1 abr. 2015

Momentos de Acero y Oro

Serguéi Rajmáninov
«Me apresuro para obtener el dinero que necesito para una fecha en concreto… Esta presión financiera perpetua es, por un lado, bastante beneficiosa… para el día 20 de este mes tengo que haber acabado seis piezas para piano»
Así se expresaba Serguéi Rajmáninov en una carta dirigida el 7 de diciembre de 1896 al compositor ruso Aleksandr Zatayevich. El germen, por tanto, de sus “Seis Momentos Musicales”, dedicados al mismo destinatario de la carta, está en los apuros económicos que Rajmáninov atravesaba en esos momentos, situación que se vio agravada por un robo sufrido durante un viaje en tren que hizo en esas fechas. 
Son en estos momentos musicales, donde el estilo pianístico de Rajmáninov comienza a mostrar un marcado desarrollo, tanto en la técnica como en la expresividad, en relación a muchas de sus composiciones primeras. Se podría decir que, estas muestras claras y evidentes de su temprano virtuosismo, sirven de preparación para obras más maduras que habrían de venir posteriormente. Las piezas, consideradas individualmente, han sido descritas como verdaderas piezas de concierto, a pesar de ser compuestas como parte de una serie, abarcando una amplia variedad de temas desde la sombría marcha fúnebre, presente en el número tres, al majestuoso canon del número seis y constituyen toda una revolución en el género que iniciara Franz Schubert, a raíz de las seis piezas para piano compuestas bajo ese nombre.
El Andantino con el que da comienzo la serie empieza con una larga y reflexiva melodía que se desarrolla hasta alcanzar un rápido clímax.
La segunda pieza, el Allegretto, es la primera de las pocas de la serie que revelan su maestría en la técnica pianística, entendida esta como virtuosismo.
El Andante Cantabile del tercer momento, es un contraste entre las dos piezas que la rodean, explícitamente denominadas marcha fúnebre y lamento.

Seis Momentos Musicales, Op.16
Ivo Pogorelich, piano.

El Presto del cuarto, obtiene su inspiración de varias fuentes, entre las que se encuentran los Preludios de Frédéric Chopin, sintetizadas en una explosión de intensidad melódica.
La quinta pieza de la serie, denominada Adagio sostenuto, es un respiro en forma de barcarola.
La última pieza, con ese movimiento Maestoso, concluye la serie con una gruesa textura en tres partes. 
¿Acaso toda la música no es sino un maravilloso momento musical? Desconocemos si las consecuencias financieras de estos momentos únicos y sublimes, le permitieron a Rajmáninov recuperar el dinero robado; la reacción emocional que produjeron, sería pronto olvidada durante los siguientes años por el catastrófico estreno en 1897 de su trabajo de dos años enteros: la Sinfonía n.º 1. 
En las últimas horas de su vida, Rajmáninov insistía en que oía música procedente de algún lugar cercano. Después de que le reiteraran que no sonaba música por los alrededores, respondió: “Entonces, suena en mi cabeza.” 
He aquí el hombre, forjado en acero y oro. Acero en sus brazos y oro en su corazón. De él diría Josef Hofman, compositor polaco y virtuoso pianista, considerado uno de los mejores de todos los tiempos: "No puedo pensar nunca en esta existencia majestuosa sin lágrimas en mis ojos, pues no sólo lo admiro como artista supremo, sino como ser humano"