íntimos frente a explosiones apasionadas.
Transición al tercer movimiento (≈ 8:00 – 10:00):
El final no se detiene: el piano enlaza directamente con el inicio del Finale.
3. Tercer movimiento – Finale: Alla breve
Inicio (0:00 – 2:00):
Energía desbordante, ritmo marcado. El piano despliega escalas y acordes masivos.
Sección lírica (≈ 4:00 – 7:00):
Breve respiro con melodías amplias, pero pronto regresa la tensión.
Clímax y coda (≈ 10:00 – 12:00):
Virtuosismo total: el piano y la orquesta se lanzan a una carrera frenética hacia el final triunfal.


26 nov 2025

¡Príncipe de la Paz!

La cantata BWV 116 pertenece al segundo ciclo coral que Bach desarrolló en Leipzig durante su segundo año como Kantor. Este ciclo se caracteriza por la integración sistemática de himnos luteranos en la estructura musical y teológica de cada obra. La pieza fue concebida para el 25º domingo después de la Trinidad. Bach, dirigió el estreno de la misma el 26 de noviembre de 1724, concluyendo el año litúrgico de 1724, una fecha marcada por lecturas que evocan la paz en Cristo y la preparación para el juicio final (Colosenses 3:12–17; Mateo 24:15–28).
El texto se basa en el himno de Jakob Ebert (1601), que invoca a Cristo como “Príncipe de la Paz” en medio de la tribulación. Esta temática responde a la espiritualidad luterana del siglo XVIII, que enfatizaba la confianza en la gracia divina frente a la incertidumbre del mundo. En la Leipzig de Bach, ciudad universitaria y comercial, la música sacra era un vehículo esencial para la enseñanza doctrinal y la edificación espiritual.
La cantata consta de seis movimientos, organizados en una arquitectura simétrica que alterna coral, recitativos y arias, articulando una tensión entre la inquietud humana y la certeza de la paz en Cristo. El coral inicial, con su firmeza melódica, actúa como eje doctrinal, mientras que las arias desarrollan una dimensión afectiva y personal. Bach logra una síntesis entre contrapunto académico y retórica musical, donde cada recurso —desde la disposición de las voces hasta la elección instrumental— sirve a la expresión del texto.

"Cantata BWV 116_Du Friedefürst, Herr Jesu Christ"
The Amsterdam Baroque Orchestra & Choir.
Ton Koopman, director.

Pequeña guía musical:
1.- Coro inicial: Du Friedefürst, Herr Jesu Christ
Coral como cantus firmus en la soprano, integrado en una textura contrapuntística.
Instrumentación: cuerdas, oboes, continuo; ocasional refuerzo con trompetas según práctica local.
Función: proclamación doctrinal y apertura solemne.
2.- Recitativo (Tenor): Texto meditativo sobre la necesidad de paz interior.
3.- Aria (Alto): Carácter introspectivo, con acompañamiento que sugiere calma y reconciliación.
4.- Recitativo (Bajo): Contraste retórico, enfatizando la urgencia de conversión.
5.- Aria (Soprano): Timbre luminoso, evocando la esperanza en Cristo.
6.- Coral final: Erleucht auch uns zum Friedensschein.

24 nov 2025

¡Mundo falso!

La cantata BWV 52, "Falsche Welt, dir trau ich nicht!" (¡Mundo falso, no confío en ti!), es una obra compacta pero de gran profundidad teológica y técnica, que ilustra el dominio compositivo de Bach en su período de Leipzig. La pieza traza un viaje del caos a la paz, utilizando una rica instrumentación para una única voz solista (soprano), culminando en la afirmación de la fe inquebrantable en Dios. Estrenada el 24 de noviembre de 1726 para el vigesimotercer domingo después de la Trinidad, se sitúa firmemente en su segundo ciclo de cantatas, donde Bach continuó explorando diferentes formatos y recursos musicales para cumplir con las exigencias semanales de la iglesia luterana. Un aspecto notable y muy característico de la vida de Bach en esta época fue su pragmatismo. A menudo reutilizaba o adaptaba música instrumental profana anterior para sus propósitos sacros. La Sinfonía de apertura de la BWV 52 es un claro ejemplo de esto, siendo una adaptación del primer movimiento de su Concierto de Brandeburgo n.º 1. Esta práctica le permitía gestionar la enorme carga de trabajo que implicaba producir música nueva semanalmente.

"Cantata BWV 52_Falsche Welt, dir trau ich nicht!"
Knabenchor Hannover.
Leonhardt Consort.
Gustav Leonhardt, director.

Pequeña guía de audición:
1. Sinfonía (Apertura)
El movimiento de apertura es una potente sinfonía orquestal adaptada del Concierto de Brandeburgo n.º 1. Es instrumentalmente densa (trompas, oboes, fagot, cuerdas) y establece la tonalidad de Fa mayor. Observe el carácter vigoroso y concertante, un preludio instrumental que, en su origen, parece estilísticamente ajeno al pesimismo del texto que sigue inmediatamente.
2. Recitativo: "Falsche Welt, dir trau ich nicht!"
La soprano irrumpe con un recitativo secco, apoyado solo por el continuo. El texto establece el tono sombrío de la cantata, expresando desconfianza en la fugacidad y falsedad del mundo terrenal. Musicalmente, la voz sigue el ritmo del habla (sprechestimme), con disonancias y frases cortas que reflejan la agitación y la incertidumbre.
3. Aria: "Immerhin, immerhin, wenn ich gleich verstoßen bin"
Esta es un aria con acompañamiento de cuerdas. A pesar del sentimiento de ser "rechazado", la música no es de desesperación, sino que adopta un tono más fluido y resignado. Preste atención al contrapunto entre la línea vocal de la soprano y el acompañamiento de las cuerdas, que proporcionan un colchón armónico pero con un movimiento interno constante.
4. Recitativo: "Gott ist getreu!"
Un breve recitativo que sirve como puente, marcando un giro teológico crucial. La música pasa de la desconfianza del mundo a la fidelidad de Dios. La armonía se vuelve más estable y resolutiva.
5. Aria: "Ich halt es mit dem lieben Gott"
El movimiento central y culminante de la cantata, que reitera el mensaje de fe. Esta aria es notable por su exquisito acompañamiento concertante, no de las cuerdas, sino de tres oboes y fagot. La textura es delicada y entretejida (contrapunto de los oboes), creando una atmósfera de calma y confianza. La línea vocal es hermosa y melódica, reflejando la paz interior que emana de la fe.
6. Coral: "In dich hab ich gehoffet, Herr"
La cantata concluye con un coral sencillo y homofónico. Todo el conjunto instrumental se une al coro a cuatro voces (SATB). Es una afirmación sólida y comunitaria del himno luterano, proporcionando un cierre musical y teológico firme y tradicional a una cantata por lo demás experimental y para solista.

21 nov 2025

¡Velad, orad!

Con 38 años y recién instalado en Leipzig, Bach inaugura su primer ciclo anual de cantatas. La que estrena el 21 de noviembre de 1723, primer año de Bach como Kantor en Santo Tomás, la cantata BWV 70 se alza como una predicación sonora en dos planos: el del temor cósmico ante el Juicio y el de la confianza doméstica del creyente que espera. El imperativo doble que abre la obra —“¡Velad, orad!”— fija el eje espiritual y retórico del ciclo: vigilancia activa y oración perseverante. No hay dramatismo gratuito; hay catequesis y consuelo convertidos en arquitectura musical. La cantata está destinada al Segundo Domingo de Adviento, con el Evangelio de Lucas 21:25–36 como trasfondo: señales en el cielo, temblor de las naciones, inminencia de la venida del Hijo del Hombre. El libretto, de Salomon Franck, procede de una matriz anterior (Weimar, 1716) que Bach amplía y reorquesta en Leipzig, práctica de parodia entendida no como reciclaje utilitario, sino como transfiguración retórica para un marco litúrgico más solemne. La semántica textual juega con una dialéctica luterana clásica: Ley (amenaza del juicio) / Evangelio (promesa de salvación). La división en dos partes (antes y después del sermón) no es meramente funcional: articula un proceso espiritual.
La cantata admite dos lecturas complementarias. Por un lado la Festiva-proclamativa (tempi vivos en el coro inicial, metales presentes, articulación incisiva) que enfatiza la llamada.
Por el otro Meditativa-retórica (tempi algo más contenidos, relieve a los recitativos, color cálido de oboes y cuerdas) que subraya el proceso espiritual.

"Cantata de Bach BWV70, Wachet! betet! betet! wachet!"
Madrigalchor der Musikhochschule Köln.
Hermann Schroeder, director.

La Cantata BWV 70, traza un arco que comienza con estupor (“el mundo tiembla”) y termina en amparo (“Dios promete”). La obra enseña que la vigilancia no es desvelo ansioso, sino claridad de esperanza. Y que la oración no es fuga del mundo, sino músculo moral para habitarlo.

19 nov 2025

¡Fugacidad!

El 19 de noviembre de 1724, en la Nikolaikirche y la Thomaskirche de Leipzig, resonaron por primera vez las notas de la Cantata BWV 26, “Ach wie flüchtig, ach wie nichtig” (¡Ah, cuán fugaz y cuán efímera!). Fué escrita para el vigésimo cuarto domingo después de la Trinidad, momento litúrgico que, como enseña el himno de Michael Franck (1652), llamaba a meditar sobre la fugacidad humana.
Desde su nombramiento en mayo de 1723 como Thomaskantor, Bach asumió el reto de crear una nueva obra semanal para las iglesias de Leipzig. Su primer ciclo en 1723-1724 mezclaba obras anteriores y algunas nuevas. A partir del Primer Domingo tras la Trinidad de 1724, inició el segundo: el célebre ciclo de cantatas corales, cada una construida en torno a un himno luterano.
Este segundo ciclo, además de ambicioso, alcanzó su cima artística y espiritual entre 1724 y 1725, con obras que profundizan en la vanidad de lo terrenal frente a lo eterno.
La partitura de la cantata BWV 26, como el diario de un tiempo en que Hombre y Eternidad colisionaban bajo la liturgia luterana, es también una pincelada en la cronología vital de Bach.
La cantata contiene una belleza austera, pétrea como el mármol de sus iglesias. En ella, Bach ofrece un espejo: la vida es un eco, tan fugaz como lo expresa con su contrapunto, tan real como lo afirma en su fe.

"Cantata BWV 26, Ach wie flüchtig, ach wie nichtig"
Concentus Musicus Wien.
Nikolaus Harnoncourt, director.

"Cantata BWV 26, Ach wie flüchtig, ach wie nichtig"
Münchener Bach-Chor.
Münchener Bach-Orchester.
Karl Richter, director.


Pequeña guía:

Coro inicial: “Ach wie flüchtig, ach wie nichtig”
Gran apertura orquestal con figuras rápidas que simbolizan lo efímero.
Escucha cómo las líneas melódicas se desvanecen, reforzando la idea de fugacidad.

Aria (Tenor): “So schnell ein rauschend Wasser fleußt”
Imagen del agua que fluye velozmente.
Fíjate en el acompañamiento ondulante que imita el movimiento del agua.

Recitativo (Bajo): Reflexión sobre la brevedad de la vida.

Aria (Soprano): “An irdische Schätze das Herze zu hängen”
Advertencia contra el apego a lo terrenal.
Escucha el contraste entre la voz ligera y el acompañamiento más estable.

Recitativo (Tenor): Breve comentario moral.

Coral final: Cierre sobrio y meditativo, típico del ciclo coral.

17 nov 2025

El siervo despiadado

En el otoño de 1726, Leipzig respira el rigor de la Reforma y la solemnidad del calendario litúrgico. Johann Sebastian Bach, Kantor de Santo Tomás, se enfrenta a la paradoja de su tiempo: una ciudad que exige música para la gloria de Dios, pero le niega los medios para alcanzarla. Entre tensiones con el concejo municipal y la rutina de la enseñanza, surge una obra singular: la cantata BWV 55, la única que confía su voz entera a un tenor solitario. Bach, con 41 años, casado con Anna Magdalena desde 1721 y con varios hijos, aunque su posición en Leipzig era estable, mantenía tensiones con el concejo municipal. El concejo esperaba un Kantor que se centrara en la enseñanza y mantuviera la música en un nivel “aceptable”, no necesariamente excepcional. Bach, en cambio, aspiraba a un alto nivel artístico, lo que implicaba más recursos y mejores músicos.
La cantata compuesta por Bach en 1726 para el 22.º Domingo después de Trin­idad, se estrenó el 17 de noviembre del mismo año en Leipzig. Con libreto de Christoph Birkmann (movs. 1-4) y un verso de Johann Rist (Mvt 5), está inspirado en la parábola del siervo despiadado (Mateo 18:23–35) y tiene referencias a Filipenses 1:3–11.
La obra, se abre con una confesión desnuda: “Yo, pobre hombre, siervo del pecado”. No hay coro que amortigüe la culpa; el solista se expone como el alma que tiembla ante la justicia divina. Bach traduce esta angustia en música: la ausencia de la viola deja un vacío sonoro, mientras el flauto traverso y el oboe d’amore dibujan líneas quebradas, como suspiros que se disipan en el aire.
Tras el recitativo severo, la segunda aria implora: “Erbarme dich”. Aquí, la flauta no acompaña: dialoga, consuela, se convierte en voz paralela que sugiere la posibilidad del perdón. Es un anticipo del pathos que, meses después, resonará en la Pasión según San Mateo.
El coral final, sencillo y firme, restituye la paz: “Aunque me haya apartado de Ti, no me dejes”. La armonía congrega lo que antes era soledad; la comunidad abraza al penitente. Es la síntesis teológica del ciclo: la culpa no es el último acorde, sino la gracia.
Así, en medio de disputas administrativas y limitaciones materiales, Bach escribe no solo música, sino teología sonora.

"Cantata BWV 55_Ich armer Mensch, ich Sündenknecht"
Knabenchor Hannover.
Leonhardt Consort.
Gustav Leonhardt, director.

16 nov 2025

Germen del Romanticismo

En 1792, Beethoven se había mudado a Viena para estudiar con Haydn, buscando consolidarse como pianista y compositor. La Revolución Francesa (1789), había transformado la vida política y cultural de Europa. Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad estaban en el aire, pero también el miedo a la inestabilidad. Cuando Beethoven llega a la ciudad, ésta se ha convertido en un refugio para la aristocracia que huye de Francia. El sistema de mecenazgo sigue siendo vital y es por eso que dedica los tríos que nos ocupan al príncipe Lichnowsky, buscando apoyo económico y prestigio.
Aunque Beethoven simpatizaba con ideales ilustrados y más tarde con Napoleón (al menos al principio), en esta etapa debía adaptarse al gusto aristocrático, pero ya da muestras de independencia artística. En 1795, Ludwig van Beethoven se presentaba ante la aristocracia musical con tres tríos para piano, violín y violonchelo que no eran simples piezas de salón, eran manifiestos. Publicados como Opus 1, estos tríos marcaron el inicio oficial de su carrera y revelaron un espíritu que no se conformaba con las reglas. Ludwig van Beethoven, con apenas veinticinco años, con estos tríos, marca un punto de inflexión en la música de cámara de finales del siglo XVIII. Hasta entonces, el piano dominaba y los otros instrumentos eran meros acompañantes. Beethoven, en estos tríos, da igual protagonismo al violín y al violonchelo, creando diálogos reales entre los tres. Además, introduce fortísimos súbitos, silencios dramáticos y cambios bruscos de carácter, anticipando el estilo heroico y la tensión emocional que va a caracterizar su obra posterior.
De los tres tríos de su Op. 1, el trío en Do menor es especialmente notable porque introduce un tono trágico y una tensión que era inusual en la música de cámara de entonces. Fueron un éxito en Viena y consolidaron la reputación de Beethoven como compositor.
Haydn, presente en el estreno, al escucharlos, elogió la obra pero advirtió a Beethoven sobre el trío en Do menor, pensando que era demasiado atrevido para el público.
“No publique el tercero; es demasiado atrevido para el gusto del público.”
Ante esta recomendación de Haydn, Beethoven, orgulloso, hace caso omiso y procede a su publicación. Más tarde confesaría a su amigo Ferdinand Ries que se sintió herido: “Haydn me aconsejó no imprimir el último trío. Creí que lo hacía por celos.”
Técnicamente, Beethoven introduce innovaciones decisivas: independencia instrumental, desarrollos temáticos más amplios, contrastes dinámicos extremos, texturas casi sinfónicas y ritmos que rompen la regularidad clásica. Cada movimiento es un laboratorio donde el joven maestro experimenta con la forma y la expresión.
El resultado, serían tres obras que transformaron el trío para piano en un género serio, y que anunciaron al Beethoven del futuro, el de la Patética, el de la Quinta Sinfonía... En esos compases, late el germen del Romanticismo.

"Trío para piano Op. 1 n.º 1 en mi bemol mayor"
Jacob Lateiner, piano.
Jascha Heifetz, violín.
Gregor Piatigorsky, violonchelo.

Pequeña guía de audición:
Carácter: Brillante, elegante, muy clásico.
I. Allegro: Escucha cómo el piano inicia con energía y cómo el violín y el violonchelo responden con independencia. Fíjate en los contrastes dinámicos.
II. Adagio cantabile: Melodía serena, casi vocal. Observa el diálogo entre violín y piano.
III. Scherzo: Primer uso del scherzo en un trío: ritmo juguetón, desplazamientos acentuales.
IV. Finale (Presto): Ligero y virtuoso, con cambios súbitos de carácter.

"Trío para piano Op. 1 n.º 2 en sol mayor"
Eugene George Istomin, piano.
Isaac Stern, violín.
Leonard Rose, violonchelo.

Pequeña guía de audición:
Carácter: Ligero, humorístico, lleno de sorpresas.
I. Allegro: Atención a los giros inesperados y las modulaciones que rompen la previsibilidad.
II. Largo con espressione: Más íntimo y expresivo, con un tono casi operístico.
III. Scherzo: Alegre y chispeante, con humor en los acentos.
IV. Presto: Final lleno de energía, con contrastes entre delicadeza y fuerza.

"Trío para piano Op. 1 n.º 3 en do menor"
Eugene George Istomin, piano.
Isaac Stern, violín.
Leonard Rose, violonchelo.

Pequeña guía de audición:
Carácter: Dramático, intenso, precursor del Romanticismo.
I. Allegro con brio: Desde el inicio, tensión y dramatismo. Escucha los silencios y los fortísimos súbitos.
II. Andante cantabile: Contraste lírico, pero con sombras que mantienen la tensión.
III. Menuetto (quasi scherzo): Más serio que los anteriores, con carácter sombrío.
IV. Finale (Prestissimo): Vertiginoso, lleno de energía y dramatismo, casi sin respiro.