3 feb. 2015

Un Genio llamado Mendelssohn

Felix Mendelssohn
"Esta pieza debe tocarse en un estilo sinfónico. Los pianos y los fortes se respetarán rigurosamente y serán más enfatizados que de ordinario en piezas de este carácter”.
Así se expresaba Felix Mendelssohn al referirse a su Octeto para cuerdas, una de sus obras camerísticas más apreciadas, considerada superior a sus cuartetos o a sus sonatas a dúo. 
Esta obra maestra, considerada un hito en la música de cámara de la primera mitad del siglo XIX, fue escrita en 1825, cuando nuestro compositor sólo tenía 16 años y después de su viaje a París, en el gran parque de la residencia de los Mendelssohn, donde también fue concebida su obertura para el "Sueño de una noche de verano". 
El Octeto constituyó un regalo de cumpleaños que Felix ofreció a su amigo Eduard Rietz. Lo escribió para doble cuarteto de cuerdas, esto es, 4 violines, 2 violas y 2 violonchelos. Si bien otros compositores, como su contemporáneo Spohr, utilizan este tipo de formación como dos grupos iguales que dialogan, en el caso de Mendelssohn, encontramos ocho instrumentos independientes, entre los que se reparten los temas de manera variada.

     Octeto en Mi bemol mayor, Op. 20
1. Allegro Moderato Ma Con Fuoco 14:24
2. Andante - Allegretto Tranquillo - Andante 07:21
3. Scherzo: Allegro Leggierissimo 04:43
4. Presto 06:32
      
El tema ascendente con el que se inicia el primer movimiento, escrito en forma sonata, establece la energía que va a conducir toda la obra. En el Andante, de tonalidades predominantemente claras, se perciben algunos momentos teñidos con colores más intensos. El Scherzo nos adelanta la presencia de las hadas y duendes traviesos que aparecerán, posteriormente, en su Sueño de una noche de verano, mientras que el final, Presto, con sus secciones alternadas de escritura contrapuntística y homofonía ilustra la forma en que el arte de Mendelssohn, quien más adelante sería el principal promotor del redescubrimiento de Bach, pudo empaparse con el de su ilustre predecesor.
Hans von Bülow afirmó que Mendelssohn comenzó su carrera siendo genio. Completamente de acuerdo con esta afirmación, sólo nos queda disfrutar de esta obra llena de ardor juvenil, espontaneidad, belleza y mesura, dejándonos llevar por sus hermosas melodías y admirando la originalidad de su instrumentación.