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6 abr 2018

Los Póstumos

Habrá que esperar hasta 1855, muerto ya Chopin, para ver publicado su nocturno Op. 72/1. Escrito en 1827, es pues anterior a los primeros nocturnos de la Op. 9. 
Compuesto en la tonalidad de Mi menor, su acompañamiento en tresillos de corchea, lo acerca al modelo de John Field, aunque ya demuestra nuestro amado compositor mucha personalidad y ese discreto encanto de intimidad melancólica que tantas veces exploraría luego.
Bajo el mismo número de Opus, se publicaron la Marcha fúnebre en Do menor Op. 72/2 y las Tres Escocesas Op. 72/3.

Nocturnos Op. 72_Do sostenido menor_Do menor
 Arthur Rubinstein y Vladímir Áshkenazy, piano.

Además de los 18 nocturnos con número de opus, Chopin escribió otros dos más que permanecieron inéditos. Compuesto en 1830 y publicado en 1875, el nocturno en Do sostenido menor es el segundo de los nocturnos en orden cronológico, solo precedido por el Op. 71/1 y ya atesora muchos de los encantos que poseerán los siguientes. El "tempo" indicado al principio: "lento con gran espressione" y su carácter de gran emotividad, lo han hecho bastante conocido. A la hora de su interpretación, es necesario un buen uso del pedal, así como también una buen técnica de “rubato”. 
El Nocturno en Do menor data de 1837, siendo pues contemporáneo de los de la Op. 32, no siendo publicado hasta un siglo después, en 1938. Su tempo es “andante sostenuto”. Transcurre la mayor parte de él en forma “piano”, si bien crece algo en la sección central, retorna nuevamente, a la tranquilidad del "piano".

23 mar 2018

Doloridas Bellezas

"Todas las colinas son boscosas, lo que da a nuestros puntos de vista lejanos un bello color azul que se torna violeta y casi negro en los días de tormenta". 
Así se expresa George Sand al referirse a los alrededores de su residencia de verano y que bautizó con el nombre del "Valle Negro”. 
Hace mucha calor en Nohant. Las tormentas se suceden en este largo y último verano de 1846. Fecha en la que, además de marcar la última estancia de Chopin en Nohant, compone los Nocturnos Op. 62 y concluye la Sonata para violonchelo, a la vez que da los últimos toques a las Mazurcas de su Opus 63.


Nocturnos Op. 62
Vladímir Áshkenazi, piano.

Desde finales de 1845 y durante este año de 1846, la situación afectiva del compositor comienza a tensarse. Los hijos de Sand ya no son niños, son jóvenes que viven situaciones complicadas tanto de índole afectiva, preferencias de Sand hacia Maurice y los consiguientes celos de Solange, como de índole sentimental, cada uno en su búsqueda de pareja. Chopin en medio de este hervidero de pasiones vive la incómoda situación de no ser el padre ni de haber formado una pareja legal con Sand.
Los Nocturnos Op. 62, publicados por Brandus en París, están dedicados a una de sus alumnas, la Srta. Kónneritz. Lentos, melancólicos y anhelantes, contemporáneos a los difíciles momentos que preceden a la ruptura con George Sand, el primero de la serie, escrito en la tonalidad de si mayor, es un laberinto de detalles de escritura, de rasgueos pianísticos y sobre todo de trinos en la tercera parte, que hacen sumamente difícil su ejecución.


Nocturnos Op. 62
Arthur Rubinstein, piano.

El segundo, en mi mayor, comienza con más énfasis que sentimiento; convirtiéndose en su episodio central, en una oleada de pasión que lo barre todo. 
Chopin intenta una vuelta a los valores contrapuntísticos en la primera parte del primer nocturno, lo que también sucede en la parte final del segundo. Quizá sean poco efectistas, pero esconden en su interior auténticas y doloridas bellezas.

6 mar 2018

Los Nocturnos de Nohant

Verano de 1843. Chopin y Georg Sand se encuentran descansando en Nohant. La mansión había pertenecido a la abuela de George, madame Dupin de Francueil, hija natural del mariscal Mauricio de Sajonia, insigne militar del reinado de Luis XV. Es una típica casa de campo francesa del siglo XVIII, sólida, sencilla y elegante, con su jardín, su huerto, su granja, su monte de frutales, de todos los cuales se ocupaba y sacaba partido la hacendosa dueña de casa, a quien sus vecinos más modestos apodaban "la buena dama de Nohant", por su afán caritativo y el vigor con que los defendía en sus pleitos. Es aquí donde Frédéric concluye los Nocturnos Op. 55 junto a las Mazurcas Op. 56 y comienza la composición de la Sonata en si menor, Op. 58.
Publicados en 1844, con dedicatoria a su alumna y amiga Jane Stirling, El primero de los nocturnos, escrito en fa menor, comienza con una melodía de encanto popular, que se encrespa en una gran cadencia de extremado virtuosismo. 

Nocturnos Op. 55
Vladímir ÁshKenazi, piano.

El segundo de la serie, en mi bemol mayor, explora una sola idea musical, progresivamente enriquecida. Difiere de los demás nocturnos en que carece de sección central, destacando la sutil polirritmia del episodio final, que exige gran independencia en ambas manos.

Nocturnos Op. 55
Arthur Rubinstein, piano.

28 feb 2018

Perdón y Clemencia

Los dos nocturnos del Op. 48 fueron escritos por Chopin en 1841. También coincide esta fecha con la de su publicación. Ambos estan dedicados a Laure Duperré, hija del almirante Victor-Guy Duperré y una de sus alumnas preferidas. El primero de ellos, compuesto en la tonalidad de do menor, es una obra grandiosa, erigiéndose de entre todos los nocturnos en uno de los más amplios y dramáticos. Según Kleczynski, Chopin se propuso representar la contrición del pecador, describiendo en la primera parte las acusaciones de la conciencia y escuchándose, en la parte más lenta, el sonido de las arpas angélicas que pulsan un himno de esperanza, para pasar a una última lucha entre la vida y la muerte, y, en fin, en el dibujo ascendente del antepenúltimo compás representar el tránsito del alma a la morada eterna.

Nocturnos Op. 48
Vladímir Áshkenazi, piano.

El segundo de los nocturnos de esta serie está escrito en la tonalidad de fa sostenido menor, siendo cálido y voluptuoso, relacionado quizá con la travesía marítima entre Mallorca y Marsella, que la Sand y Chopin acababan de realizar. Su parte más interesante es el “molto piu lento”, de holgada a la par que sobria declamación. Debe ejecutarse a modo de recitado. “Un tirano ordena, tal es la explicación gráfica que hiciera Chopin a Gutmann, y el otro pide clemencia”.

Nocturnos Op. 48
Arthur Rubinstein, piano.

21 feb 2018

Los Suspiros

Compuestos, el primero en 1838, y el segundo en 1839, los dos Nocturnos del Op. 37 fueron publicados al año siguiente en Leipzig, París y Londres.
Robert Schumann los ensalzó al contemplar su carácter más grave y reflexivo y la ausencia de los adornos habituales.
El primero de ellos, en sol menor, es sobrio en su escritura y poseedor de una melodía elegante y sentida, debido al contraste entre el canto nostágico y el coral, escrito en cuatro partes y de tonalidad mi bemol, poseedor de un carácter religioso y sereno.

Nocturnos Op. 37
Vladímir AshKenazi, piano.

El segundo nocturno, escrito en la tonalidad de sol mayor, es cautivador. Esas ondulaciones de la barcarola y el encanto, casi mágico, de la doble melodía en terceras, cuartas y sextas y, cómo no, la seductora y purísima inspiración del segundo tema, de una belleza arrebatadora.
Los ingleses bautizaron a estos nocturnos con el título de “Los suspiros”. ¿Alguien puede no exhalar siquiera uno de ellos al escuchar tales delicias?

Nocturnos Op. 37
Arthur Rubinstein, piano.

12 ene 2018

Lamento y Consolación

Jan Kleczyński
“Los nocturnos en los cuales ha puesto Chopin lo más claro de su genio, subsisten hasta el día de hoy como modelos de elegancia y de tristeza novelesca sin afectación. Son, por añadidura, páginas elocuentes de su vida; son verdaderos poemas de la noche, ora tranquilos cual la plateada luz de la luna, ora obscurecidos por las nubes que cubren el horizonte y el corazón del poeta, ora interrumpidos por algún drama sangriento, por el eco de alguna terrible balada”
Sirvan estas palabras de Jan Kleczyński, como introducción a los Nocturnos que hoy os traigo.
Compuestos entre 1836 y 1837, los dos nocturnos Op. 32 fueron publicados en Leipzig en 1837. La edición de Londres los tituló “II lamento e la consolazione” y están dedicados a su alumna, la baronesa Billing.

Nocturnos Op. 32
Vladímir Áshkenazi, piano.

El primero de ellos, escrito en la tonalidad de Si mayor, posee unos refinamientos armónicos exquisitos. Una melodía de ensueño, tierna y florida que acaba en un brusco recitado que nos devuelve a las miserias terrenales. No puede ser mayor el contraste.

Nocturnos Op. 32
Arthur Rubinstein, piano.

El segundo de los nocturnos, en La bemol mayor y en forma tripartita como una romanza, cuenta con una parte central más agitada y dramática.

23 dic 2017

Los Quejumbrosos

El 26 de abril de 1835 Chopin ofrece un concierto, en el Conservatorio de París, donde interpreta el Andante Spianato y la Polonesa para piano y orquesta en mi bemol mayor Op. 22. En este, que sería su último concierto público, obtiene un gran éxito.
Ese invierno, escribe el primer borrador de su testamento. Se encuentra muy mal y está tan afligido que incluso piensa en el suicidio.
La primavera de 1836 vuelve a manifestarse su enfermedad, aunque esto no le impide solicitar la mano de Maria Wodzinska, una adolescente de la que se ha enamorado. Este romance que se mantendría en secreto, pronto acaba al declinar los padres de la joven tal compromiso ya que son sabedores de la enfermedad que aqueja a Chopin.
Un viaje posterior a Leipzig para encontrarse con Schumann y tocarle un esbozo de su Balada n.º 2 y varios de sus nocturnos y mazurcas y vuelta de nuevo a París.

Nocturnos Op. 27
Vladímir Áshkenazi, piano.

En esta situación, además de completar su Balada Op. 23, publica sus dos Nocturnos Op. 27. Están dedicados a la esposa del embajador de Austria en París, la condesa Apponyi, en cuyo salón era frecuente la presencia de Chopin. El editor inglés les dió el sobretítulo de los quejumbrosos.
El primero de ellos, escrito en la tonalidad de do sostenido menor, de forma ternaria, posée una gran fuerza interior, expresando múltiples y exaltados estados de ánimo. 
El segundo, muy ornamentado, está compuesto en la tonalidad de re bemol mayor y presenta una estructura binaria.

Nocturnos Op. 27
Arthur Rubinstein, piano.

2 nov 2017

Los Céfiros

Continúo con la entrada dedicada a los nocturnos de Chopin. Turno ahora para los tres nocturnos de su opus 15. Los dos primeros de ellos son contemporáneos de los Op. 9 y por lo tanto datan de 1830-31. El último de la serie es de 1833, año en el que se publicaron conjuntamente los tres.
Dedicados a su amigo el músico Ferdinand Hiller, el editor inglés los apodó como los céfiros.

Nocturnos Op. 15
Vladímir Áshkenazy, piano.

El primero, escrito en Fa mayor, establece un fuerte contraste entre sus partes extremas, lentas y dulces, y el episodio central que es tratado de manera muy fogosa. Su forma es ternaria simple, A-B-A, como la mayoría de los nocturnos.
Fa sostenido mayor es la tonalidad elegida para el segundo de los nocturnos de esta serie. Posee un carácter intimista y una gracilidad de bailarina...
El tercero de los nocturnos está escrito en Sol menor y compás de 3/4 . El propio Chopin anotó en el manuscrito: "Después de una representación de Hamlet". Tras una rememoración de la mazurca, desemboca en un pasaje religioso escrito como un coral a cuatro partes. Muy notables son los contrastes en la dinámica, pasando de fortissimo a pianissimo.

Nocturnos Op. 15
Arthur Rubinstein, piano.

17 oct 2017

Cantos a la Noche

Frédéric Chopin
«Tiempo lento, melodía cantàbile muy ligada y sostenida, con leves ondulaciones, modulación frecuente con suaves gradaciones de color, acompañamiento o diseño armónico en arpegios-tresillos o seisillos, episodio central más agitado que llega al "mezzoforte" o al "forte" en contraste con la sonoridad delicada de todo el resto, final evanescente, con prolongación en eco o armónico, y tendencia al arabesco ascendente que se pierde en la región celeste del instrumento”.
Así define el poeta y escritor de la Generación del 27 Gerardo Diego, de una manera más poética que musical, lo que para él es el "nocturno".
Hablar de nocturnos, con el permiso del compositor y pianista irlandés John Field, es hablar de Frédéric Chopin, el hombre que todo lo que tocaba lo convertía en poesía. Su sentido refinado de la melodía, su sofisticación armónica y lo intuitivo de sus diseños rítmicos, hacen de todo su legado pianístico y por ende de sus nocturnos, uno de los monumentos musicales más influyentes de toda la Historia Musical.

Nocturnos Op. 9
Valídimir ÁshKenazy

Abordamos hoy los tres nocturnos de su Opus 9. Fueron los primeros publicados, concretamente en Leipzig en 1832, siendo compuestos entre los dos años anteriores a dicha publicación. La destinataria de los mismos, sería María Pleyel, pianista y esposa del conocido editor Camille Pleyel.
El primero, escrito en la tonalidad de si bemol menor, aún nos recuerda al estilo del antes mencionado pianista irlandés. Eso sí, aquí Chopin ya trasciende el estilo de salón del anterior compositor.
La forma rondó y la tonalidad mi bemol mayor, es la escogida por el maestro para el segundo de los nocturnos de esta Opus. El tempo es un andante y, en su aparente facilidad, esconde una buena cantidad de sutilezas...
Si mayor, es la tonalidad elegida para el tercer nocturno de la serie. Presenta una estructura ternaria y plena de ornamentos coloristas. Estamos ante uno de los nocturnos más turbulentos y dramáticos de los que escribiera el compositor.


Nocturnos Op. 9
Arthur Rubinstein


Arthur Rubinstein
Arthur Rubinstein (28 de enero de 1887, Łódź, Polonia - 20 de diciembre de 1982, Ginebra, Suiza).


10 mar 2017

Puro Romanticismo

"Muchas veces he tenido más problemas con ellas (refiriéndose a la composición de sus pequeñas obras para piano) que con una sinfonía o un concierto. Al escribir para orquesta, la variedad de los colores instrumentales me dan muchas más ideas diferentes y efectos, pero cuando escribo una pequeña pieza para piano estoy a merced de mi idea temática que tiene que ser presentada concisa y sin digresión".
Quien así se expresa es Serguéi Rajmáninov. El músico dotado excepcionalmente para el piano. El Maestro cuyas manos eran capaces de conquistar cualquier dificultad técnica.
Rajmáninov compuso para el piano muchas más piezas que para cualquier otro instrumento. Por lo que se refiere a sus pequeñas piezas nos encontramos, entre otras, con las dos series de preludios que datan de 1903, la serie de su Op. 23; y de 1910 la de su Op. 32. Estos dos ciclos conservan el carácter virtuoso, como lo hicieran en su día los preludios de Chopin.
La primera de las dos series, completada tras la boda con su prima Natalia Aleksándrovna Sátina, consta de 10 números. En ellos predomina la forma tripartita. Los números 1, 4 , 6 y 10, tienen un marcado carácter lírico, mientras que en los números 2, 7, 8 y 9, se imponen el virtuosismo y las texturas escalísticas.

Preludios, Op. 23
Vladímir Áshkenazy, piano.

En la colección del Op. 32 nos encontramos con un estilo más dramático y enérgico. Puro Rajmáninov. Cambios, casi súbitos, de carácter dentro de una misma pieza y más colorido ruso. Los trece preludios de esta serie se abren con un enérgico Do mayor, seguido de un ritmo siciliano muy suave del segundo preludio en Si bemol menor. Los siguientes preludios, como los compuestos en las tonalidades de Mi mayor y Mi menor, también siguen esta alternación de caracteres pasionales y dramáticos, optimistas y melancólicos.

Preludios, Op. 32
Borís BerezovsKi, piano.

Disfrutemos con estas pequeñas obras apasionadas, donde la enorme brillantez de Rajmáninov se vuelca, consiguiendo atraparnos y embebernos con sus avasalladoras melodías plenas de intensidad; alternando en ellas, nostalgias, dulzuras y pasiones. En fin, romanticismo puro, virtuosismo y melodismo elevado al grado más extremo de belleza.
Hay un vídeo, dejo aquí el enlace, en el que el famoso pianista Emil Gilels interpreta el preludio en Sol menor, Op. 23, nº 5 de Rajmáninov en un frente durante la Segunda Guerra Mundial. El narrador comenta en ruso: "Gilels está tocando en el frente, para recordarnos por lo que merece la pena luchar: ¡la música inmortal!.


Borís Berezovski
Borís BerezovsKi (Moscú, 04 de enero de 1969 - ).

1 mar 2015

Los Preludios Monacales

Frédéric Chopin
Quince de diciembre de 1838. A la Real Cartuja de Valldemossa, bello monasterio ubicado en la isla de Mallorca que los monjes cartujanos han abandonado, muy a su pesar, hace tres años, llegan, huyendo del clima adverso de la capital parisina, Frédéric Chopin, George Sand y los hijos de esta, Maurice y Solange. Alquilan varias dependencias del monasterio, acomodándose en la celda número cuatro. A pesar de buscar con este traslado y contando con la suavidad del clima, una mejoría del reuma que aqueja a Maurice y tratar de aliviar la maltrecha salud de Chopin, sin embargo, este invierno está siendo especialmente de una gran crudeza en toda la isla. Chopin que se encuentra muy frágil y cada vez más enfermo, hace poco que se le ha diagnosticado la tuberculosis, prácticamente no sale de los muros cartujanos. Trabaja en unas lamentables condiciones y, sin embargo, este se convertirá en uno de los períodos más fecundos de su carrera como compositor. Aquí será donde termine los Preludios Op. 28 y culminará, también, los Nocturnos Op. 37, la Balada nº 2 Op. 38, el Scherzo nº 3 Op. 39 y las dos Polonesas Op. 40.
Los Preludios op. 28, que fueron publicados en 1839, son una de las colecciones más singulares de Chopin, siendo en ellos fácil de apreciar una clara alusión a los preludios del Clave bien temperado de Bach, obra que conocía nuestro músico polaco muy bien. Pero, al mismo tiempo, también puede vislumbrarse en ellos, una propuesta radicalmente nueva, en la que el preludio pierde su asociación con cualquier género, como la fuga, para adquirir una independencia como breve pieza, con su propia sustancia y significado. El planteamiento tonal de la colección chopiniana es diferente del de su predecesor alemán. Bach, ordena sus preludios y fugas por orden cromático ascendente desde Do hasta Si, alternando además cada tónica en modo mayor y menor. Chopin sigue el círculo de quintas desde Do mayor, pasando después a su relativo La menor; a continuación añade un sostenido y se sitúa en Sol mayor y en su relativo Mi menor, y así sucesivamente hasta recorrer el círculo completo en el sentido de las agujas del reloj, estando por tanto los dos últimos preludios en Fa mayor y Re menor. Se trata de la primera colección de preludios que se presenta como un ciclo de piezas con contenido autónomo, donde cada una de ellas puede subsistir aislada, contribuyendo, junto con Schumann, Mendelssohn, Liszt o Brahms, a la consolidación de un género fundamental en los siglos XIX y XX, el de la pieza corta. 

Preludios Op. 28
Vladimir Ashkenazy, piano

En la isla de Mallorca, nacieron preludios como el nº 2 y el nº 4 por los autógrafos datados allí, además de otros como el nº 10 y el nº 21. El planteamiento tonal y afectivo de los preludios produce fuertes contrastes entre los preludios impares y los pares a lo largo de todo el ciclo, y es difícil encontrar una “pareja” de preludios en mayor y menor en el que esto no sea evidente.
Cientos de miles de personas peregrinan cada año a las celdas de la cartuja donde Georg Sand y Chopin vivieron su particular historia de amor durante cincuenta y seis días. Ahora, nosotros, dejándonos llevar por la imaginación, trasladémonos a esa celda número cuatro. Cerremos los ojos y escuchemos el goteo incesante de la lluvia en sus tejados. ¿No lo oís?, Chopin está tocando su Preludio número 15 en Re bemol mayor...

Vladímir Áshkenazi
Vladímir Áshkenazi (Gorki, 06 de julio de 1937).