23 abr. 2015

Las Melodías de Prokófiev

Serguéi Prokófiev
«Tenía ante sí el atril del piano y un cuaderno de papel pautado. Sostenía el lápiz en la mano y miraba a lo lejos, como si escuchara sonidos sólo audibles para él. Luego, girando de pronto la cabeza, levantaba el lápiz y lo hacía volar sobre el papel, llenándolo de notas. Continuaba así durante un cuarto de hora -y a veces media hora o más-, hasta que volvía a su posición anterior de concentración inmutable.» 
Así nos describe a Serguéi Prokófiev el pintor Igor Gabar, con motivo del cuadro que le hiciera en 1934.
De 1925 data la obra que nos ocupa. Se trata de sus "Cinco melodías para violín y piano". Parten de una revisión de las Cinco canciones sin palabras que compusiera entre 1920-21 en California, durante la gira americana que emprendiera a raíz de la suspensión de su ópera "El amor de las tres naranjas". Prokófiev, encantado con el paisaje y el mar californianos, en esos momentos de paz espiritual, escribe estas canciones, en las que, mostrando al Prokófiev más lírico, le da una mayor importancia a la melodía.
Utiliza la voz como un puro instrumento y le pone un acompañamiento pianístico totalmente al servicio de esa línea melódica. Es su estilo más suave y fluido. Son unas canciones tan «instrumentales» que le resultó muy fácil, en 1925, hacer la trascripción para violín y piano, resultando ser la versión más conocida y la que pasamos a continuación a escuchar.


Cinco Melodías para Violín y Piano, Op. 35b
David Oistrakh, violín.
Vladimir Yampolski, piano.

Prokofiev, además de un compositor admirable, fue un excelente pianista. Su música es fiel testigo del tiempo en el que vivió y la audición de la misma, nos dará alguna de las claves para comprenderlo mejor. Podremos, además, experimentar el placer de escuchar obras tan inteligentemente planeadas como bien resueltas y acabaremos disfrutando de ese, su gusto por las disonancias y de esa, su predilección por los ritmos rápidos y sincopados.

18 abr. 2015

Fuentes con Carácter

Ottorino Respighi
“Evocar las cuatro célebres fuentes de Roma a horas en que el carácter de cada una de ellas se armoniza mejor con el paisaje que la rodea, o en la que su belleza se impone más al espectador".
Estas son las sensaciones que nos quiso transmitir Ottorino Respighi al componer su poema sinfónico "Las Fuentes de Roma". Obra de 1916, su primer y mayor hito, se estrenó en la capital italiana el 11 de marzo de 1917 y en ella, recrea cuatro fuentes: La Fuente del Valle Giulia al amanecer, La Fuente Tritón por la mañana, La Fontana di Trevi al mediodía y La Fontana de la Villa Medicis al atardecer.
Llegamos a La Fuente del Valle Giulia, un rebaño de ganado que pasa a través de la niebla fresca y húmeda de un primaveral amanecer romano, se nos acerca. Los violines, recrean la niebla con sonidos ondulantes y el clarinete, el oboe, los cascabeles y una ligera percusión nos describen el paso de la manada, mientras, el piccolo, recrea la llamada de los pastores. Todo  ello, bajo una atmósfera matinal de carácter pastoral. Poco a poco los rayos del sol se filtran a través de la niebla y suenan las campanas de una iglesia próxima. 


Las Fuentes de Roma
La Fuente del Valle Giulia al amanecer. La Fuente Tritón por la mañana.
La Fontana de la Villa Medicis al atardecer.
La Fontana de la Villa Medicis al atardecer.
Philadelphia Orchestra. Eugene Ormandy, director.

Al visitar la segunda fuente, la fuente de Tritón, nos reciben con una potente fanfarria de  trompas que sobre los trinos de la orquesta, sirven de llamada a Tritón y sus hermanos para iniciar una frenética danza con las náyades, a las que persiguen entre las espumas del agua.
En la Fontana di Trevi, un tema solemne y triunfal en las maderas y el metal que da paso a las trompetas, trompas y trombones, nos anuncia la llegada del dios del mar Neptuno. Iluminado por el sol, el dios, se presenta vencedor, subido a su carro arrastrado por los caballos de mar y acompañado por sirenas y tritones que navegan sobre la radiante superficie del agua de la fuente, iluminada por la luz del mediodía romano.
Finaliza la obra con la recreación de la cuarta de las fuentes, la Fontana de la Villa Medicis al atardecer. Trompetas lejanas nos introducen en una atmósfera nostálgica y ensoñadora. Una maravillosa instrumentación orquestal nos transporta a la hora crepuscular donde escuchamos las campanas de las iglesias, los pájaros y sus cantos para que, poco a poco, todo se vaya diluyendo en la noche y el silencio.
Disfrutemos con estas "poesías musicales", recreadas por un compositor, Ottorino Respighi, hombre que fue de considerable cultura y siempre dispuesto a plasmar en música todas sus impresiones visuales.

Eugene Ormandy
Eugene Ormandy (Budapest, 18 de noviembre de 1899 - Filadelfia, 12 de marzo de 1985)


11 abr. 2015

Nacidas en la Pampa

Alberto Ginastera
... Y del maravilloso equilibrio entre las corrientes cultas y populares de su tierra, Argentina, surge la figura de Alberto Ginastera y sus Danzas Argentinas. Pertenecientes al primer período creativo de Ginastera, bautizado por él mismo como "Nacionalismo Objetivo", estas danzas, donde utiliza el folclore argentino mezclándolo con elementos populares, datan de 1937. Inmersas dentro de la tradición de la música tonal, propiciaron la identificación de la música de Ginastera en todo el mundo como la "música de las pampas", la música gauchesca. Cada una de las tres danzas que conforman la composición, llevan un título de gran poder evocador: I. Danza del viejo boyero, II. Danza de la moza donosa y III. Danza del gaucho matrero y, se podría decir que conforman, en cuanto a la construcción, una forma de sonata clásica: rápido-lento-rápida (animato e allegro-dolcemente expresivo-furiosamente ritmico e energico).
La primera de las danzas, "La Danza del viejo boyero", claramente basada en el malambo, se trata de un rondo donde, casi al final de la misma, podemos escuchar por primera vez en la música de Ginastera, el "acorde simbólico" de la guitarra.

Danzas Argentinas Op. 2
1.- Danza del viejo boyero. 2.- Danza de la moza donosa.
3.- Danza del gaucho matrero. 
Horacio Lavandera, piano

"La Danza de la moza donosa", netamente melódica, está marcada en su comienzo como dolcemente espressivo y en tempo rubato, evocando los típicos acompañamientos arpegiados de las canciones pampeanas.
El tema de la tercera de las danzas, "La Danza del gaucho matrero", aparece en numerosas obras de Ginastera, Furiosa y enérgica, son las características más sobresalientes de esta composición basada en la vida del vaquero o gaucho en las extensas pampas argentinas.
Con el tiempo, Ginastera sería nombrado director del Conservatorio de La Plata. Fue también fundador del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales, así como de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad Católica de Argentina. Dejémonos envolver por estos sonidos mágicos y misteriosos donde la argentinidad de Ginastera, se expresa como si de su propia transpiración se tratara.

1 abr. 2015

Momentos de Acero y Oro

Serguéi Rajmáninov
«Me apresuro para obtener el dinero que necesito para una fecha en concreto… Esta presión financiera perpetua es, por un lado, bastante beneficiosa… para el día 20 de este mes tengo que haber acabado seis piezas para piano»
Así se expresaba Serguéi Rajmáninov en una carta dirigida el 7 de diciembre de 1896 al compositor ruso Aleksandr Zatayevich. El germen, por tanto, de sus “Seis Momentos Musicales”, dedicados al mismo destinatario de la carta, está en los apuros económicos que Rajmáninov atravesaba en esos momentos, situación que se vio agravada por un robo sufrido durante un viaje en tren que hizo en esas fechas. 
Son en estos momentos musicales, donde el estilo pianístico de Rajmáninov comienza a mostrar un marcado desarrollo, tanto en la técnica como en la expresividad, en relación a muchas de sus composiciones primeras. Se podría decir que, estas muestras claras y evidentes de su temprano virtuosismo, sirven de preparación para obras más maduras que habrían de venir posteriormente. Las piezas, consideradas individualmente, han sido descritas como verdaderas piezas de concierto, a pesar de ser compuestas como parte de una serie, abarcando una amplia variedad de temas desde la sombría marcha fúnebre, presente en el número tres, al majestuoso canon del número seis y constituyen toda una revolución en el género que iniciara Franz Schubert, a raíz de las seis piezas para piano compuestas bajo ese nombre.
El Andantino con el que da comienzo la serie empieza con una larga y reflexiva melodía que se desarrolla hasta alcanzar un rápido clímax.
La segunda pieza, el Allegretto, es la primera de las pocas de la serie que revelan su maestría en la técnica pianística, entendida esta como virtuosismo.
El Andante Cantabile del tercer momento, es un contraste entre las dos piezas que la rodean, explícitamente denominadas marcha fúnebre y lamento.

Seis Momentos Musicales, Op.16
Ivo Pogorelich, piano.

El Presto del cuarto, obtiene su inspiración de varias fuentes, entre las que se encuentran los Preludios de Frédéric Chopin, sintetizadas en una explosión de intensidad melódica.
La quinta pieza de la serie, denominada Adagio sostenuto, es un respiro en forma de barcarola.
La última pieza, con ese movimiento Maestoso, concluye la serie con una gruesa textura en tres partes. 
¿Acaso toda la música no es sino un maravilloso momento musical? Desconocemos si las consecuencias financieras de estos momentos únicos y sublimes, le permitieron a Rajmáninov recuperar el dinero robado; la reacción emocional que produjeron, sería pronto olvidada durante los siguientes años por el catastrófico estreno en 1897 de su trabajo de dos años enteros: la Sinfonía n.º 1. 
En las últimas horas de su vida, Rajmáninov insistía en que oía música procedente de algún lugar cercano. Después de que le reiteraran que no sonaba música por los alrededores, respondió: “Entonces, suena en mi cabeza.” 
He aquí el hombre, forjado en acero y oro. Acero en sus brazos y oro en su corazón. De él diría Josef Hofman, compositor polaco y virtuoso pianista, considerado uno de los mejores de todos los tiempos: "No puedo pensar nunca en esta existencia majestuosa sin lágrimas en mis ojos, pues no sólo lo admiro como artista supremo, sino como ser humano"